Periodismo y teatro en Guadalajara

 


Guadalajara, sus contradicciones, Chejov y Nadie nos verá llorar

 

 
Lo básico
 

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Domicilio: Teatro Experimental de Jalisco: Calzada Independencia junto al complejo del Agua Azul, entre Calzada del Campesino y Constituyentes
 
Precios: $120 general, $100 con credencial de estudiante, maestro o tercera edad
 
Horario: 26, 27, 28, 29 de enero; 3, 4, 5, 10, 11 y 12 de febrero; jueves, viernes y sábados a las 20:30 horas; domingos a las 18:00 horas
 
Temporada: Estreno en enero de 2016
 


En pocas palabras

El director y dramaturgo Noé Morales Muñoz encabeza en Guadalajara un doble esfuerzo con base en técnicas de teatro documentales: el montaje de Nadie nos verá llorar, Chejov en Analco, y el Laboratorio de Creación Escénica Contemporánea

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Posted Enero 18, 2017 by

 
Qué hay que saber
 
 
  • Producido por Ánima Escénica, Nadie nos verá llorar se estrenará en el Teatro José Rosas Moreno de Lagos de Moreno: sábado 21 y domingo 22 de enero a las 19:00 horas, con entrada gratuita.

Anton Chejov retrató en Las tres hermanas a un grupo de personas, en Rusia a finales del siglo XIX, que esperan a que sus vidas cambien, pero van perdiendo poco a poco la esperanza porque el cambio, en la vida real, no es ni seguro ni alegre. Un poco como lo que ocurrió en Guadalajara después de las explosiones de 1992: sabemos que la ciudad empezó a cambiar, pero que las transformaciones no fueron automáticas, y que quizá las más importantes ni siquiera han terminado.

¿Cómo llevar eso al teatro, un lugar en donde, como anticipaban Chejov y otros maestros del realismo, podemos hablar de vidas de personas de verdad? Entre las muchas respuestas posibles, el dramaturgo y director Noé Morales Muñoz (Ciudad de México, 1977) se dedicó a buscar algunas junto con un grupo de artistas tapatíos, y el resultado de las reflexiones de este equipo está en Nadie nos verá llorar, Chejov en Analco, el espectáculo que presentarán en una temporada de funciones durante febrero en el Teatro Experimental de Jalisco.

La visita de Noé Morales a Guadalajara para el montaje de este espectáculo incluye, además, la convocatoria a un laboratorio de creación escénica en donde trabajará con herramientas de lo real y lo documental, y que tendrá lugar también en febrero. De ambos temas, el montaje y el laboratorio, habló en entrevista con ÁgoraGDL.

Entrecruzamientos

En principio, Morales Muñoz describe a Nadie nos verá llorar como un juego que, en realidad, provino de una larga etapa de trabajo junto con varios creativos de la ciudad, incluyendo a los actores David Arellano, Azucena Evans, Karina Hurtado y Meztli Robles. La intención fue partir del gtexto original de Chejov para extrapolar sus temas centrales y buscar desde allí una reflexión sobre Guadalajara después de las explosiones de 1992.

El resultado es una mezcla que, dice Noé Morales, no se acaba en la simple combinación, pero que tampoco es, ni sólo ficción, ni sólo teatro documental.

“Es un entrecruzamiento. Digamos que se toma la obra de Chejov como una plataforma temática: ciertos temas, ciertos rasgos de los personajes, se confrontan, se yuxtaponen, con inquietudes que tienen que ver con lo documental y con Guadalajara. En el trabajo de laboratorio surgió naturalmente una analogía con las explosiones del 22 de abril de 1992 en Analco: el tema de la catástrofe, cómo aparentemente trastoca y disloca todo un contexto en específico, pero al mismo tiempo tampoco transforma tanto al paso del tiempo; esta paradoja entre pasa y no pasa nada”.

No hace falta haber leído a Chejov para entender, pues, Nadie nos verá llorar, ni tampoco haber vivido la Guadalajara de los años noventa. Pero lo cierto es que un tapatío joven o adulto disfrutará el recorrido por historias personales en medio de las secuelas de Analco y los años gloriosos del Roxy, la contracultura y el conservadurismo católico

En el espectáculo que verá el público de Guadalajara, los cuatro actores no son ellos mismos, pero tampoco los personajes de Chejov. Según describe el director, Nadie nos verá llorar habla lo mismo de Las tres hermanas que de Analco: “Podría decir que se conforma un territorio intermedio entre aquello que podemos pensar que es lo real o documental y la ficción; no estamos haciendo ni la obra de teatro de Chejov tal cual, ni una obra documental: estamos jugando a construir un territorio intermedio, y creo que se vuelve interesante”.

¿Qué Guadalajara aparece en la obra? Noé Morales explica que se trata de “un imaginario de Guadalajara, una creación a partir de presencias escénicas, como la de las actrices y el actor, totalmente subjetivas; damos cuenta de la visión de la ciudad que cada uno tiene. Creo que el resultado es una pieza compleja, que no por eso es intelectual ni fría, sino que tiene momentos divertidos. Es, literalmente, un juego”.

