Periodismo y teatro en Guadalajara

 


Puercoespín: la obra que sorprendió a un actor con 54 años de carrera

 

 
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Domicilio: Foro Periplo: Prisciliano Sánchez 790, entre Camarena y Rayón.
 
Temporada: Última temporada en noviembre de 2016.
 


En pocas palabras

La obra ganadora de la MET2015 regresa para una última temporada en noviembre, antes de despedirse. El decano entre sus experimentados actores, Marco Aurelio Hernández, ratifica razones del éxito: una producción de profesionalismo inédito y un elenco que desarrolló algo más que un buen trabajo de equipo.

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Posted Octubre 14, 2016 by

 
Qué hay que saber
 
 

 

Marco Aurelio Hernández habla de teatro con el entusiasmo de quien quiere que jamás deje de haber trabajo para él en un escenario. Dos condiciones matizan esa emoción: dice que escoge las obras en las que trabaja y que no participa en cualquier proyecto; y sabe que eso funciona porque ha pasado 54 años en la escena, de sus 75 de edad.

Este actor de prolongada trayectoria es el decano de Puercoespín, una obra que presentan seis profesionales de edad avanzada y que, tras estrenarse en 2015 y ganar la Muestra Estatal de Teatro de ese año, está por arrancar una breve y última temporada en Guadalajara, en noviembre de 2016, rumbo a la que será su última función.

La mucha tinta que ha corrido acerca del fenómeno que supuso —un espectáculo de apariencia fársica a cargo de seis intérpretes longevos sometidos a los tormentos del amor adolescente, inmediatamente exitoso entre el público, ocupada en visitar más de 20 ciudades del país— ha incluido varias veces comentarios entusiastas de los propios actores; Marco Aurelio Hernández los ratifica: si Puercoespín funcionó, fue en buena medida por la profesional producción.

No tiene problema con decirlo: en 54 años de teatro, nunca había hecho un equipo que le dejara tantas satisfacciones como éste, con Magdalena Caraballo, Jesús Hernández, Carlos Hugo Hoeflich, Astrid Lomas y Lorena Ricaño.

“Yo no hago teatro por hacerlo. Tengo que hacer una obra que me guste, primeramente; luego, quién dirige; con los compañeros nunca tengo problemas. Me gusta hacer cosas bien hechas; por eso no hago una obra y al año siguiente otra; hacer por hacer, yo siento que es como quemarse…”

¿Qué te convenció de Puercoespín?

Primeramente, cuando me llamaron, que El Mosco les había indicado que me buscaran; el simple hecho de que sea Mosco, dije: ok, me encanta la idea. El texto de David Paquet es genial, me fascinó aun sin saber qué papel iba a hacer. A mí me gusta trabajar los textos poniendo cosas de mí y El Mosco siempre me lo permite. Cuando en septiembre de 2014 nos cita para hablar del proyecto, nos da la idea que tiene: él cree que la soledad y esa amargura de los personajes es más grave en personas de edad que en jóvenes, que tienen manera de asirse de otras cosas para salir avante, y una persona de la tercera edad ya está difícil, arrastrando traumas de toda la vida.

 

¿El amor se vive igual que cuando uno es joven?

Claro, ¡yo lo disfruto! Yo tengo 75 años y lo disfruto mucho.

Funciones de Puercoespín. Fotografías: Jaime Martín/Cultura UDG. Publicadas en Flickr: https://www.flickr.com/photos/culturaudg/albums/72157664641242080

Funciones de Puercoespín. Fotografías: Jaime Martín/Cultura UDG. Publicadas en Flickr: https://www.flickr.com/photos/culturaudg/albums/72157664641242080

 

Un fracaso, una decepción, un desengaño, ¿se viven igual a los 75 que cuando es joven? ¿No tiene ya uno experiencia?

Te duelen; los vives porque ya has tenido desencuentros o fracasos, pero sí te duelen. Ve el personaje de Silvano: es incongruente que una persona de esa edad siga siendo virgen; ése era mi mayor conflicto, porque yo de virgen no tengo nada, ¿verdad? Lo que hacía era apoyarme mucho en el texto, en las palabras clave, enfatizarlas para proyectarle eso al público, exactamente lo que Marco Aurelio no es pero Silvano sí. Así es como yo trabajo siempre.

 

¿Cuáles eran las claves con Silvano?

Ver a una mujer que le gusta y que inmediatamente sangre (de la nariz), tiemble, se le agite la pierna, quiera vomitar. Son cosas que tiene Silvano para hacerle ver al público que realmente le afecta que a esa edad siga siendo virgen y no pueda acercarse a una mujer. Hay un texto cuando hablo con Emilia: ‘¡Basta!, porque en este momento veo la foto en blanco y negro de la mujer que me hace ver la vida de colores’. En esas palabras clave me apoyo.

