Periodismo y teatro en Guadalajara

 


Jesús y el medio teatral

 
 
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El Premio Jalisco al actor Jesús Hernández hace de alguna manera más visible a la comunidad escénica; ¿cómo darle al teatro local una mayor estatura frente a su sociedad? Quizá siendo como este reconocido artista: cada vez más profesionales

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Posted Junio 9, 2018 by

 
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El gran actor Jesús Hernández ganó el Premio Jalisco 2018. Hay que felicitarlo por este reconocimiento, se lo merece por su carrera de más de 40 años como actor de excelencia en los que ha compartido su arte con miles de personas. Gran ejemplo para varias generaciones de teatreros, no solo por su capacidad histriónica, sino por sus cualidades de ser humano. Digno representante de Jalisco. Por eso, además del honor que le han concedido a Jesús al otorgarle el premio, él, sin duda, honra al mismo Premio Jalisco.

Jesús Hernández tal vez sea el primer actor de teatro que recibe el Premio Jalisco, el cual se otorga desde 1950, y ha sido entregado a grandes jaliscienses como Vicente Leñero, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Agustín Yáñez, Hugo Gutiérrez Vega, Consuelo Velázquez, Dante Medina y Raúl Anguiano, entre otros.

Que se reconozca a un teatrero y, más en específico, a un actor (de la tropa), es un triunfo por sí mismo para la comunidad escénica de Jalisco y de nuestro país. El actor teatral, el despreciado cómico de la legua, históricamente tan menospreciado y en muchos casos apestado por la misma sociedad, la que hoy en día sigue viendo como herejes a los que transgreden las reglas de comportamiento social impuestas por los poderosos.

Hay que recalcarlo: este premio de alguna manera hace más visible a la comunidad escénica frente a una sociedad más bien preocupada por lo rapidín de lo digital y lo vacío del vértigo de los gadgets.

El teatro regional existe.

Más de 40 años de trabajo

El “currículo sintetizado” de Jesús Hernández es una síntesis de logros y humildad al mismo tiempo. Empieza con la explicación de que ha participado en casi cien obras de teatro, desde una versión de Consuelo Pruneda para El zoológico de cristal hasta, como sabemos, obras como Zorbas, el poder de las promesas, la más reciente por la cual estuvo en cartelera.

De tamaño legado solo se siguen confirmaciones cada vez más notorias de su trayectoria: ha trabajado lo mismo con directores como José Luis Moreno, Héctor Monteón o Willy Aldrete, hasta Beto Ruiz, Circee Rangel, Alberto Villarreal o Daniel Constantini. Tres montajes con la desaparecida Compañía Estatal de Teatro, múltiples premios de actuación y un reconocimiento a su trayectoria, en 2010, por la Secretaría de Cultura Jalisco.

Mucho teatro, pero también mucho cine y mucho radio (es locutor profesional); ha sido maestro de actuación y expresión oral y es cantante y ejecutante de diversos instrumentos.

Pero no nos quedemos en el orgullo de rancho: Jesús Hernández podría actuar en cualquier compañía del país y del mundo, porque es un gran actor. Este premio también debería permitirnos meditar sobre la trascendencia de nuestro propio oficio, en específico, aquí en Jalisco.

Si tenemos grandes artistas como Jesús, ¿por qué el medio teatral es despreciado por muchos? Público no siempre abundante, funcionarios que les pagan mucho menos (si es que pagan) a los artistas de aquí en comparación con los artistas de fuera.

La labor continua y terca de artistas poco profesionales (que también los hay desde siempre) se ha convertido en muchas ocasiones en la carta de presentación del medio. Es por eso que desde hace muchos años se ha quedado la idea de que en el teatro jalisciense todo es amateur y que, por lo tanto, lo conducente es pagar menos o retrasar los pagos. Lo de fuera es lo profesional, lo de aquí es de novatos.

En general, la autoestima de los artistas y de los funcionarios de la cultura es baja; el remedio está en ser trabajadores de excelencia como Jesús Hernández, en demostrar con buenos trabajos que los artistas de la escena jalisciense y sus producciones están a la altura de lo mejor que se hace en nuestro país.

Este cambio en nuestra propiocepción ayudaría en todos los niveles. El Centro de Artes Escénicas (CAE) de la UdeG, por ejemplo, serviría no solo para traer espectáculos de fuera (o para exhibir los montajes ya realizados), sino como una incubadora en donde se generarían grandes espectáculos originales con artistas locales, para ser exportados a todo el país y a todo el mundo. Pensar en grande representaría en un principio invertir dinero pero, con el paso del tiempo, los productos escénicos de esta incubadora redituarían en mucho más dinero.

Los apoyos de Proyecta de la Secretaría de Cultura más o menos mantienen al medio en casita, con producciones modestas para tener una o dos temporadas. Si se pensara en grande, a los mejores montajes se les podría ayudar a convertirse en productos artísticos que impactaran realmente a la sociedad jalisciense, susceptibles, además, de ser exportados, hasta alcanzar la anhelada meta de ser productos artísticos autofinanciables.

Hay maravillosas excepciones basadas en esfuerzos individuales; lo ideal sería que la maravilla fuera la regla; hay talento suficiente para que así sea.

La percepción del medio contrasta con el talento individual que hay en el medio: es tiempo de cambiar esa percepción.

Partamos de lo particular a lo general, seamos como Jesús Hernández para cambiar la percepción que se tiene del medio teatral jalisciense.

Por lo pronto, alegrémonos por Jesús Hernández, alegrémonos por nosotros.


Jorge Fábregas

 


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