Periodismo y teatro en Guadalajara

 


Fabio Rubiano: “La justicia por mano propia sólo es venganza”

 

 
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Domiiclio: Calzada Independencia, junto a la entrada del Parque Agua Azul
 
Precios: $160 general, $130 con descuento
 
Horarios: Sábado 26 y domingo 27 de noviembre, 18:00 horas
 


En pocas palabras

El director y dramaturgo colombiano Fabio Rubiano, con ayuda de su compañía Petra y del Teatro Colón de Bogotá, trae a Guadalajara la obra Labio de liebre

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Posted Noviembre 26, 2016 by

 
Qué hay que saber
 
 

En el teatro de Fabio Rubiano hay una solicitud concreta para el espectador: póngase en los zapatos del otro. Todo el teatro es así, pero el trabajo de este dramaturgo y director colombiano lleva al público a los zapatos de aquellos que nos han lastimado, asaltado, abusado y matado. En esos zapatos hay que ponerse, no para justificar a los criminales, a los corruptos ni a los abusivos, sino simplemente para pensar de otra forma las razones de sus actos, que, en el fondo, son las razones de los problemas de nuestra vida social.

Después de haber visitado Guadalajara hace dos años, Rubiano vuelve a la ciudad con un espectáculo producido por la compañía Petra, en la que él trabaja, y el Teatro Colón, del Gobierno colombiano: Labio de liebre, una obra de teatro que pide al espectador reflexionar sobre lo que significan dos polémicas figuras alrededor de la justicia: el perdón y la venganza.

En Labio de liebre, un paramilitar que ya cumplió su condena se va a vivir a un lugar en donde puede empezar de nuevo, pero el sitio empieza a llenarse de aquella gente a la que él lastimó. Rubiano, director y autor de la pieza, subraya que no es una historia de fantasmas: es gente de verdad, terrenal y viva, enfrentada a su agresor.

Si repetimos lo mismo que hemos venido repitiendo, no entenderemos lo que vivimos, ni entenderemos cuál es el origen de la fractura social”.

“Yo creo que estamos acostumbrados a ponernos siempre del mismo lado y a rechazar al otro”, opina Rubiano respecto de Labio de liebre y otros trabajos suyos, en donde el “malo” tiene el lugar protagonista. “Eso nos hace que estemos como en una cueva de eco: siempre escuchamos lo que queremos oír”.

Lo que ocurre cuando uno se pone en los zapatos del otro, por odioso que resulte ese otro, es que obtiene “posibilidades de ver lo que hay en el otro lado y de darle garantías a los personajes, que hablen con su propia voz”.

Una obra colombiana, una obra mexicana

En Labio de liebre sólo hay ficción, pero los ecos de la obra son evidentes para casi cualquier país latinoamericano: mientras Colombia enfrentó este año un controvertido proceso de paz que implica perdón, México se llenó este año de historias de “justicieros” que matan asaltantes donde no hay autoridad que defienda a los ciudadanos.

La incredulidad de Ecuador

“En otros países el público se relacionaba mucho con la pieza, pero nos pasó algo en Ecuador. Parece que Ecuador no tiene hechos de violencia recientes en su historia, parece que el último fue en 1934, la Guerra de los Cuatro Días. Entonces el público que veía la pieza al final nos preguntaba: ¿eso es verdad? ¿Eso fue verdad? En Perú nos dicen que Labio de liebre parece una obra peruana; en México nos dicen que parece mexicana…”.

Rubiano pide, primero, evitar el pensamiento que, ante problemas como éstos, divide al mundo en buenos y malos. “En Labio de liebre todos tienen pecados en algún momento, son víctimas pero también pueden ser victimarios. Obviamente no estoy igualando, no estoy equiparando el nivel de maldad; pero también hay víctimas entre los victimarios. Lo que sí deja claro la pieza es que, pase lo que pase, usted no tiene por qué venir a matar. Muchas veces se dice: un violador: a ese tipo hay que matarlo, hay que cortarles las manos a los ladrones. Es absurdo: ¿solucionamos la violación o el robo con un asesinato? Eso nos impide entender dónde se dio la fractura de nuestra vida social: tenemos que entender qué hizo posible que haya violadores y ladrones. Uno tiene derecho a no perdonar, si no quiere, pero no a vengarse”.

¿Qué pasa si, después del perdón, hay impunidad? Rubiano admite que eso es una tradición en países latinoamericanos y subraya que en Labio de liebre hay una forma de resistencia: “Todo alude a la memoria. Se insiste mucho, se repiten los nombres, así como hacen en México con los 43 de Ayotzinapa. Hay una insistencia en que no se olvide, que haya figuras, que haya caras. En Labio de liebre la familia hace eso: repite sus nombres, no son una estadística. Es gente con nombre, con pasiones, con amores, con ropa, con zapatos, con peinados, con gallinas, con perros, con vacas… Son vidas humanas y en eso insistimos mucho: son vidas humanas complejas”.

Y peor todavía: ¿qué pasa si después del perdón no sólo hay impunidad, sino hasta recompensa, digamos, política? Rubiano enfatiza que ése es el momento en que más fuertes deberían ser los ciudadanos y su pacto por la justicia y no por la venganza. “Claro que cuando a lo asaltan y le quitan el celular en la calle no alcanza a pensar: ‘Uy, es que el ladrón lo necesita para comprarle medicinas a su abuela’. La reacción es que haya justicia, que les corten las manos; pero la justicia por mano propia es venganza. Los políticos aprovechan esos momentos de indignación para decir lo que la gente quiere oír, pero nosotros tenemos que entender que nos están obligando a pensar en ese dilema. La pregunta no es ésa, sino por qué llegamos a esto; y no fue porque no les cortaran las manos a otros 40 ladrones antes, sino por esta degradación en la que vivimos”.

La risa

“Una característica de Labio de liebre es que genera emociones, sobre todo emociones contrarias. Cada espectador es un universo y hay espectadores que logran conmoverse con el victimario pero luego dicen: cómo que me estoy conmoviendo por éste. Y entonces aparece algo que es sorprendente: la risa. Estamos hablando de cosas aterradoras y hay risa entre los espectadores; obviamente no estamos haciendo comedia, aparte de alguna broma deliberada. A la única respuesta que hemos llegado es que nuestras realidades y sus niveles de terror son tan absurdos, que si uno los ve en el escenario, en un libro, en una película, se ríe y dice: cómo es posible que hemos llegado a esto.

“Hace poco salió libre un paramilitar, cumplió su condena, alias El Alemán; se le acusaba de haber cortado cabezas y de haber jugado futbol con ellas; es un hecho comprobado que hubo un partido de futbol con la cabeza de una de las víctimas. Pero a él se lo recuerdan y él dice: momento: nosotros sí cortamos cabezas, pero no jugamos futbol con ellas porque no somos unos depravados. El nivel de degradación es tal que uno no puede sino reírse…”.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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