Periodismo y teatro en Guadalajara

 


La máquina de abrazar: cómo hacer este mundo más acogedor al reconocer al otro

 


En pocas palabras

La vida cotidiana de una joven y la relación con su terapeuta ilustran los rasgos más confusos acerca del autismo, un trastorno muy mal comprendido socialmente

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Posted Octubre 29, 2019 by

 
Qué hay que saber
 
 

Así fue la función de preestreno

Por: Viridiana Quintero

La máquina de abrazar, obra dirigida por Sara Isabel Quintero, ofreció su preestreno el martes 22 de octubre de 2019 en el teatro del Centro Cultural Constitución. Dicha obra tendrá dos funciones más durante noviembre y en esta función se reflejó por qué no hay que perder la oportunidad de verla. 

“¿Qué sabemos del autismo?”, fue una de las preguntas que se hizo la psicoterapeuta Miriam Salinas (apareció luciendo un vestido azul muy formal, saco y tacones) al principio de la obra; ante el público explicó que ofrecería una ponencia, pero desde el inicio dejó en claro que su pensamiento un tanto radical no era igual que el de sus colegas, y criticó al gremio de los médicos que no toman en cuenta a sus pacientes, una crítica a los diagnósticos extremistas y al poder de algunos otros doctores.

Así llegó a exponer el caso de su paciente Iris de Silva. Cada oración contenía más y más tecnicismos; con una voz algo nerviosa pero que llenaba todo el teatro, presumía los avances de la medicina en cuanto a las personas con autismo, aunque no quedaba clara del todo la respuesta a la pregunta inicial. 

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un problema neurobiológico del desarrollo que ya se manifiesta durante los tres primeros años de vida y que perdurará a lo largo de todo el ciclo vital. Los síntomas fundamentales del autismo son dos:
– Deficiencias persistentes en la comunicación y en la interacción social.
– Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

La explicación de Autismo.com es pertinente porque, tras las definiciones rimbombantes de la doctora Miriam, la obra tenía un objetivo hasta ese momento: dejar en claro qué es el autismo. Al aparecer Iris no fue necesario acudir a ningún especialista, libro, definición o enciclopedia, ya que su sola presencia en el escenario hacía una descripción detallada del tema principal de la obra: el caso de una persona con Trastorno Espectro Autista.

La doctora describió la personalidad de su paciente: desde niña presentaba una inexplicable actitud, gritos inesperados, temblores, tendencia a la inmovilidad. Iris de Silva, una joven de una familia nuclear acomodada, vivía con su madre y padre, ambos profesionistas, y con Julio, su tío, quien estaba en su casa desde que ella tenía memoria. Al ver la interacción de los dos personajes, el espectador podía advertir cómo muchas presuposiciones sobre el autismo son mitos: que los autistas están aislados, o que no ven, sienten o escuchan las cosas de los demás.

En la obra, Iris y su doctora se comunican mediante lenguaje de señas, con palabras extrañas de un lenguaje que solo ellas entienden y gestos pronunciados; parece que entre ellas existe un lazo fuerte de afecto. Un cabello rizado, maquillaje verde que hace espirales en su rostro, un abrigo, un suéter, camisa de manga larga, vestido, calcetines y zapatos: así luce Iris. Iris tiembla, hace movimientos inesperados, grita, alza la voz, se distrae, levanta los brazos, se sienta en el piso. Habla rápido para explicar cosas como el ciclo de la fotosíntesis, habla lento, eleva el tono de su voz para que todo el auditorio se llene, pierde la mirada o, mejor dicho, la fija en un punto al que el público no puede llegar.

Ninguna explicación precedente deja tan claro qué es Iris, más que su presencia; y se ratifica cuando el público conoce a la amiga que la acompaña a la ponencia: Frida. Al ver a tanta gente, los nervios de Iris se elevan, pero esto no cambia su forma de relacionarse con el mundo.

La ponencia transcurre a la par del comportamiento de los personajes; las proyecciones en escena, así como la música de fondo y la armonía de la luz, hacen que la obra exponga muchas metáforas sobre lo que ocasiona que Iris, cuya vida siempre ha sido un largo viaje desde el silencio hacia la palabra, desde la palabra hacia la gente, comparta con el público cómo es que una máquina de abrazos, Frida y Miriam, la han ayudado a aprender a convivir con su propia vida diaria.

