Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Donde viven los bárbaros quiere poner a prueba si de verdad eres tan tolerante e inclusivo

 


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La Compañía Bonobo, de Chile, visita la MET Jalisco con un premiado espectáculo acerca de cómo surge la violencia en las sociedades que defienden valores democráticos, y sus reflexiones pesan lo mismo en Sudamérica que en el México contemporáneo

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Posted Septiembre 7, 2018 by

 
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Imágenes de Donde viven los bárbaros publicadas en el sitio de la cartelera del Teatro UC, de la Universidad Católica de Chile.

En las democracias hablamos de tolerancia, de inclusión, de solidaridad… ¿y cuán bien nos sale practicar todo eso? La reflexión sobre la permanencia de estos valores es el interés de Donde viven los bárbaros, espectáculo invitado desde Chile a la 22 Muestra Estatal de Teatro (MET) de Jalisco, donde se presentará este viernes 7 de septiembre.

La Compañía Bonobo es la autora de este trabajo varias veces premiado desde su estreno en 2015, en el que el público podrá a ver a tres primos que se reúnen tras años de no verse, para celebrar una cena en donde otros personajes desencadenarán un suceso de violencia.

La dramaturgia firmada por Pablo Manzi, que fue generada por todo el colectivo de creadores, pasa sin embargo por una reflexión sobre cómo convivimos con quienes son diferentes a nosotros. Manzi y Andreína Olivari, quienes dirigen juntos el espectáculo, ofrecieron una entrevista telefónica sobre la obra.

Si te consideras una persona tolerante, inclusiva, en la compañía buscamos generar ficciones que te hagan preguntarte eso de nuevo: si bajo situaciones límite vas a ser tan tolerante como piensas que eres”

En las reseñas sobre Donde viven los bárbaros hay una constante: la reflexión sobre cómo convertimos en nuestro enemigo a quien es diferente y cómo justificamos la violencia en su contra. ¿Qué buscaron en relación con estos temas?

Andreína: El gran tema que hemos trabajado es investigar en torno a la violencia que existe en contextos democráticos, en donde el discurso social, cultural, político, establece como fuerza un discurso de la tolerancia, de la inclusión, según el cual tenemos que intentar acoger al otro. Nosotros buscamos los hoyos donde aparece la violencia cuando supuestamente vivimos en un Estado democrático. Donde viven los bárbaros se cuestiona precisamente eso: dónde están nuestros enemigos, cómo los creamos y quiénes son.

Pablo: A propósito de la contingencia en Chile, en general creemos que esto dialoga con la realidad actual, y probablemente también refleja la realidad democrática de Latinoamérica, en el sentido de cómo se está apropiando este nuevo lenguaje democrático, pluralista, tolerante, inclusivo, en relación a una tradición de violencia, de excusión, de marginación, y cómo estas dos raíces chocan versus este nuevo lenguaje democrático. Siempre es un poco difícil saber cómo se lo toma el público; tenemos la esperanza de que dialoga con el tema y esperamos que le resuene y le resulte una discusión pertinente.

Andreína: No existe un contexto tan particular o un hecho que nos haya hecho hablar de este tema. Esos otros, en la obra, por ejemplo, son los mismos que en México también tienen: prostitutas, homosexuales, negros, inmigrantes… El público los reconoce.

 

Temas como los derechos humanos, la inmigración o el racismo, ¿son un interés de Compañía Bonobo en particular? ¿Qué les parece que logra el teatro en relación con ellos?

Pablo: Quizá no es exclusivo del teatro, pero creemos que da la posibilidad de llevar al límite situaciones que en la realidad no serían tan fáciles. La ficción permite que hagamos un juego dramático para llevar al límite nuestra ética, nuestras creencias, las cosas que creemos que tenemos controladas. Siempre generamos ficciones que, de alguna manera, operen como una forma de poner esto en tensión: si te consideras una persona tolerante, inclusiva, en la compañía buscamos generar ficciones que te hagan preguntarte eso de nuevo: si bajo situaciones límite vas a ser tan tolerante como piensas que eres.

