Periodismo y teatro en Guadalajara

 


La extinción de la bruma y La extinción de los dinosaurios

 

 
Lo básico
 

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Domicilio: Penitenciaría casi esquina con Prisciliano Sánchez, a cuatro cuadras del Expiatorio
 
Precios: $150 general, $100 descuento
 
Horario: Viernes y sábados del 13 al 28 de octubre, 20:00 horas
 
Temporada: Segunda temporada
 


En pocas palabras

La historia de unos perdedores en violenta lucha contra la vida puede convertirse, también, en un pretexto para el otro, de acuerdo con esta crónica de Jorge Arturo Tovar

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Posted Octubre 28, 2017 by

 
Qué hay que saber
 
 

Vas en el camión y piensas en el desastre del día, de la semana, del mes. Piensas que poco a poco todo se pone más brumoso. Piensas que has estado insatisfecho y en cómo no tienes motivos para estarlo.

Bajas del camión y caminas por las sucias calles del barrio, rumbo a la obra. Una obra de teatro un viernes por la noche. Qué buenos planes, ¿no? Debes ser muy popular entre tus amigos. Andas solo entre pobres luces de alumbrado público y te pierdes. De repente, no sabes cómo, crees que te pasaste y tienes que regresar, que el teatro está más atrás.

Regresas.

Y lo encuentras.

Una modesta casa azul en la esquina de Penitenciaría: el Taller de Villalpando. Entras en una sala con un par de decenas de sillas dispuestas para espectadores que nunca llegan. Es como si hubieras entrado a una función privada. Sólo cinco personas en sala, sin contar a los actores. “Carajo, otra función vacía”. Es triste, nada más; nada que no hayas visto antes.

Y mientras dan las llamadas y tú sigues pensando en los lugares donde podrías estar y no estás porque la bruma no te permite llegar a ellos, apagan las luces y una voz anuncia: “Principiamos”.

Comienza la obra. Un soso señor cuenta una anécdota con celeridad: la muerte de un fulano y su acompañante por causas del destino. El otro reacciona. Mjá. Hay un diálogo. Hablan de esposas infieles y de andar dobleteando familias. Los dos son mayores. Adultos. Y en su seudoocaso de la vida viene la cínica proeza que puede dar un poco de esperanza para hacer ese ocaso un poco menos miserable: el asalto a una joyería, que casi, casi como una ocurrencia espontánea (aunque uno de ellos asegura haberlo meditado por meses) viene a darnos la acción desencadenada.

Es increíble cómo la edad lo vuelve a uno un cínico. A decir las cosas sin tapujos ni pelos en la lengua. Piensas que esa honestidad de los personajes en escena puede llevarte lejos. Si tan sólo la realidad fuera como la ficción…

Aparece otro. Ahora son tres. Al último lo anuncian como joven y pendejo. “En estos tiempos joven y pendejo son casi sinónimos”, dice uno. La verdad duele.

Planean el asalto. Los primeros dos quieren el dinero. Viajes, mujeres, comidas, todo lo que la vida tiene para ofrecer quieren consumirlo en este ocaso que poco a poco llega anunciándose a través de células muertas y diagnósticos médicos. El último es nomás pendejo y quiere para sus gastos. De algo hay que vivir.

Y al terminar, como en un acto de magia, aun en las anécdotas más absurdas y risibles que hay, el teatro consigue despejar un poquito la bruma. Darte unos indicios de hacia dónde puedes ir a partir de que salgas del foro. Tal vez es por esa cercanía que tuviste con esos desconocidos en la escena que durante una hora te expusieron sus más profundos dilemas y te hicieron dar cuenta de que puedes seguir andando aún sin ver. Te vas a dar en la madre, como ellos, pero en fin; igual te das en la madre si te quedas donde estás.

Agradeces, piensas, reflexionas, llegas a tu casa…

…y escribes.

Sigues insatisfecho y luego te vas a dormir.


Jorge Arturo Tovar

 
Estudiante de la licenciatura en Relaciones públicas y comunicación de la UDG. Colaborador en Radio UDG. Se forma como actor, dramaturgo e improvisador.


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