Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
ESTE MES
 

Kiwi presenta a nuevos jóvenes teatreros

 
 
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Domicilio: Prisciliano Sánchez casi esquina con Camarena, colonia Americana
 
Precios: $40
 
Horario: Del 26 de mayo al 10 de junio: sábados 19:00 horas y domingos 18:00 horas
 
Temporada: Estreno en mayo-junio de 2018; montaje de graduación de alumnos de Inart
 


En pocas palabras

¿Para qué quiere una ciudad como Guadalajara tener artistas con licenciatura, digamos teatreros con una carrera de teatro? Como está claro que las artes no tienen utilidad práctica evidente (en comparación, digamos, con la medicina o la ingeniería civil), la respuesta siempre subraya rasgos como su contribución al diálogo público y a la reflexión activa […]

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Posted Junio 9, 2018 by

 
Qué hay que saber
 
 

Función de Kiwi en Periplo. Fotos: ÁgoraGDL.

¿Para qué quiere una ciudad como Guadalajara tener artistas con licenciatura, digamos teatreros con una carrera de teatro? Como está claro que las artes no tienen utilidad práctica evidente (en comparación, digamos, con la medicina o la ingeniería civil), la respuesta siempre subraya rasgos como su contribución al diálogo público y a la reflexión activa acerca de la libertad personal o el sentido de comunidad.

El sitio web de crítica literaria Auteurs Contemporains (en francés) incluye una página dedicada a artículos sobre Daniel Danis y su obra.

En una charla TED publicada en abril (“Why theater is essential to democracy”), el respetado director artístico del Public Theater de Nueva York, Oskar Eutis, definió al teatro como un arte paralelo a la evolución de Occidente, nada menos, pero también recordó que su mecanismo más obvio, el diálogo, es precisamente el más preciado elemento de las democracias. Diálogo como puerta de entrada a la empatía y a la solidaridad, pero también como recurso operativo del drama: si enuncio el conflicto, el otro podrá considerarme y, quizá, nos dispongamos a resolverlo.

Esencias aparte, el caso es que cada semestre hay un puñado de jóvenes de Guadalajara graduados en artes escénicas: bien por la UDG, bien por el combativo Cedart, bien por la escuela Inart. Por estos días están en cartelera dos trabajos gestados al calor de graduaciones: un grupo de la licenciatura de la Universidad de Guadalajara trabajó en el espectáculo experimental Soma, cuerpos en caída libre, una coproducción a cargo del director de la compañía de títeres Luna Morena, Miguel Ángel Gutiérrez, y que ofrece precisamente una reflexión sobre la naturaleza del cuerpo humano pensada desde el títere. El espectáculo contó con dos importantes fondos de financiamiento, de manera que su producción de seguro satisfará a espectadores exigentes.

Mucho más austero, Kiwi es el sencillo montaje de graduación de la primera generación de la escuela Inart, pero en su sencillez esconde una invitación, justamente, al diálogo y la solidaridad. La obra está basada en un texto del quebequense Daniel Danis (lo montó originalmente Boris Schoemann, conocido traductor y promotor de la dramaturgia francocanadiense y quien invitó al autor a Guadalajara en 2014), acerca de la “limpieza” policial contra niños de la calle en ocasión de un importante evento deportivo. La protagonista es una jovencita adoptada por una familia de adolescentes y la historia retrata a los muchachos en la cruda lucha por sobrevivir en la calle.

En escenas como la llegada de la primavera, los descansos de humor y alegría con que se relacionan entre sí los personajes, están los mejores momentos del montaje estudiantil de Kiwi, y el espectador se queda deseando menos prisas en el ritmo del espectáculo, para disfrutar esos instantes de silencio y sinceridad

El director de los graduantes, Ihonatan Tlakuache Ruiz, ayuda a que los jóvenes construyan un sencillo espacio de trabajo en el que los personajes cargan con cajas y máscaras que representan sus identidades y que a veces les sirven para ocultarse y sentirse más seguros: tienen nombres de frutas —una forma más dulce de ponerse un nombre que necesitarán en la calle— pero además el escenario es un espacio de paredes grafiteadas que emulan la casa subterránea de los muchachos. Bajo tierra —donde, seguramente, no afectarán a la vista de los demás—, los niños descansan y duermen con reglas claras de convivencia y organización que recuerdan a las novelas de piratería del siglo XIX, como náufragos que pusieran buena cara a la precariedad de su situación. Cada primavera, sin embargo, se permiten emocionarse cuando el sol hace cambiar el paisaje.

En escenas como la llegada de la primavera, los descansos de humor y alegría con que se relacionan entre sí los personajes, están los mejores momentos del montaje estudiantil de Kiwi, y el espectador se queda deseando menos prisas en el ritmo del espectáculo, para disfrutar esos instantes de silencio y sinceridad.

Los jóvenes a cargo de Kiwi podrían merecer muchas observaciones al respecto de la ejecución de su montaje, pero hay algo irrefutable: presentan una obra que hace preguntas muy pertinentes al espectador. ¿Deberían importarnos esos desafortunados vecinos que, por ejemplo, necesitan robar o prostituirse para sobrevivir? ¿Son parte de nuestra ciudad o, por fortuna, nos resultan remotos?  ¿Tenemos algo que ofrecerles, además de nuestra lástima y un “me entristece” de Facebook?

A cambio de $40 el espectador podrá apreciar el esfuerzo en escena de estos nuevos jóvenes teatreros, que, queda claro, tienen mucho que mejorar como ejecutantes, pero su reclamo de empatía y diálogo no es poca cosa: quizá un día nos ayuden a recordar que el teatro es esencial para la democracia.

Una versión más breve de este texto se publicó en El Informador.

Función de Kiwi en Periplo. Fotos: ÁgoraGDL.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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