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“Tal vez la tragedia como género teatral no se da en estos tiempos porque no profundizamos a conciencia en nuestra realidad ontológica; si pensamos al hombre como un ente complejo que ejerce y realiza acciones cuyas consecuencias nos han llevado al límite de una serie de acontecimientos que bien pudieran terminar con la vida en el planeta, la situación no es menos trágica…”

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Posted Septiembre 29, 2015 by

 
Lectura general
 
 

Cuando el destino nos alcanzó de nuevo sin darnos cuenta

Una imagen frente al mundo, dos imágenes… muchas imágenes, el hombre se ha vuelto un decodificador instantáneo de la realidad a través de la imagen: una mujer gritando, un niño frente a un anciano colérico, la sonrisa de un niño en medio de un desastre natural, el llanto de una madre, el odio en los ojos de un hombre, las lágrimas de un niño que toca un violín, una familia huyendo de la guerra, un ejecutado, un niño bocabajo en la playa…

Pero por más que vemos imágenes, cada vez más vivas, cada vez más cercanas, cada vez más crueles, no alcanzamos a clasificarlas, catalogarlas y archivarlas de manera adecuada. El maremágnum de información ha convertido a cada una de esas fotografías en simple información, puesto que datos que llegan a nosotros, pero que no alcanzamos a asimilar, se vuelven eso, información, y la información no es suficiente para cambiar las circunstancias que generan esas imágenes, y que casi siempre es la realidad, la realidad como ente y consecuencia de nuestra interacción con los contextos.

La humanidad ha llegado a un punto delicado en su devenir, la posmodernidad se aleja con su etapa de relatividad y cinismo, dando espacio a un estadio en el que lo único cierto es el deterioro del medio ambiente, la tensión entre razas, el regreso de la radicalidad religiosa, la ciencia al servicio del poder, entre otros tantos puntos que le recuerdan al ser humano que, si va más allá de sí mismo, puede encontrar problemas, pues toda acción tiene como consecuencia una reacción tan o más virulenta que la acción misma.

Si la tragedia es el enfrentamiento del hombre contra el destino, o lo desconocido, éste se ha encontrado con algo que jamás conocerá, por más cerca que esté de eso: él mismo. Él, como ese ente que está más allá de la razón y la justicia, como define George Steiner el mecanismo base de la tragedia. El hombre se ha convertido en un héroe que fracasa, frente a las pruebas más simples, habiendo pasado las más complicadas…”

Si la tragedia es el enfrentamiento del hombre contra el destino, o lo desconocido, éste se ha encontrado con algo que jamás conocerá, por más cerca que esté de eso: él mismo. Él, como ese ente que está más allá de la razón y la justicia, como define George Steiner el mecanismo base de la tragedia.

El hombre se ha convertido en un héroe que fracasa, frente a las pruebas más simples, habiendo pasado las más complicadas.

El héroe es ese personaje en el que Joseph Campbell se basó para realizar su ensayo El héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito, en 1949. En esta obra, nuestro autor hablaba del mito del héroe como algo universal, al cual podemos ubicar en diversas culturas del mundo, si no es que en todas.

Casi siempre el héroe es el encargado de llevar a un cambio de paradigmas a su pueblo, por lo que tiene que recibir un llamado, eventualmente tener miedo y rechazarlo; recibir donaciones, consejos o atributos mágicos por parte de un mentor, mago o hechicero. Saldrá de su entorno y enfrentará los peligros de un mundo desconocido. En su viaje conocerá sus atributos, los alcances y limitaciones de sus virtudes, pero sobre todo se conocerá a sí mismo, todo eso de lo que es y no es capaz: de lo que sabe y puede, y de lo que no puede y no sabe.

El saber y el poder como elementos fundamentales en el viaje del héroe. Esto nos lleva necesariamente al filósofo francés Michel Foucault, estudioso de ambos fenómenos.

En sus lecciones del Collège de France (1970-1971), Foucault se adentra en la tragedia de Edipo para hablar sobre la voluntad de saber, llegando a un enfoque inquietante y revelador: en Edipo, la confrontación de saberes provoca el movimiento trágico; aplicándolo al teatro, a la tragedia en general, no sería descabellado extender este principio a otras piezas, ya que la tragedia siempre contrapone fuerzas o entes abarcadores de valores éticos y hasta metafísicos que ponen a prueba al héroe, representante de una colectividad que necesita cambios.

El héroe enfrentará, con la fuerza o la razón, una serie de obstáculos que confirmarán, reafirmarán o negarán sus atributos, positivos o negativos; al final de cuentas el personaje será eso: la suma de sus faltas, virtudes, aciertos, errores y derrotas, pero sobre todo de sus acciones, y la guía de éstas: su voluntad.

Cerca del final del viaje está la sombra, ese personaje misterioso que de alguna manera lo ha observado, perseguido o por lo menos acechado; con ésta tiene una cierta conexión, podríamos decir que la sombra de alguna manera es una versión fracasada del héroe.

Si pasa la prueba, nuestro personaje podrá regresar a su entorno y cambiarlo, o sólo le alcanzará para que las consecuencias de sus actos cambien el mundo, pues pudo haber sucumbido en el camino.

Hace tiempo que la tragedia no hace presencia en el teatro; salvo la revisión a los clásicos, es muy difícil que aparezca una nueva, y es que el hombre posmoderno parece subestimarla, reducirla a un viejo aparato conceptual del pasado; sin embargo, la realidad empuja, y empuja fuerte.

Una versión de Quad, de Samuel Beckett, hecha en Omaha, EU, en 2006. Imagen de Wikimedia Commons.

Una versión de Quad, de Samuel Beckett, hecha en Omaha, EU, en 2006. Imagen de Wikimedia Commons.

Tal vez la tragedia como género teatral no se da en estos tiempos porque no profundizamos a conciencia en nuestra realidad ontológica; si pensamos al hombre como un ente complejo que ejerce y realiza acciones cuyas consecuencias nos han llevado al límite de una serie de acontecimientos que bien pudieran terminar con la vida en el planeta, la situación no es menos trágica. Pero el hombre ha decidido comportarse como un niño perverso que sabe que hace mal, pero insiste en su travesura.

Si pensamos que el teatro de Beckett, el de Pinter, los trazos de Brook, la contundencia de Castellucci y los gestos de Jan Fabre no fueran otra cosa que la manifestación del ser humano como héroe fallido, la tragedia podría tener otra oportunidad como mecanismo, como señal, como advertencia, como sentido… ¿o dos mil quinientos años no son nada?

Teófilo Guerrero es dramaturgo. Actor de vez en cuando, director espontáneo. Docente de mayoreo, y cuando así se requiere también escribe.

 

Para verificar (las ligas incluidas en este artículo fueron localizadas con una búsqueda simple en Google; se considera de libre acceso a los archivos PDF y similares listados en el buscador):


Teófilo Guerrero

 


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