Periodismo y teatro en Guadalajara

 


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En resumen
 



En concreto

Una polémica central para el teatro de Guadalajara fue la propiciada por el jurado de la más reciente Muestra Estatal, pero la realidad de Jalisco le propone otros retos a los profesionales de este arte: ¿cómo responder, por ejemplo, a la violencia que asienta con constancia y con horror extraordinario su poder simbólico en la vida cotidiana de los jaliscienses?

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Posted Octubre 6, 2018 by

 
Lectura general
 
 

En días recientes se llevó a cabo la Muestra Estatal de Teatro (MET) de Jalisco 2018, cabe mencionar que más o menos al mismo tiempo que todas las de las entidades federativas, por el proceso que deben hacer para seleccionar la cuota de soberanía estatal. Poco antes de arrancar con el evento se anunció que en esta ocasión no habría premios por categorías, por decisión de los participantes, lo que provocó una pequeña polémica, principalmente en redes sociales, un termómetro, a mi parecer, poco representativo de la realidad del gremio teatral; más aún, de la realidad en general. La discusión iba en el sentido de que en la Ciudad de México ya tenían unos premios, los Metro, mientras Jalisco —para ser más justos, Guadalajara— retrocedía al renunciar a la posibilidad de reconocer el trabajo de los participantes.

La Muestra transcurrió como siempre: escasez de entradas debido a la presencia apabullante de la comunidad teatral en detrimento de los públicos que dicen extrañar, puestas en escena en espacios alternativos sin tomar en cuenta que deben ser mostrados, lenguajes rebuscados, montajes entrañables, o cercanos a sus públicos (teatro para bebés), y muchos jóvenes, que desde hace tres ediciones ocupan un espacio importante, por su emergencia vital y su energía productiva.

El toque definitivo lo dio el jurado, integrado por Luz Emilia Aguilar Zínser, Ilona Goyeneche y Marco Petriz, ya que en su intervención final hizo una serie de observaciones que dividió opiniones en la comunidad, que dejó de serlo para repartir culpas, culpables y responsabilidades.

Sin abundar demasiado en lo dicho por el jurado, y concentrándome en los aspectos centrales, gracias a la nota de Ágora Teatro GDL, dijeron que encontraron:

“…más una embotada autocomplacencia, una burbuja de euforia de espaldas a la realidad, que el compromiso de plantear preguntas pertinentes, provocar inquietudes, experiencia sensible y enriquecer el conocimiento del mundo”.

Tras esa introducción, el mensaje del jurado enlistó rasgos de una “preocupante” tendencia (que también señaló que no es generalizada) caracterizada por la falta de investigación tanto en procesos, como en formatos, lenguajes, autores y conceptos” (“Y en la MET 2018 el jurado dio la nota”, Ágora Teatro GDL, septiembre 9, 2018).

Señaló también la necesidad de problematizar contenidos y autores, y sobre todo la fascinación por poéticas de moda, entre otros puntos que levantaron murmullos por todos lados.

Ante esta situación las opiniones se dividieron de nuevo entre quienes defienden las poéticas, contenidos y lenguajes tradicionales, y quienes se decantan por lo contrario. Pero parece que muy pocos leyeron en su justa medida el mensaje.

¿Por qué?

Uno de los aspectos centrales de la cultura en nuestro tiempo es reconocer la importancia que tiene en el desarrollo social, ya que es considerada como el cuarto pilar para el desarrollo. Y es que lo que articula a la cultura como fenómeno complejo incluye, de manera interrelacionada: aspectos sociales, económicos, políticos, artísticos y comunitarios. La creación artística es solo un aspecto del mosaico cultural, y el producto artístico es resultado de las interacciones entre: conciencia, reflexión, materialidad, creatividad, contexto y por supuesto la solidaridad y los valores comunitarios.

Estas características son urgentes en una sociedad como la jalisciense, golpeada en los últimos tiempos por una violencia que parece ir en ascenso, y de la cual no podemos decir que depende solo del crimen organizado: también parece haber una especie de guerra civil de baja intensidad, ya que el contexto se ha vuelto caldo de cultivo de microviolencias, agresiones sutiles por medio de las cuales el ciudadano común sobrevive a pesar y en contra del otro. Basta salir a la calle para ver la maraña de automóviles como máquinas rabiosas yendo en contra del peatón, los ciclistas, y contra sí mismos. Estas microviolencias sirven de pequeños escapes a un estado de violencia generalizado y creciente.

