Periodismo y teatro en Guadalajara

 


La danza, el teatro y La niña de las caricaturas

 

 
Lo básico
 

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Precios: $120 general
 
Horario: Viernes 12 y 19 y sábados 13 y 20 de agosto, 20:30 horas.
 
Temporada: Primera temporada en foro, durante agosto de 2016.
 


En pocas palabras

“Mira la potencia que tienen sus cuerpos”. Ana Paula Uruñuela no está describiendo una pieza de maquinaria industrial, sino a las dos jóvenes que trabajan junto con ella y con el actor Alejandro Rodríguez en el montaje La niña de las caricaturas. Las aludidas son Laura Cruz y Paola Rubio, dos bailarinas profesionales formadas en […]

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Posted Agosto 10, 2016 by

 
Qué hay que saber
 
 

“Mira la potencia que tienen sus cuerpos”. Ana Paula Uruñuela no está describiendo una pieza de maquinaria industrial, sino a las dos jóvenes que trabajan junto con ella y con el actor Alejandro Rodríguez en el montaje La niña de las caricaturas. Las aludidas son Laura Cruz y Paola Rubio, dos bailarinas profesionales formadas en Guadalajara, y el comentario viene al caso porque, durante un ensayo en medio de su escenografía con un montón de llantas de auto viejas, intentan explicar qué importancia tiene que dos bailarinas, no dos actrices, se encarguen de presentar un espectáculo de teatro.

La bailarina y el actor son parte del grupo tapatío Paralelo Teatro, un ensamble que experimenta con las artes escénicas desde disciplinas físicas distintas de la actuación. Tal apuesta tiene un sentido concreto: un actor y un bailarín son profesionales que trabajan con sus cuerpos para reproducir la realidad o interpretarla en nuevas versiones; la danza busca la construcción de figuras y movimientos, el actor busca eficacia expresiva: ¿en dónde se cruzan?

La investigadora Patricia Cardona escribió alguna vez que cualquiera de esos profesionales necesita saber hacia dónde está su “mirada” o su interés mientras presenta un espectáculo, porque así atraerá el interés del público. Un bailarín que sólo se preocupa por cumplir con una coreografía, así como un actor que sólo recita textos memorizados, nos aburrirán. Hay algo más en ellos que nos fascina cuando expresan un sentimiento, exponen una idea o cuentan una historia.

¿Por qué no vemos, entonces, a más bailarines haciendo teatro o a más actores bailando? La respuesta básica es que sus técnicas de trabajo son distintas. De allí que los jóvenes de Paralelo Teatro se diviertan tanto: no nada más quieren combinar el teatro y la danza (también han usado artes marciales mixtas, por ejemplo), sino recorrer los puntos en común entre las varias formas del arte de la escena.

El montaje dura poco menos de 50 minutos y hasta ahora se ha presentado sólo en espacios abiertos, como el edificio de la Secretaría de Cultura Jalisco en Zaragoza y Reforma, donde dieron una función para el Festa 2016. Hay mucha interacción con el espectador, como, por ejemplo, cuando las niñas de la obra organizan una guerra de globos de agua.

 

Ensayo de La niña de las caricaturas. Fotografías: Paloma López/ÁgoraGDL.

“Romper” la danza

Las dos bailarinas de La niña de las caricaturas tuvieron que aceptar que sus directores les “romperían” la estructura de la danza: no movimiento, sino acciones; no coreografía, sino objetivo dramático; cómo usar sus talentos físicos para crear personajes. Pues en este montaje presentan a dos hermanitas que han sobrevivido un país en donde muchos niños, como ellas, pierden su infancia por causa de la violencia.

Por eso, mientras Cruz y Rubio ensayan, Uruñuela pide contemplarlas en sus papeles de niñas que juegan a ser los personajes de sus caricaturas favoritas: “Mira la potencia que tienen sus cuerpos”.

Desde el diplomado Interacciones, cuerpos en diálogo en Oaxaca, en septiembre de 2015, La niña de las caricaturas cambió mucho: el espectáculo que el público tapatío verá en Foro Periplo comenzó con dos niñas que jugaban en columpios y, luego, en un parque de juegos con llantas adaptadas. El cementerio de llantas que es su escenografía actual llegó apenas desde enero a la fecha

La niña de las caricaturas surgió de un diplomado en el que Alejandro Rodríguez y Ana Paula Uruñuela trabajaron en Oaxaca: Interacciones, cuerpos en diálogo, en el Centro de las Artes de San Agustín. Al preparar el montaje decidieron que explorarían los impulsos dentro del acto del juego, tal y como lo abordan los niños. Dice Rodríguez: “La construcción de todas las escenas es con base en ese imaginario, pero llevamos el juego a un nivel físico, casi acrobático”.

