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Ágora: el día en que mi papá fue el villano de una película

 
 
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Omar Argentino Galván construyó todo un thriller hollywoodense con ayuda de dos espectadores y del público, porque la impro, que él practica y enseña hace años, es democrática e inagotable

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Posted Septiembre 9, 2018 by

 
Lee
 
 

Formados en la fila para entrar a Foro Periplo, mi papá y yo esperamos para entrar. Se nos acerca Circee Rangel, productora y gestora de Ágora, show de impro a cargo de Omar Argentino (de quien se dice que es uno de los mejores improvisadores del mundo). Le pregunta a mi papá si aceptaría pasar a escena si Omar lo llamara para jugar a la impro con él; acepta entre bromas: “Pues, si no hay remedio…”. Circee se va a preguntarle a varias personas más en la fila.

Pasamos al foro y nos sentamos. En escena vemos apenas unas sillas al centro, a la derecha los instrumentos musicales que Carlo Constanini ha de usar para improvisar a la par que Omar y los invitados y ambientar las escenas. Las luces se apagan y aparece el improvisador al centro de la escena sentado en una silla, tocando una pequeña caja musical mientras al fondo se ven imágenes de Cinema Paradiso. Pregunta si alguien ya ha visto la película. Varios asienten. Empieza a platicarnos sus anécdotas en el cine y viendo películas.

La impro es una herramienta que nos invita a convivir, a crear, a imaginar, a pensar, a reír, a estar en el aquí y el ahora. ¿Qué hacemos todos los días si no es improvisar?”

Las películas, según nos cuenta, tienen un significado especial si al mismo tiempo que se ven, se viven experiencias memorables con ellas. Nos pregunta si tenemos alguna experiencia memorable con alguna película, o una anécdota interesante de alguna visita al cine. El público empieza a participar. Algunos cuentan historias románticas sobre citas en el cine, otros sobre películas importantes de la infancia, otros hablan sobre lo chistoso que es ver cómo todos lloran cuando se muere el héroe de la película y al encenderse las luces fingen que no pasó nada. Un espectador cuenta cómo su padre trabajaba haciendo efectos especiales para películas y lo mucho que le gusta verlas y recordarlo.

Más adelante, Omar dedicará la función al padre del espectador. A estas alturas del show, el público se siente bien en la compañía del intérprete. Participamos con gusto y nos sentimos contentos. Nos entregamos a su carisma y a su sencillez para convivir con nosotros.

Omar pide entonces que pasen al frente las personas con las que Circee habló en la fila. Pasan mi papá, un ingeniero civil que no ha hecho teatro ni impro nunca, y una muchacha estudiante de teatro. La convivencia sigue; Omar les pregunta sobre sus vidas y a lo que se dedican. Cuando se vuelve evidente que esas personas en escena efectivamente no saben de impro, nosotros público nos quedamos a la expectativa de lo que sucederá y cómo hará Omar para hacerles improvisar sin que ellos posean ninguna técnica. Todo esto que ha sucedido hasta ahora, sus pláticas con nosotros y las anécdotas, no han sido una simple ocurrencia ni mucho menos. Omar sabe que para improvisar y hacer teatro, en general, se requiere de confianza, ganas de participar y seguridad. Él siembra estas sensaciones en la audiencia y así aventaja una gran labor de trabajo con el otro. Y eso que todavía no comienza la improvisación.

Después de conocer a los intérpretes (Arturo, mi papá, y Ximena, la estudiante de teatro), les pregunta qué tipo de películas les gustan. Ximena responde sin dudar que las películas de época. Mi papá duda un poco y dice que “las buenas películas”, que de todo tipo, que las policiacas por ejemplo. Omar pregunta al público: “¿Hacemos una película policiaca o de época?”, y recurrimos a un ejercicio democrático para decidir rápidamente y gana la policiaca. Acordado el género que improvisarán, Omar les dice las reglas a los participantes. Principalmente: siempre aceptar, no irse a cosas ingeniosas.