La directora de la obra agradeció al público de la función de preestreno, que, explicó, fue presentada como retribución del apoyo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de Jalisco; agradeció al recinto y a Cultura Zapopan y en breves minutos mencionó que abordar una obra de Sanchis Sinisterra con ese tema y ese tratamiento de lenguaje, donde el peso está en la palabra, resulta “muy arriesgado y retador”.

Llamar la atención sobre temas relativos al autismo, explicó Sara Isabel Quintero, se convirtió para el grupo en “una necesidad”. “Todas estas condiciones se les trata de una manera que tenemos que empezar a corregir. Muestran otra naturaleza, otra manera de estar en el mundo, y para nosotros era importante que desde el teatro se tocara este tema”.

Siempre tendrá valor el teatro que se basa en la palabra

  • Las actrices Fanny Rodríguez y Tereza Suárez, y la directora Sara Isabel Quintero, explicaron el recorrido de construcción de La máquina de abrazar al final de la función de preestreno.

Función de preestreno de La máquina de abrazar. Fotografías: Facebook Centro Cultural Constitución.

Por: Jorge Arturo Tovar

¿Quién comenzó el proyecto? ¿Cómo surgió la idea?

Tereza Suárez (TS): Quería un texto con personajes femeninos interesantes y complejos, sobre todo que tuvieran una buena relación, de sororidad. Leí muchos textos, principalmente de dramaturgas, pero este texto de Sanchis me mató. La relación, los personajes, el tema que no esperaba… no pensaba tocar un tema así. Ahí fue donde pensé en la maestra Sara Isabel para dirigir; vi a Fanny (Estefanía Rodríguez) con Lot, estaba platicando ya con la productora Lorena Navarrete para que me apoyara en este proceso.

 

Mencionas que buscabas un texto con personajes femeninos “complejos”. ¿A qué te refieres?

TS: Personajes que demostraran varias facetas en escena. Verles transitar por una serie de emociones y pensamientos más humanos, que no fuera melodramático (aunque esta obra tiene algunas partes que pudieran parecer melodrama), que tuvieran un back más fuerte. En esta obra ese back tiene que ver con la visibilidad de la mujer científica, sus estudios, las investigadoras… no se trata ese tema tan directamente pero el personaje de la psiquiatra carga con él.

Sara Isabel Quintero (SQ): Pienso que Tere se refería a complejo para ella como actriz e intérprete; no es fácil interpretar a este tipo de personajes (una científica y una autista), en un formato que juega con nosotros teatralmente pero que pretende ser una conferencia científica. Es muy teatral, un teatro dentro del otro. Si te confrontas con el texto, piensas: “¿Cómo aterrizar el discurso científico y estos conceptos? ¿Cómo es el conflicto ahí? ¿Cómo se resuelve?”. El texto fue un desafío tremendo para todos, incluyéndome.

 

El lenguaje fue un desafío muy particular…

SQ: Muy fuerte. En más de una ocasión hemos leído por ahí que Sanchis Sinisterra escribe para “público inteligente”. ¡Dios mío! ¿Cómo le hace una para escoger a ese público? Lo bueno es que en el texto nos salva cuando el personaje dice que es un público “heteróclito e indescriptible”. Siento que seguramente mucha gente en el público se sintió fuera de lugar, como preguntándose: “¿Esto es una función o una conferencia?”. Claro que, conforme va avanzando la obra, los recursos teatrales y el lenguaje van tomando forma…

Muchas cosas fueron complicadas en el proceso. Un conflicto constante para Fanny fue definir qué autismo tenemos en la obra. A pesar de la asesoría y las entrevistas con especialistas y demás, vimos que es imposible abarcarlos todos, porque hay tantas formas del autismo como personas autistas. Obvio que tuvimos la obligación de documentarnos, pero después caímos otra vez al texto y nos dimos cuenta de que nuestro autor es muy eficiente; ahí estaban todas las pautas para saber qué tipo de autista es Iris de Silva.

 

¿Qué hay sobre tu investigación y los referentes que usaste para la construcción de Iris de Silva?

