Periodismo y teatro en Guadalajara

 


La procesión de López y Borbón y Vasconcelos (ole!)

 

 
Lo básico
 

Género:
 
Actores:
 
Clasificación:
 
Mes:
 
Domicilio: Prisciliano Sánchez casi esquina con Camarena, a la vuelta del Templo Expiatorio
 
Precios: $150 general
 
Horario: Sábado 20:00 horas, domingo 19:00 horas
 
Temporada: Regreso a foros en julio de 2017
 


En pocas palabras

En este país, hablar con claridad y hacerlo en público, ya lo sabemos, es un pecado. Decir que tenemos gobernantes de tentaciones totalitaristas (un ejemplo local y un favorito internacional) puede acarrear consecuencias serias. El precio por hablar es convertirse en un apestado del discurso en turno y, según sabemos, en tiempos de posverdad vale […]

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Posted Julio 29, 2017 by

 
Qué hay que saber
 
 

En este país, hablar con claridad y hacerlo en público, ya lo sabemos, es un pecado. Decir que tenemos gobernantes de tentaciones totalitaristas (un ejemplo local y un favorito internacional) puede acarrear consecuencias serias. El precio por hablar es convertirse en un apestado del discurso en turno y, según sabemos, en tiempos de posverdad vale más quien tiene un buen asesor de redes sociales que quien dice algo verdadero.

Por ejemplo: en torno a la Iglesia Católica medra una cultura del crimen, de la estafa y de la corrupción… pero media humanidad opina que defender su fe individual equivale a defender de forma acrítica a esa institución. O bien: podríamos simpatizar con un recio, bragado y viril líder político que nos hable derecho (ejemplo 1, ejemplo 2, ejemplo 3), pero nadie hablaría en voz alta de que el hijo le salió jotito. Porque, hasta el día de hoy, un homosexual es un apestado entre los apestados: un esperpento simpático, en el mejor de los casos, bueno para bailar a Gloria Trevi con tacones. Pero nadie se tomaría en serio si, digamos, un niño hace danza folclórica en vestidos femeninos, o si un actor famoso consiente que su niño chiquito se viste de mujer en una convención de cosplay, ¿verdad?

López y Borbón (cómo suena a Corona española, ese par de apellidos) han seguido trabajando y La procesión… va rumbo a las 100 funciones. Su breve temporada en Periplo incluye sólo seis noches casi sold out (las últimas serán el sábado 29 y domingo 30 de julio, y los boletos están peleadísimos para la segunda porque en la primera ya se acabaron)

La iglesia bonita es la que repica dulces campanas los domingos por la mañana. Políticos con carisma los hay de sobra. Pero jotos simpáticos: eso es otro tema. El joto simpático puede ser gritón y vulgar. Podemos sentarnos a oírlo si tenemos cervezas y si queda claro que, jotos, nomás los del show. Sana distancia. Uno puede imaginarse a los prohombres del lobby homofóbico bien decentes aplaudiendo un show travesti, porque nadie tendría duda de su integridad de machos defensores de “la familia”, pero sobrios y peinados después para acompañar el cortejo del infame “autobús de la libertad (sic y recontrasic)”.

Copatzin Borbón y Laura Iveth López lograron hace unos años que Tito Vasconcelos, un experimentado director mexicano y hoy pilar del género (dice Circee Rangel, otra de nuestras cabareteras, que Tito es el abuelito de los artistas del cabaret en el país), los acompañara en el proceso de desarrollar La procesión de la Santa Mentira, un espectáculo de cabaret interpretado por el primero y producido por la segunda. Fue su segunda empresa, después de Valentina y Valentona que tuvo su vida entre 2009 y 2011. La procesión… llegó inmediatamente después y su más reciente temporada cerró en 2014, pero en julio de 2017 tiene una nueva, en el Foro Periplo del barrio del Templo Expiatorio.

Cuando se le pregunta a otros teatreros por esta producción, varios recuerdan: “Ah, es la que el cardenal quiso prohibir”. Y parece que sí, que el célebre don ya retirado intentó sofocarla, sin que tampoco le echara muchas ganas. Porque López y Borbón (cómo suena a Corona española, ese par de apellidos) han seguido trabajando y La procesión… va rumbo a las 100 funciones. Su breve temporada en Periplo incluye sólo seis noches casi sold out (las últimas serán el sábado 29 y domingo 30 de julio, y los boletos están peleadísimos para la segunda porque en la primera ya se acabaron).