Antes de comenzar, Omar nos platica un poco sobre La voluntaria suspensión de la incredulidad, como dice un poeta que alguna vez leyó. Nos cuenta cómo somos capaces de ceder y aceptar que la ficción que está siendo presentada ante nosotros, en una obra o en una película, está efectivamente sucediendo y nos dejamos llevar por ella, al punto de llorar o reír. Luego, recita a Shakespeare, el monólogo del Coro con el que comienza Enrique V y, así, nos invita a que dejemos llevar la imaginación y a que voluntariamente suspendamos la credulidad. Entonces comienza el espectáculo.

Nos cuenta cómo somos capaces de ceder y aceptar que la ficción que está siendo presentada ante nosotros, en una obra o en una película, está efectivamente sucediendo y nos dejamos llevar por ella, al punto de llorar o reír”

Una proyección en la pared del fondo aparece mientras la música que anuncia todas las películas de la 20th Century Fox suena en el foro. La proyección es un letrero que dice “Ximena y Arturo en…” y después un cambio a “Construcciones que matan”, título de la historia que fue propuesto por un integrante del público y que Omar escogió.

Omar nos narra con quietud pero convicción los cuadros y las imágenes que vemos en la película. Lentamente nos transporta de manera muy cinematográfica a la ficción. Va estableciendo el lenguaje de la película policiaca. Omar le pide a Ximena que pase al frente y nos cuenta que es la gobernadora de la ciudad. “¿Cómo se llama?”, le pregunta al público. “¡Míriam!”, responden. “¿Y el apellido?”, pregunta Omar. “¡Thomson!”, responde algún otro.

La gobernadora Miriam Thomson. Omar, muy generosamente, poco a poco empieza a dar información sobre la gobernadora. Permite que Ximena se exprese e incluso le hace preguntas, bajo la premisa de que hay que aceptar todo lo propuesto, por lo que Ximena, teniendo esto en mente, tiene la libertad de proponer cosas sobre su personaje (y ninguna propuesta es ignorada).

Tenemos una gobernadora. Luego es el turno de Brian Skinner, representado por mi papá, el ¿villano? excéntrico de la película: un ingeniero amante de las hormigas por sus grandes habilidades para la construcción. Omar repite la dinámica con él. Le hace preguntas. Le propone cosas muy claras. Se acepta. Cada vez tenemos más información de cada personaje y la impro fluye. El público está a la expectativa de lo que sucederá a continuación.

Omar sabe construir la complejidad de los personajes. Los coloca en situaciones cotidianas para ver su desenvolvimiento y así conocemos muchos matices de ellos, sabemos de sus inquietudes, de sus anhelos, de su rutina. Nada de eso es ignorado. Omar incorpora todas y cada una de las propuestas a la historia, a veces sorprendiéndonos con algo que como público ya habíamos olvidado. Los invitados, Ximena y Arturo, que en un principio se notaban quizá algo nerviosos, ya están disfrutando. Están haciendo propuestas propias, de vez en cuando algunos chistes que el público celebra. Nos da gusto ver cómo se desenvuelven, nos sentimos contentos por ello. La convivencia, la empatía con el público y el gozo son fundamentales en este show.

 

Escenas del show de Ágora en la MET Jalisco. Fotos: cortesía Álex Dessavre.

Esta película improvisada, seguro se va a quedar en la memoria de todos nosotros, como decía Omar al principio, por ser una experiencia tan significativa”

La historia continúa. Poco a poco descubrimos los conflictos. En una excursión al puente Belmont, a la que acudió el hijo de la gobernadora (representado por Omar), la construcción se cayó asesinándolo a él y a muchos otros niños. Brian Skinner, junto con su esposa, habían planeado fingir su muerte pues estaba en peligro, ya que la gobernadora había reducido la amnistía (cosa que Omar, entre risas, reconoció no saber qué significaba, pero aun así incorporó a la historia). Brian finge su muerte pues él también estaba en el puente, guiando la excursión. Todo apunta a que fue él quien causó el derrumbe, de hecho creemos estar seguros. Pero poco a poco hay más historia…

John Connor, el agente de seguridad de la gobernadora, que aparece desde el comienzo de la historia, nos revela que siempre estuvo enamorado de ella y le pide matrimonio. La indicación para la actriz fue que no lo aceptara y así fue, lo rechazó. Surge otro conflicto: Omar propone un flashback a la adolescencia de Miriam Thomson y Brian Skinner donde se nos revela que tuvieron un amorío y es por eso que Miriam rechaza a John. Esta parte es particularmente interesante para la impro porque es la primera vez que Ximena y Arturo improvisan sin Omar en escena, aunque sí con indicaciones. Nos enteramos de que ese amor no funcionó, pero Miriam sigue enamorada de él. Brian la mira y le dice: “Algún día lo volveremos a intentar”. Nos enteramos también de que Brian es el padre del hijo de Miria: ¿es tan malvado como para haber matado a su propio hijo?