Estefanía Rodríguez (ER): La construcción del personaje fue muy compleja y complicada, al igual que con cualquier otro personaje con una psicología bastante contundente. Al principio tenía muchas dudas; incluso, los últimos días de ensayo. Cuando escuchas la palabra “autista” puedes pensar en “personas que no sienten, muy brillantes, que no sonríen…” Y no. Tuvimos un recorrido en el DIF al principio, en el centro de autismo. Ahí nos resolvieron muchas dudas. Seguí buscando con un amigo psicoanalista, con una tía que es maestra y que ha tenido alumnos con autismo… usé referentes de películas, documentales… al final me quedo con esto que dice la doctora Miriam (personaje de la obra): entender que también son personas que sienten, que están segregadas, abandonadas, tachadas, etiquetadas. Entenderlo para tener la sensibilidad de interpretar al personaje. La directora fue un gran apoyo, porque ella tiene un familiar cercano con autismo.

Por la manera en que habla Iris y las cosas que dice, aunado a su diagnóstico, pude comprenderla. Me dio mucho material para trabajar corporalmente. Tuvimos una dinámica muy interesante la maestra Sara y yo el primer día de ensayo; ella me pedía que alargara las vocales, por ejemplo. Fuimos descubriendo muchas cosas muy interesantes sobre el camino.

No queremos etiquetar a las personas con autismo: no porque mi personaje esté desarrollado de esta manera queremos decir que todas las personas con autismo son así; son diversas. Solamente es la personalidad de Iris.

 

¿Qué hay de la construcción de personaje de la mujer científica? Es un referente muy distinto al de Iris.

TS: Investigué sobre especialistas que trabajan con el autismo. Por el discurso del personaje sobre la mafia profesional y la falta de visibilidad de las mujeres en la ciencia, tomé como referente a físicas, a muchas mujeres que luchan, incluso dejando de lado un poco la investigación por visibilizarse: no es posible que tengan salarios más bajos y que no puedan acceder a puestos de poder porque la ciencia esté controlada por hombres.

 

¿Qué sigue para La máquina de abrazar?

SQ: Aún no sabemos; las condiciones para acceder a la escena cada vez se complejizan mucho más. Estamos en el Centro Cultural Constitución porque nos abrieron las puertas; éste fue el preestreno. Este trabajo se ha hecho con mucho respeto, con la idea de que incluso personas autistas difieran con nosotros. Ni Sanchis ni nosotras pretendemos abarcar el todo.

Lo que comentaba Tere es cierto: la mujer sigue peleando. Esta científica, a estas alturas de su vida, se siente en medio de una mafia que la aplasta y acusa porque se ha atrevido a transgredir los modos y la ortodoxia que hay entre una doctora y su paciente. Por eso hace énfasis en: “Mi paciente y amiga Iris de Silva”. Es una mujer que ha roto esquemas, muy contestataria, y que de pronto le hierve la sangre y lanza discursos políticos y detractores del sistema. Constantemente ironiza sobre ojos que la ven y luego comprobamos que ciertamente la censuran. Esto es pauta de carácter.

¿Qué sigue para la obra? Lo que tenga que seguir. Tenemos dos funciones más en noviembre y quién sabe si estaremos seleccionados en las dos instancias que hacen convocatoria para acceder a cartelera. Creo que hemos enfrentado y afrontado este trabajo ciertamente con muchas dudas, mucho miedo… lo único que podemos hacer para exorcizar todo eso es ir concretando en un universo particular y pequeño como el de estos dos personajes. Me parece que es un texto muy valioso y pertinente. Creo que Tere y Fanny, como actrices y personajes, están conscientes de la necesidad de ser lo más elocuentes y claras con un público al que no esperaban (aunque no sea heteróclito e indescriptible, como indica Sanchis). Creo que esto puede tocar sensibilidades. Ciertamente es una situación social de la que todavía no se habla a menos que te competa de manera directa. Pero, si ves a alguien que no es tan directo de ti, mejor finges demencia. Además, ¿cuántas personas con un autismo más leve crees que no estén diagnosticadas? Creo que es bueno hablar de esto al público “común y corriente”.

El texto está descansado directamente en la palabra. Tiene un formato muy rígido, de manera que el recurso físico no es algo que nos ayude de manera notoria; es narraturgia y hay que afrontarla como tal. Creo que son textos que tienen muchísimo valor. Siempre tendrá valor el teatro que se basa en la palabra y, además, para el actor es un gran reto.

Todo el discurso científico de Sanchis finalmente se ve trastocado a algo lindo. La posibilidad de ser lúdicos. De interpretar de una manera con muchos parámetros que él nos da, pero libre. Es un señor al que admiro y respeto. Es uno de los textos que más trabajo me ha costado. No se los dije a mis actrices porque se supone que no puedo tener dudas, pero así fue (ríen).


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