 

¿Lo trabajaron en mesa?

No tuvimos trabajo en mesa; rarísimo, porque El Mosco sí lo hace, en Calígula fueron tres meses. Él ya nos conocía a todos; nomás nos transmitió su idea, su concepto que tenía, el porqué del carrusel, y a través de las funciones fue cambiando cosas que, nos decía, nos daban más puntos de apoyo. Y ya: a partir de la quinta función El Mosco se perdió (risas), no lo volvimos a ver, pero nosotros, los seis, hicimos un gran equipo, nos apoyamos, nos ayudamos: de veras nos amamos increíblemente.

 

En 54 años de actor, ¿cuántas veces trabajaste con equipos así?

Nunca. Yo lo he dicho: éste es el primero en que, los seis, haz de cuenta que somos hermanos; más, porque entre hermanos todavía hay problemas, y aquí no. Y vaya que había trabajado con Jesús, con Carlos y con Maggie: nunca falta en el grupo la diva, o el que te ve chiquito, el que mete cizaña. Ésta es la primera vez que no he tenido problemas de ninguna naturaleza.

Funciones de Puercoespín. Fotografías: Jaime Martín/Cultura UDG. Publicadas en Flickr: https://www.flickr.com/photos/culturaudg/albums/72157664641242080

Funciones de Puercoespín. Fotografías: Jaime Martín/Cultura UDG. Publicadas en Flickr: https://www.flickr.com/photos/culturaudg/albums/72157664641242080

 

Tienes un buen grupo y estás cómodo, pero igual tienes que hacer a un personaje muy complicado.

Te voy a decir una cosa que es lo que a mí me da mucha satisfacción. Por ejemplo, cuando ves a Silvano con el psiquiatra: la gente se ríe, y disfruta, pero al final suben llorando y te dicen que los hiciste sentir cosas muy feas; en Salamanca, en Aguascalientes, yo me quedé así: chavos, mujeres, que estuvieron llorando porque los impactó tu personaje, pero se estaban riendo y, a pesar de eso, sí les llega. Quiere decir que estás haciendo bien tu trabajo. El personaje de Casandra: la gente se ríe, pero también sufren con ella, y se compadecen. A otros los odian: al de Carlos Hoeflich. Pero al final la gente sube. Cuando estuvimos en el foro Julio Castillo, en México, al final subieron dos jóvenes: perdón, nunca hacemos esto, pero queremos decirles que ojalá un día seamos tan grandes actores como ustedes. Te quedas de ojo cuadrado: muchachos jóvenes, en el DF, que están estudiando teatro. Son satisfacciones con las que dices: mi trabajo les llegó.

“Yo participé en la compañía de Luis Basurto, con Óscar Ortiz de Pinedo, que venían y se quedaban seis meses en el Teatro Experimental. Te estoy hablando del 62, 63. Luis Basurto aquí venía con Blanca Torres, Rogelio Guerra venía de galancito… Me tocó con María Tereza Montoya, una mujer que me impresionó, porque la sacaban del camerino sentada en una silla, la llevaban hasta la orilla del escenario y, cuando le tocaba a entrar a escena, se paraba y hacía una Bernarda Alba increíble; salía y otra vez a la silla, porque ya estaba grande, enferma. Yo veía esa energía y decía: ¡yo así quiero ser, como esa señora!”.

Stella Inda y vivir del teatro

“Jamás he pensado vivir del teatro; yo vivo para el teatro, porque si vivo del teatro ya me llevó la chingada. Desde 1957 empecé a trabajar y no he parado ni un día. Debería ser, sí, pero tú lo ves: con los actores en México, si no están en la Compañía Nacional del Teatro, percibiendo un sueldo, no tienen para comer.

“Stella Inda, mi gran maestra, amiguísima y todo, no tenía para comer. La trajo aquí el Movimiento Familiar Cristiano a dar clases y a dirigir obras de teatro y nosotros la manteníamos, prácticamente. Pero le aprendimos mucho; a mí me enseñó a ser mejor actor.

“Era una gran actriz; me enseñó muchas cosas. Una de las cosas que más recuerdo, me dijo: ‘Un buen observador siempre será un buen actor; tú ve en la calle a una persona, imagínatela, qué hace, a qué se dedica, todo’. A veces que estoy con mi familia, en un restaurante, me dicen: ‘Ya estás viendo a alguien’; me quedé con la costumbre. Quizás cuando voy a ver una obra de teatro me fijo mucho en eso, observo si el actor realmente analizó a su personaje de acuerdo con el texto. Y lo padre es cuando me ganan y me olvido de eso y estoy disfrutando”.