Pero el espectáculo habla en realidad sobre las infancias interrumpidas en los contextos de abierta guerra que vive México: desde los pequeños afectados por la actividad del crimen organizado hasta los que se convierten en “halcones” del narco, pasando por los que deben trabajar en la calle o sobrevivir una vez que se quedaron huérfanos.

“Siempre nos falta algo”

Las bailarinas Laura Cruz (25 años) y Paola Rubio (26 años) son, igual que Ana Paula Uruñuela, egresadas de la licenciatura en danza contemporánea del Instituto Superior de Artes Escénicas (ISAE), de Guadalajara. Las tres han trabajado en espectáculos de esa disciplina, pero Cruz y Rubio admiten que La niña de las caricaturas supone un reto completamente nuevo.

Rubio explica que sí tiene que ver con la diferencia entre la formación dancística y la exigencia actoral: “A pesar de que, como bailarinas de danza contemporánea, buscamos desestructurarnos, sigue siendo danza: tenemos un solo frente, resolvemos como bailarinas. Aquí hay que tener la cabeza en otra parte”.

“Sobre todo es la parte interpretativa, que yo no la habíamos hecho”, señala Laura Cruz. “Y además es algo que nunca, nunca se acaba: no ha habido un solo momento en que digamos que el trabajo ya quedó, que ya nos sintamos acostumbradas: siempre volvemos a empezar”.

“Desestructurar” la danza

El actor Rodríguez y la bailarina Uruñuela dirigiendo el trabajo, sobre una dramaturgia propuesta por Rodríguez, se toparon con la necesidad de entenderse con las bailarinas, que aportarían la fuerza y la precisión de sus cuerpos, pero que debían emplearlos para otros fines: acciones, no sólo movimiento.

—¿Es un conflicto para un bailarín cuando le pides que actúe, no sólo que baile?

Ana Paula Uruñuela: Fue algo nuevo, creo que nunca habíamos hecho un trabajo así fuera de las coreografías, pues sí hubo frustración al principio.

Alejandro Rodríguez: Sobre todo porque usamos tecnicismos diferentes en la danza y el teatro: cuando les hablaba de “acción” o de “imagen” ellas no entendían, fueron cosas que tuvimos que trabajar.

Ana Paula Uruñuela: En danza trabajas una coreografía, por ejemplo, con base en una sensación; la diferencia es que Alejandro construye todo a partir de imágenes. Nosotras nunca lo habíamos hecho: cuando se construye una secuencia desde el movimiento, es distinta de cuando se construye desde una imagen; no es lo mismo ver algo que está pasando en ese momento.

 

—¿Ellas interpretan personajes?

Alejandro Rodríguez: Sí, sin caer en que actúen a las niñas. Sí son niñas, pero la idea no es representarlas, sino que en el juego tú llegues a ver a dos niñas.

Ana Paula Uruñuela: Eso se crea con todo lo lúdico que hay en la obra: los juegos entre ellas, la metáfora del cementerio de llantas, con el que después construyen otras cosas.

Alejandro Rodríguez: Sí partimos de realizar algo coreográfico. Las primeras exploraciones sí fueron secuencias donde las dos estaban coordinadas y poco a poco fuimos desestructurando la danza, quitando cosas. Fue hacer una construcción escénica, más que hablar de teatro o de danza; lo que queremos ver son cuerpos presentes, presencias que ejecutan acciones muy precisas y muy claras. Yo creo que también las puede hacer un actor, pero sólo si tiene un dominio técnico muy preciso de su cuerpo. La actuación, como la concebimos los actores, pasa a un segundo plano porque la expresividad ya existe, y es cuestión de empujarlas a que detonen los impulsos.

Ana Paula Uruñuela: Hay mayor fuerza, los cuerpos tienen mayor potencia. En gran parte de la obra no hay diálogo: son los puros cuerpos los que construyen, los que te van llevando desde una escena a otra; son los cuerpos los que hablan.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


One Comment


  1.  
    Rodrigo Galindo

    Enhorabuena! Felicidades por esta nueva manera de expresión





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