 

Taller para artistas en febrero

En febrero, del lunes 6 al sábado 11, de 10:00 a 14:00 horas cada día, Noé Morales Muñoz encabezará el Laboratorio de Creación Escénica Contemporánea, concentrado en discutir herramientas para la construcción de piezas escénicas vinculadas a lo real, lo documental y lo biográfico.

Es un taller teórico y práctico dirigido a artistas con formación mínima o larga trayectoria, orientado a recordar que las autobiografías planteadas sinceramente no son suficientes para producir espectáculos teatrales: la técnica garantiza rigor a las obras escénicas. “Trabajo con ese principio de que no basta con ser sinceros para representar la realidad, sino que hay que hacer un trabajo de complejización y metaforización de esas realidades para hacerlas susceptibles de trabajo en escena”.

El montaje de Nadie nos verá llorar es un resultado, entre otras cosas, de estas herramientas con las que Noé Morales ha trabajado durante los últimos años, pero hay otro antecedente: Ser sus ojos, el montaje que hizo con la actriz Claudia Recinos en 2014, a partir de la historia personal de esta artista tapatía.

“Con Claudia trabajamos para complejizar la historia de su hermano preso: hicimos una reflexión en torno a varios temas que surgieron en nuestro trabajo de laboratorio. Hay que contar la historia de Claudia, de alguien específico, pero esa especificidad se vuelve interesante si, y sólo si, realmente es universal. Yo trabajo en el equilibrio: sí vamos a contar algo personal, pero vamos a complejizarlo, vamos a abrir temas de interés general, y eso hace que las piezas y los propios laboratorios se vuelvan más complejos, pluritemáticos. En el caso de Claudia, esto era: la obra tiene que ser interesante para la gente aunque no tenga un hermano en la cárcel”.

En el Laboratorio los artistas inscritos trabajarán con herramientas como microrrelatos. Tendrá lugar en la Casa de la Danza y las instrucciones para inscribirse están en el cartel publicado junto con esta nota.

 

La “escena expandida”

Pero lo que el director y dramaturgo sí admite es que, en todo caso, su aportación personal a Nadie nos verá llorar es una mirada externa de alguien asombrado con las contradicciones de la vida social de Guadalajara, que además, en los noventa, fue territorio de cambios mundiales evidentes, desde los contrastes entre el conservadurismo católico y la intensa actividad de la diversidad sexual, hasta la intensa vida local confrontada a cambios producidos por la globalización y el neoliberalismo.

“Simbólicamente, Guadalajara tiene para mí una importancia medular: la segunda ciudad de México, la ciudad del poder católico, de los machos, de los mariachis, de los futbolistas… no soy el primero que lo va a abordar, pero, con la gente del equipo creativo, nos asesoramos con otras personas, hicimos entrevistas, abrimos el proceso a una investigación no solamente escénica, y sí me confirmaron que esto puede ser desarrollable en casi cualquier contexto, pero que Guadalajara ofrece particularidades que pueden potenciar este discurso”.

¿Por qué emplear recursos de la hoy llamada “escena expandida” para producir un espectáculo teatral de este tipo? Después de descartar el uso gratuito de la etiqueta “escena expandida”, Noé Morales admite que tiene la convicción de que el teatro favorezca la apropiación local de sus grandes temas.

“Sonará muy pesado, pero es una convicción casi política e ideológica. Pude hacer una adaptación de la obra de Chejov, modernizar su lenguaje, cambiar Rusia por Guadalajara, yo qué sé, resolverla formalmente, y quizá habría quedado muy bien. Pero a mí me interesa lo peculiar: creo en el trabajo que se apropia de las cosas y que habla de lo individual: de un discurso, de un individuo. Para mí el sentido de hacer teatro, en este momento, tiene que ver con trabajar a partir de lo específico, de lo peculiar. Me cuesta trabajo imaginar que me digan: ven a montar Shakespeare como es, como está; nada más adaptar lenguaje, el caló, la jerga, lo coloquial. Yo respeto a la gente que lo hace, pero a nivel ideológico, diría político, yo no le veo mucho sentido; yo prefiero arriesgar con esto, me interesa que dar cuenta de lo que sucede en ese lugar y hablar de lo específico”.

Sí admite, sin embargo, que esa intención coincide con lo que hacen otros creadores del país, y remite, más a una tendencia o corriente, a un fenómeno del siglo XXI: “Lo ha dicho mucha gente de mejor manera: en las artes hay una crisis de la representación convencional; más allá de que algunos lo hagan por moda, yo sí creo, junto con otras personas, que es una forma tan válida como la convencional de dar cuenta de un momento histórico; he encontrado en este tipo de teatralidades un lugar muy fértil para trabajar y experimentar, para rodearme de gente, dialogar y conversar creativamente”.

 


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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