Andreína: Por otro lado, el humor está muy presente en nuestras obras y es una de las herramientas que creemos que el teatro tiene para discutir estos temas que nos interesan. Se pueden tener conversaciones que en la vida real no se puede.

Imágenes de Donde viven los bárbaros publicadas en el sitio de la cartelera del Teatro UC, de la Universidad Católica de Chile.

La potencia de nuestro montaje está puesta en el decir de los actores, en el cómo dicen, y también en la palabra escrita; no hay ninguna intención de imitar la realidad; en cómo hablamos, la obra en verdad tiene su propia lógica”

¿Qué reacciones han encontrado en el público?

Pablo: Hay cosas evidentes: se nos acerca mucha gente, hay preguntas, artículos académicos, todas esas cosas. También hemos tenido suerte de mostrarla en diferentes países y las reacciones son muy distintas. Quizá lo políticamente correcto se vive de manera muy diferente en Europa respecto de Latinoamérica; quizá el humor negro tiene algo muy negro, homofóbico, misógino, racista; desconozco cómo será en otros países (…) Intentamos problematizar el humor. A veces allí está la idea de petrificar y perpetuar ciertas lógicas de exclusión y marginación, de los prejuicios.

 

Con respecto a lo que veremos en Guadalajara, ¿qué clase de teatralidad muestra el montaje?

Andreína: Es una obra que se sujeta mucho en el texto dramático. El texto surge a partir del trabajo de la compañía, si bien lo completa Pablo. Allí hay una escritura que propone no sé si una forma nueva, pero sí artificiosa, de poner la ficción en escena. Las actuaciones proponen un poco lo mismo, pero, si vamos bien al fondo, igual es una obra con formatos tradicionales y formalmente simple. No hay audiovisual, ni grandes escenografías, ni nada: cinco actores en escena, dialogando. En la compañía trabajamos a partir de improvisaciones sobre las temáticas, ponemos situaciones absurdas, raras, y después con el Pablo ordenamos una estructura, y allí recién el Pablo la genera y completa.

“La potencia de nuestro montaje está puesta en el decir de los actores, en el cómo dicen, y también en la palabra escrita, en la dramaturgia, que propone un ritmo, una serie de reglas en la ficción, que hace un juego dramático como artificioso; no hay ninguna intención de imitar la realidad; en cómo hablamos, la obra en verdad tiene su propia lógica”.

Pablo: Eso es muy importante: somos una compañía y dentro hay diseñadores, una productora, actores, y todos estamos dialogando permanentemente en la confección de la obra; en las decisiones de dramaturgia opinan todos.

 

Visitarán un país en donde hay mucho teatro y muy diverso, pero también poco público. ¿En Chile cómo son los problemas relativos a la producción de teatro?

Pablo: Justo venimos de hacer un foro con compañías emergentes sobre metodologías de creación y la verdad es que la realidad es la misma: precariedad absoluta. Los espacios de financiamiento son muy reducidos; lo ideal sería que todos los grupos con una necesidad de creación tuvieran distintos espacios para conseguir financiamiento, los básicos, los que le otorgan dignidad mínima al artista.

Andreína: Lo comparto totalmente. En el fondo las compañías deben autogestionarse y resistir a un sistema que no está pensando para tener políticas culturales que permitan a los artistas vivir de hacer arte; somos diez, y todos tenemos que hacer otras cosas.

Pablo: Por otro lado, y no sé si es algo para enamorarse, a nosotros nos tiene muy claro que lo que nos une es la necesidad de hablar de algo; es tan precario lo que hacemos, que estamos seguros de que, cuando ya no tengamos nada que decir, esto sencillamente se acaba.

Andreína: Creo que nunca hay que aburrirse de hablar de un tema que nos compete a todos. Nosotros quizá tomamos aquí un tema muy hablado, pero sí hay una opinión creativa y una forma creativa que a mí me parece entretenida, ácida, de plantear y preguntarnos quién es el otro, por qué está allí, para qué lo necesitamos; eso ningún artículo académico te lo podría dar.  Son temas de los que necesitamos seguir hablando, en cualquier lugar, en Chile y México.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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