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Jalisco tiene una historia envidiable, como para ser una buena fuente de temas; algunos incluso tienen patente y latente el signo de la tragedia. Sin embargo, el Jalisciense olvida pronto, e ignora rápido.

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Posted Mayo 30, 2016 by

 
Lectura general
 
 

Jalisco tiene una historia envidiable, como para ser una buena fuente de temas; algunos incluso tienen patente y latente el signo de la tragedia. Como comunidad se ha generado bastante material simbólico como para narrarnos y relatarnos una y otra vez, y desde diversas ópticas. Sin embargo, el Jalisciense olvida pronto, e ignora rápido.

Wikimedia Commons: imagen del usuario Arturoramos sobre el Codex Telleriano Remensis. Dominio público. Tomada de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:NunoBeltranGuzman-1.jpg.

Nuño de Guzmán. Wikimedia Commons.

Durante la Conquista llegó uno de los más despiadados soldados que haya dado España, Nuño de Guzmán, cuyo paso por la entidad se nota en el trazo de Guadalajara, en la idiosincrasia del tapatío de abolengo, en muchos más aspectos de lo que uno puede imaginar. Víctor Castillo escribió en los años noventa Nuño de Guzmán, o la espada de Dios, una iniciativa que no tuvo réplica, ni en la producción dramatúrgica subsecuente, ni en la práctica escénica; lo que es destacable es la oportunidad que aprovecha Castillo para poner delante de nuestras narices esa parte de la historia de nuestro estado, que, si la revisamos, podría darnos muchas claves de porqué en Jalisco somos como somos.

Francisco de Tenamaxtle fue un héroe que habita los largos pasillos de la desmemoria jalisciense. La administración pública alguna vez confinó el único vestigio de su presencia (un monumento que recurre al cliché y al mal gusto) a la reserva de San Sebastián de Analco, espacio simbólico sin discusión, alentado por una serie de administraciones y actos políticos sin memoria ni recato, pues en un mismo espacio habitan signos inequívocos de la derrota colectiva: Tenamaxtle (su efigie, pues), Cuauhtémoc y una fallida Estela contra el olvido, que rememora las explosiones del 22 de abril (fallida porque apunta a recordar dolor, muerte y sangre, sin dar oportunidad a la esperanza y al valor del barrio como constructor de identidad). Volviendo a Tenamaxtle: el Congreso del Estado le rindió un homenaje mientras que la Fiscalía General detenía a un líder indígena de la Costa Sur del estado.

Las explosiones del 22 de abril nos han dado novelas, cuentos, dramaturgia; por ser un hecho reciente, su abordaje ha sido puntual, pero sus secuelas sociales, políticas, etcétera, no han sido objeto de un seguimiento formal y serio.

Durante la Reforma y la Revolución las anécdotas nos dieron cierta fama de gallinas a los Jaliscienses, pues sólo acudimos a dichos eventos desde atrás de los portales, mientras Jesús Medina dejaba una bala en el reloj de Palacio de Gobierno.

No por nada Plutarco Elías Calles, en 1926, llamó a Jalisco El gallinero de la República; más adelante se le atragantaron dichas palabras, pues la Cristiada le demostró lo contrario. Este episodio ha dado cuentos, novelas, textos dramáticos, películas, pero son pocos los que lo observan de manera objetiva y crítica. Destaca por sus valores técnicos y estéticos el texto de Jaime Chabaud ¡Que viva Cristo Rey! (1992), que muestra los intereses del Estado y del clero en pugna, sin que la población afectada les interese demasiado.

Monumento a Francisco Tenamaxtle en Zacatecas. Imagen tomada de http://labestad.reduaz.mx/web/turismo/patrimonew/galeria.php?donde=034.CULTURALES.MONUMENTOS.MONUMENTO_TENAMAZTLE#2

Monumento a Francisco Tenamaxtle en Zacatecas. Turismo Zacatecas.

La Cristiada ha generado suficiente capital político, social y simbólico para la iglesia católica en el estado; tanto, que su actual posición de privilegio en los asuntos públicos es secuela de un acontecimiento triste, indignante y sucio por la manera en que el pueblo creyente fue (y sigue siendo) manipulado.

Los temas están ahí, probablemente la tragedia también, y no necesariamente significa que los hechos históricos deben ser representados fielmente en los productos artísticos, cuando es más interesante analizar, decantar y destilarlos, estoy seguro, el logos, el ethos y el pathos Jaliscienses están ahí. Lástima que las narrativas, los discursos y el diálogo social estén tan inmaduros como para que puedan dar origen a La Tragedia de Jalisco.

En los años treinta tuvimos en Guadalajara la visita de André Breton y Leon Trotsky y, si no fuera por el texto de Breton, resultado de dicha visita, el Palacio de la Fatalidad, y la recuperación de la crónica por Juan José Doñán en su fabuloso Oblatos-Colonias (Ediciones Arlequín, 2013), el evento seguiría inédito para los Jaliscienses.

Ni qué decir de los setenta. La mar de historias: desaparecidos, violencia política, traición, actos heroicos perdidos en nada, la crueldad del Estado como expresión emocional de sus miembros, la apatía y el miedo de una sociedad tapatía que sólo acudió como testigo que no quiso, ni quiere dar fe. Uno de los capítulos más vergonzosos del Estado mexicano, que siempre tendrá capacidad para poder superar y superarse en cuanto a horror y violación de derechos humanos se refiere.

La historia de la FEG es patética, pavorosa y absurda; los testimonios de horror, miedo y abusos constantes y sistemáticos abundan; es un tema hecho de oro molido para quienes crean historias por cualquier medio, dado que una buena parte de la vida política actual del estado se generó al interior de esta organización: varios de sus exmiembros aún viven, y se dan el lujo de negar la cruz de su parroquia, pues dejaron la pistola por otras armas más efectivas, lo cual no significa que pueda celebrarse absolutamente nada.

Los temas están ahí, probablemente la tragedia también, y no necesariamente significa que los hechos históricos deben ser representados fielmente en los productos artísticos, cuando es más interesante analizar, decantar y destilarlos, estoy seguro, el logos, el ethos y el pathos Jaliscienses están ahí. Lástima que las narrativas, los discursos y el diálogo social estén tan inmaduros como para que puedan dar origen a La Tragedia de Jalisco.

 

Teófilo Guerrero es dramaturgo. Actor de vez en cuando, director espontáneo. Docente de mayoreo, y cuando así se requiere también escribe.

 

Imágenes

  • Nuño Beltrán de Guzmán: Nuño de Guzmán. Wikimedia Commons: imagen del usuario Arturoramos sobre el Codex Telleriano Remensis. Dominio público. Tomada de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:NunoBeltranGuzman-1.jpg.
  • Monumento a Francisco Tenamaxtle en Zacatecas. Imagen tomada de http://goo.gl/omLCZI.
  • Fotografía de las explosiones del sector Reforma: Tomada del archivo del periódico El Informador. Tomada de http://goo.gl/sJRlQY.

Teófilo Guerrero

 


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