 

¿Qué es lo más difícil de llegar hasta allí con tu personaje?

No quiero ser pretencioso, pero subirme al escenario se me da muy fácil; te lo juro: me siento feliz arriba del escenario y sé que, lo que estoy haciendo, lo tengo que hacer bien. En Puercoespín lo único con lo que tengo que batallar es convencer al público de que una persona de 75 años sea virgen. Ése era el reto más importante, que la gente realmente me creyera, que estuviera convencida de que yo jamás había tenido sexo y que seguía siendo mi problema. Por eso, cuando ya me decido a que voy a ir a hablar con Casandra, híjole, es padrísimo. Y creo que se ha logrado tanto por el apoyo de los compañeros, como por buscar puntos de apoyo para convencer al público.

 

¿Cuál dirías que es la razón de que le haya ido bien a Puercoespín, en una ciudad donde es tan difícil que el público venga al teatro?

Se combinaron muchas cosas. Primero, el profesionalismo de Avión de Papel: jamás, en 54 años, había tenido producción de esa naturaleza; que estén al pendiente tuyo, hasta el mínimo detalle; eso te da una confianza y una seguridad enormes. El texto de David Paquet, que es genial. La idea del Mosco y cómo nos la transmitió, que logramos entenderlo y hasta le dimos más, que él se sorprendía y estaba contentísimo. Pero sí tiene mucho que ver la producción; te da tal seguridad que lo único que tienes que hacer es subirte y actuar, porque sabes que tienes quién te cuide en todo.

 

Hablas con mucho entusiasmo de tu trabajo en el teatro. ¿No tienes planes de dejarlo pronto?

¡Nunca! Mientras yo pueda caminar y me pueda subir al escenario, lo haré. Estoy ensayando Hamlet otra vez, Alicia Yapur trae otra idea distinta. Mientras pueda y haya quien me invite, y me guste, lo hago con mucho gusto.

Un actor del “Año de las Artes Plásticas”

Marco Aurelio Hernández presume su memoria con las fechas: debutó el 21 de septiembre de 1962 en el Teatro de la Comedia, que estaba en el sótano de Ocampo y López Cotilla, en la esquina opuesta a la entrada del actual foro Larva. En el edificio funcionaba la empresa Mosaicos Granada, pero el dueño mudó la fábrica y se acabó el teatro. El joven actor acababa de debutar cuando le llegó otra invitación.

“En el 62 me invitaron a la primera comedia titular del Teatro Experimental de Jalisco, que dirigió Luis Manuel Portilla”, cuenta. “Se presentaron tres obras con tres directores; con Jorge Arau, Proceso por la sombra de un burro, de Friedrich Dürrenmatt; luego con Paco Aceves, que dirigió El abogado del diablo, y La hostería del bohemio, una obra del clásico español, que dirigió Luis Manuel Portilla”.

Aunque fue una buena época, Hernández recuerda un resultado que no le gusta tanto y que le resulta similar al del siglo XXI en Guadalajara: los mejores actores de las compañías de la época se fueron, cada uno por su lado, a formar nuevos grupos. “Todos los que estuvieron allí se sintieron chingones: Roberto Vázquez, Daniel Salazar, Waldo Álvarez… proliferaron los grupos, todos eran directores, y lógicamente presentaban trabajos a veces no tan dignos. Eso fue lo malo, porque había muy buen teatro en Guadalajara”.

¿Cuán bueno? ¿Todo tiempo pasado fue mejor? El actor, que durante la conversación celebra obras hechas por jóvenes, concede un ejemplo de lo que llegó a ver: 1964, declarado Año de las Artes Plásticas en Jalisco. Según recuerda, “hubo teatro todo el año a 3 pesos, y veías las colas en las taquillas y le decían a la gente: compren boletos para mañana, ya para hoy no hay”.

“No me creas, pero la gente iba al teatro”, ataja. “Qué pasó: que, te digo, cada quien empezó a hacer sus grupos, como siguen proliferando ahorita, y que tú me digas que cada grupo tiene puras excelencias de actores… Por eso ves obras que son buenas, pero algo no te gusta. Y a veces te pasa que ves cosas como Salto de canario, y qué diferencia. En aquellos años todo el mundo empezó a hacer sus grupos, empezaron a hacer teatritos, y no había buenos actores para tanto grupo; es lo mismo que está pasando ahorita”.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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