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Instructivo para no darse un tiro con los moldes de la sociedad

 


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La singular dramaturgia del Instructivo para mirar hacia adentro, de Teatro Zona de Acción, se combinó con complicaciones en escena y un jurado que hizo empezar tarde a los intérpretes, pero también con la buena recepción del público

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Posted Septiembre 6, 2018 by

 
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Funciones en la primera temporada de Instructivo para mirar hacia adentro. Foto: Facebook Teatro Zona de Acción.

Los actores en escena bailan una pieza musical pequeña mediante una secuencia de pasos que se repite conforme se repite la canción; ellos, ya preparados, esperan al igual que todos en el público a que la obra comience. ¿Cómo conservar en escena la proyección y el personaje después de 30 minutos de retraso?

Ése fue el reto de los actores de Instructivo para mirar hacia adentro, del grupo Teatro Zona de Acción, quienes no pudieron empezar puntuales su función del martes 4 de septiembre, durante la MET 2018 en el Teatro Vivian Blumenthal, debido a que el jurado venía de otra función de la Muestra, llegó tarde y retrasó a los ejecutantes.

Instructivo para mirar hacia adentro trata de cuatro adultos —generación Y— que se encuentran en una sala de espera; cansados de tener expectativas altas en su vida, deciden esperar una última cosa: a Godot, que les va a proporcionar los cinco pasos para aprender a ser un triunfador.

Cada personaje comienza contando una parte de su vida de forma rápida; cuando Godot les pide hablar de sus fracasos, rompen con la cuarta pared para interactuar con el público y decir por qué son fracasados; hacen participar a los asistentes invitándoles un shot, pero solo a las personas que en cierto modo empatizan —alzando la mano— con sus anécdotas; mientras esto ocurre se escapan risas de la mayor parte del público.

La historia se une a través de los sentimientos ocultos de los personajes: tienen en común que siguen luchando con el mundo para demostrar que no son fracasados, y se sienten unos fracasados porque los moldes de la sociedad en sus experiencias los hacen sentirse así.

Esta obra es un manual de instrucciones para saber cómo actuar ante una crisis existencial de la vida adulta —en la actualidad—, cómo el sistema genera pensamientos en cada individuo que termina por buscar cursos para llegar a la cima del éxito, y para que darse cuenta de que la vida es un constante expectativa vs realidad”

Cada personaje tiene su historia: Bola de Fuego, chico que no puede dejar de buscar relaciones a través de las redes sociales; Norma, una chica que desde joven aprendió a cargar con mucho peso emocional y se volvió inmune a decir “cuánto peso puedes cargar por no hablar”; Pilar, chica oficinista que cumple siempre con sus pendientes y vive un día a la vez porque el café la hace fuerte en las mañanas para recordar que “solo es un puto lunes más”; y Paul, músico que se dedica a eso aunque no tenga para comer, toca donde puede y como puede y logra creaciones originales, pero deja lo que le gusta para sobrevivir.

En la función del martes 4, todos los personajes se desplazaban con trazos un poco inseguros; en algunas ocasiones, incluso, obstruyeron la vista del otro en escena.

En cuestión de dramaturgia, la obra genera una idea del tema central, pero no lo transmite mediante los diálogos y monólogos de cada actor: no todos tienen un principio, desarrollo y final, sino que el discurso separa las anécdotas todo el tiempo para hacer énfasis en las historias particulares y no en una historia colectiva; eso hace que cada uno de los actores tenga un ritmo, tono y proyección diferentes.

El vestuario fue la clave para identificarlos y pareció funcionar; la utilería y el límite del escenario permitieron que los actores fueran su propio staff y que pudieran bajar con el público e interactuar; estas pequeñas dinámicas ayudaron a que el ritmo de la obra mantuviera estabilidad.

La música, en cambio, se saturó: las bocinas se escucharon con mucha interferencia y las proposiciones de los actores parecían producto de improvisación. En varios momentos, mientras decían texto entre la música y las risas de gran parte del público, a los actores no les importó el foro; en contraste, su dominio de los elementos escénicos —utilería, escenografía, iluminación y música— captó la atención de la mayoría de espectadores, que estuvieron atentos a lo que ocurría.

Esta obra es un manual de instrucciones para saber cómo actuar ante una crisis existencial de la vida adulta —en la actualidad—, cómo el sistema genera pensamientos en cada individuo que termina por buscar cursos para llegar a la cima del éxito, y para que darse cuenta de que la vida es un constante expectativa vs realidad.


Viridiana Quintero

 
Estudiante de Sociología, estudiante de talleres de actuación y colaboradora en ÁgoraGDL.


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