Video grabado por jóvenes en torno a las protestas por la desaparición de tres estudiantes de cine, ocurrida en marzo de 2018

Sin ser la panacea para todos los problemas, la cultura juega un papel muy importante, ya que digiere y procesa simbólicamente los fenómenos de violencia, reproduciendo esquemas que la piensan, reflexionan, o la proyectan de otra manera

Sin ser la panacea para todos los problemas, la cultura juega un papel muy importante, ya que digiere y procesa simbólicamente los fenómenos de violencia, reproduciendo esquemas que la piensan, reflexionan, o la proyectan de otra manera.

Así, ¿cómo debe articularse la creación artística para poder interactuar con las dinámicas, modalidades y las formas que afectan, o inciden en la sociedad?

En este sentido es donde podría leerse la recomendación (que no regaño, jalón de orejas u orden) hecha por el jurado. Es decir, en reconocer que existe un contexto formado por lugares y espacios, públicos potenciales y reales; una realidad sociopolítica compleja; un entramado de economías hegemónicas y emergentes; una realidad cultural diversa; una profusión de técnicas, metodologías, y prácticas artísticas y culturales y, sobre todo, dinámicas sociales en plena efervescencia de cambio y desarrollo.

El teatro profesional hace mucho que dejó de ser una práctica estable; requiere de un conocimiento profundo de su contexto de partida, del público al que va dirigido (en sentido de reconocerlo como interlocutor, cómplice, sujeto y no objeto), y de las prácticas, tendencias, técnicas y metodologías de creación. Es decir, reconocer el qué, el cómo y el para qué de su articulación como un ente destinado a comentar, observar y/o señalar un contexto en constante cambio.

Son los tiempos en que la comunidad teatral podría ayudar a entender y a procesar simbólicamente (es decir, darle otro orden de significado a la información de una realidad que golpea con saña) el hecho de que un tráiler deambule por la Zona Metropolitana de Guadalajara con más de cien cuerpos, los linchamientos o las microviolencias cotidianas, los feminicidios, las desapariciones forzadas, pero también las características, aptitudes, recursos, fortalezas y valores que tenemos como comunidad para hacerles frente.

La recomendación del jurado de la MET 2018 no tiene que ver sólo con lo estético nada más —y una confusión en ese sentido sería gravísima—, sino con la posición ética de quienes hacemos teatro en el estado, es decir, una actitud que observe sistémicamente la complejidad del entorno, y por ende la responsabilidad a partir de qué dice, para quiénes lo dice y hace.

Con el respeto y el cariño que me merece un jurado tan generoso como el de este año, me parece que como política pública las Muestras estatales no son totalmente la solución a las problemáticas y temas a resolver en los estados, principalmente porque son una dinámica que responde y mira hacia el centro. Una política pública es “(una acción de gobierno) con objetivos de interés público que surgen de decisiones sustentadas en un proceso de diagnóstico y análisis de factibilidad, para la atención efectiva de problemas públicos específicos, en donde participa la ciudadanía en la definición de problemas y soluciones” (Franco Corzo, 2013:88)[1], por lo que una Muestra estatal no tendría que otorgar premios o ser una oportunidad para ver teatro más barato, o gratuito, para la comunidad teatral.

Me parece que la reflexión interna es todavía más importante, y aquí debo apuntar al Encuentro MET que se realiza previo a la Muestra, y que muchas veces es desdeñado por la comunidad teatral, pero que en las ediciones en las que se ha celebrado ha visto surgir datos, testimonios, líneas de trabajo y proyectos, y ha sido reconocido a escala nacional, pero que acusa falta de continuidad en sus alcances, por no encontrar el eco debido en la comunidad.

Una comunidad que de repente se divide por cuestiones secundarias y prescindibles, dejando lo central para mejores ocasiones.

 

[1] Franco Corzo, J. (2013). Diseño de políticas públicas. Una guía práctica para transformar ideas en proyectos viables (2da. edición). IEXE Editorial. México.


Teófilo Guerrero

 


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