Y entonces todo se revela. Connor confabula contra Brian y su esposa. Ella es asesinada y a Brian lo busca en su guarida para vengarse por el rechazo de Miriam. Nos revela entonces que quien plantó la bomba que destruyó el puente Belmont fue él. Nos revela que él ha sido el que ha bombardeado todas sus construcciones para darle una mala reputación y poner a todos (incluida a la gobernadora) en contra suya.

La gobernadora entra y lo escucha todo. Connor, en su locura, cae en una máquina trituradora que Brian usa para desaparecer los cuerpos de sus víctimas y así alimentar a las hormigas. Con esa escena tan violenta, Brian y Miriam se quedan solos y Brian concluye la escena diciéndole lo mismo que hace años atrás: “Algún día lo volveremos a intentar”. “¡Y se acaba la película!”, grita Omar, y las luces se desvanecen. El público queda vuelto loco entre aplausos, emocionado.

Entre esos aplausos, Omar dice: “Se acaba la película y aparecen los créditos…” y comienza a mencionar a los creativos. Alex Dessavre en la iluminación, Carlo Constantini en la música. Arturo y Ximena como los actores principales. Después mi papá presenta a Omar y todo el público aplaude con gusto.

El show termina. Nos vamos contentos. Mi papá se va de la sala habiendo improvisado con uno de los mejores improvisadores del mundo sin haber hecho teatro antes. Contento. Me platica cómo se sintió y todo lo que pensaba estando allí. Esta película improvisada, seguro se va a quedar en la memoria de todos nosotros, como decía Omar al principio, por ser una experiencia tan significativa.

La impro es una herramienta que nos invita a convivir, a crear, a imaginar, a pensar, a reír, a estar en el aquí y el ahora. ¿Qué hacemos todos los días si no es improvisar?”

Desde aquí, le agradezco infinitamente a Omar por esta experiencia (y la de haber sido mi maestro de impro durante cinco días, como parte de los talleres de la MET). También agradezco infinitamente a Circee Rangel, por tomar la iniciativa de traer a Omar y por trabajar arduamente para que las funciones y los talleres salieran adelante, además de invitar a mi papá a participar.

Si usted, lector, quiere ver impro en algún momento, sepa que Omar ya no está en la ciudad pero que sí está el grupo ImproPerio, liderado por Carlo Constantini, que tienen un show de comedia improvisada aunque no al estilo cinematográfico. Si los ve en cartelera, vaya a verlos. No se arrepentirá. Si Omar vuelve a visitarnos en algún momento, tampoco dude en ir a verlo.

La impro es una herramienta que nos invita a convivir, a crear, a imaginar, a pensar, a reír, a estar en el aquí y el ahora. ¿Qué hacemos todos los días si no es improvisar? La vida es improvisación: requiere de aceptación, de escucha, de vivir el presente, de mirar al otro, de disfrutar. Experiencias como éstas, en el teatro, nos dan herramientas para la vida. Ya veremos qué tal improvisamos en la vida después de la visita de Omar.

Yo, particularmente, encuentro en la impro la ayuda que necesito para el día a día, desde que Circee Rangel, mi primera maestra, me enseñó lo que es esta técnica para la escena, pero también para el encuentro, la búsqueda de uno mismo, la búsqueda de los otros, la felicidad. Habrá que dejarse ir. Pero dejarse ir con determinación, viendo al frente, aceptando los errores y celebrando los triunfos. Que el tiempo y la impro nos lleven a vivir mejor, a vivir en armonía y en amor.


Jorge Arturo Tovar

 
Estudiante de la licenciatura en Relaciones públicas y comunicación de la UDG. Colaborador en Radio UDG. Se forma como actor, dramaturgo e improvisador.


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