En función de La procesión de la Santa Mentira

Y la clave de que el espectáculo tenga tal éxito podría estar en cuatro rasgos: el primero, el carismático desempeño de Copatzin a lo largo de un puñado de personajes con que se echa a la bolsa al público desde el principio, con los que sostiene un monólogo tan adornado que no lo parece, y con los que convierte en cómplices de su desmadre y su crítica a quienes vinieron a divertirse pero tendrán que aceptar, gracias a su trabajo, que “homosexual” no puede ser ni una etiqueta ni una categoría para encajonar a las personas y calificar por anticipado su calidad moral.

El segundo, un trabajo de producción en apariencia simple, que evidencia no sólo una meticulosa vigilancia de detalles que van desde los vestuarios del actor hasta los gags de cabaret popular que incluyen venta de recuerditos (cómprelos: si usted ha ido antes a un cabaret de verdad sabrá que van a verle a la cara, pero si no los compra va a arrepentirse), pasando por aprovechar cada facilidad que el foro de teatro favorezca (como llevar chela a la mesa del público, a precio decente, para brindar con el actor cada vez que sus personajes, prestos para el copetín alegre, alcen el vaso).

O un tercero: el propio espíritu del espectáculo, que es cabaret a la mexicana: mitad fiesta de bar gay tapatío y mitad stand up de Netflix aderezado porque lo que López y Borbón explican que es la mano sabia de Tito Vasconcelos, su experiencia en el género y los teatros, su intuición para llevar de la manita al público de forma que el resultado no sea sólo aplausos para el actor y el show, sino de hecho una noche de complicidad en buena onda, una noche de “estamos de acuerdo aunque sea este rato” y echarse otro trago para que los políticos y curas transas se vayan a… a donde la decencia no permite escribir así nomás.

La cuarta posibilidad es que La procesión de la Santa Mentira de hecho conecte con el público en una ciudad en donde la posverdad (mentira administrada por profesionales) ya ni está de moda porque es mainstream. Acá teníamos un gobernador que nos mentaba la madre por preguntar si 90 millones de pesos no eran demasiado dinero público para un culto religioso, pero también tuvimos un gobernador que justificó golpizas a muchachos por andar en francachelas (y consecutivos). Y ahora tenemos un gobernador y un alcalde que dan combustible a los moneros por razones harto evidentes.

En Guadalajara es urgente decir las verdades que el cabaret permite. El cabaret es peludo y macizo, directo y canijo. Consciente del aguante local nivel jarrito de Tlaquepaque, Copatzin va armando su show con diplomacia y amabilidad, con un carisma a prueba de amargados y una disposición al guateque que es un ejemplo para casi cualquier actor de teatro: no se trata de hacer Shakespeare con espíritu pachanguero, sino de estar dispuesto, de veras, a que las cosas ocurran cuando uno está en escena, según lo que el público marque, lo que la música diga, lo que el chiste inesperado que se le ocurrió a una señora en la mesa de allá obligue a incorporar. Cada novedad en La procesión… es un desafío y de Borbón, como mínimo, puede decirse con cada momento: “Bien bajado ese balón”.

¿Funciona todo? Los tiempos han cambiado y al show quizá le pesa una falta de velocidad para colocarse en la coyuntura, que deje claro que el panismo y sus Emilios son buenísimos para el cabaret, pero que nuestra galería contemporánea de políticos no desmerece. El más enfático de los discursos del show, el vinculado a la igualdad y al respeto a la diversidad sexual, es por supuesto el más urgente para una ciudad como Guadalajara, y pocas presencias escénicas como la de Borbón son tan apreciables como para defenderlo, pero a ciertos textos les falta la sutileza con que se barajan otros asuntos en el espectáculo, con tal de no caer en lo panfletario.

Pero que no se confundan las cosas: los personajes de La procesión… son grandes hijos de la posverdad trumpiana y la chamba es de uno: al espectador le toca ir pescando si los chistes son sólo chistosos. Pista: no, no lo son. También nuestro cabaret a la tapatía apunta duro y a la cabeza y, por más que Borbón sea amable con su público, sus temas están calientes y sus reclamos son perentorios.

De más está decir que La procesión de la Santa Mentira es un show para gente de “criterio amplio”, lo que sea que signifique hoy ese eufemismo, inventado para describir a espectadores sin miedo de que le hablen de verdad. Si no es usted de ésos, pero ya le picó la curiosidad, una sugerencia: antes de entrar, encomiéndese a la Santa Papita. Dicen que es retemilagrosa.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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