Periodismo y teatro en Guadalajara

 


El profe de teatro que se aceptó a sí mismo (pero luego interpretó a Salieri)

 

 
Lo básico
 

Director:
 
Actores: , ,
 
Autor:
 
Otros Creativos:
 
Foro:
 
Productor:
 
Mes: ,
 
Precios: Desde $250 pesos, en Ticketmaster
 
Horario: Viernes 29 de julio, 20:00 horas; sábado 30 de julio, 17:00 y 20:30 horas; domingo 31 de julio, 18:00 horas
 
Temporada: Cuatro funciones en su estreno, en julio y agosto de 2016
 


En pocas palabras

El Salieri del Teatro Degollado está a cargo de un actor que celebra 40 años en las tablas y que puede entender al personaje de Peter Shaffer, aunque su vida lo ha llevado por otros rumbos

0
Posted Julio 29, 2016 by

 
Qué hay que saber
 
 

Hace más de 15 años que Eduardo Villalpando enseña teatro. Nacido en Aguascalientes, radicado en Guadalajara, este actor y director tiene 40 de sus 56 años de vida en este ambiente, que, entre muchas otras cosas, está lleno de envidias y resentimientos. Él afirma que hace tiempo aceptó que viviría en paz con lo que es.

Nada más que el teatro, como la vida, está lleno de ironías: Villalpando planeaba celebrar su aniversario 40 en el teatro de este año, pero su trabajo le ocupó la agenda. Y entonces lo invitaron a un montaje en el que, al cabo, terminó por interpretar al protagonista: él es Antonio Salieri en el Amadeus de Peter Shaffer que el director Jorge Taddeo y más de 50 artistas estrenarán este viernes 29 de julio en el Teatro Degollado. Nada menos que un personaje definido por la envidia y el resentimiento: todo un regalo para su aniversario en las tablas.

Cuatro funciones y la última es gratis

Amadeus tendrá tres funciones entre viernes 29 y sábado 30 de julio en el Teatro Degollado, más una cuarta para inaugurar el festival Festa 2016. Ésta será gratuita pero, precisamente por eso, se anticipa que los boletos se acaben más rápido.

—¿Cómo te quedaste con el papel?

—Nunca había trabajado con Taddeo. Él ya me había invitado para La ópera de los tres centavos, pero no pude participar. Con Amadeus, me llamó para un personaje y hasta me dio a escoger, y me gustó el del Conde Orsino. En eso quedamos; Jesús Hernández iba a ser Salieri. Cuando no habíamos comenzado las lecturas, Jesús tuvo muchísima chamba y él mismo le dijo a Jorge: Eduardo te puede hacer el papel. Empezamos a probar y me quedé.

—Mucha gente recuerda a Salieri por la película de Milos Forman, y hoy algunos de sus momentos vuelven a ser famosos, hasta por los memes en internet. ¿Qué hacen ustedes con el papel?

—No hay un tono de comedia; hay un tono irónico y mordaz. Mira: si yo hubiera sabido que iba a ser Salieri, no volvía a ver la película. Pero finalmente uno tiene que guiarse por el material que tiene, que es el texto. A pesar de que uno se informe, sobre la vida de Salieri, la época, finalmente el personaje teatral en nada se parece al histórico: es realmente un personaje teatral, de ficción. Me sirvió como cultura general leer sobre Salieri, escuchar su música, empaparme de la situación histórica. Pero tengo que trabajar con base en lo que tengo, que es el texto de teatro. Creo que la gente se podrá reír porque es un personaje muy mordaz e irónico, en el sentido de cómo ve y cómo juzga a los demás. Para mí es odioso, la forma de ser del tipo, pero no sé si eso vaya a producir risa.

—El personaje no sólo es muy famoso por la película, sino por el mito del hombre resentido por el genio de Mozart.

—Desde antes de que supiera que iba a ser Salieri, a mí me remitió mucho a un cuento de Julio Cortázar que se llama El perseguidor, donde hay una relación de amor-odio entre un crítico de música y Charlie Parker, el saxofonista: él no puede concebir cómo una persona tan nefasta, desde su punto de vista moral y ético, sea capaz de lograr esa belleza. Pasa lo mismo con el Salieri de la obra: él es un fanático religioso que consagra su vida a Dios creyendo que Dios le va a pagar dándole talento y genio y, cuando compara lo que él hace con Mozart, se siente burlado por Dios y no puede concebir cómo una persona tan mundana haya sido bendecida. Pero finalmente hay un amor profundo por lo que hace Mozart.

Yo creo que la historia siempre está en el texto y tienes que trabajar con base en el material que el texto te da”

—Tras estudiarlo, ¿tienes una visión diferente de Salieri?

—El personaje histórico, obviamente. Fue un gran músico. Y fue maestro de los hijos de Mozart. Esa leyenda de que Salieri asesinó a Mozart viene a raíz de que, cuando ya estaba muy viejo, se acusaba de la muerte de Mozart, pero tal vez porque no le dio oportunidad de trabajo, porque fue una persona con mucho poder en la corte: era el que decidía las becas del Fonca y el Conaculta… Como que lo bloqueó de alguna manera, por lo mismo de que era muy estricto, muy correcto, y el comportamiento de Mozart se le haría muy fuera de lugar para la corte, y a lo mejor se acusó de que lo dejara morir de hambre. Obviamente un personaje así no tendría sentido teatralmente, por esta dicotomía que muestra el escritor. Yo creo que la historia siempre está en el texto y tienes que trabajar con base en el material que el texto te da: un fanático religioso, tremendo; como todos los católicos, con una culpogenia galopante, y que rompe con Dios ante la ingratitud que siente porque ha cumplido con todas las reglas, ha hecho ayuno, es abstinente sexual —casi, casi del opus dei, pues—, y Dios no le da el genio: no se conforma con tener talento, quiere genio. Rompe con Dios, pero está atormentado y esperando el castigo, que no llega, no llega. Finalmente se da cuenta de que el castigo es que va a ser olvidado.

Eduardo Villalpando, en una de las imágenes del muro Facebook Amadeus México, tomada por Esteban Sosa.

Eduardo Villalpando, en una de las imágenes del muro Facebook Amadeus México, tomada por Esteban Sosa.

—¿Le aprendes algo a un personaje como éste, después de 40 años de hacer teatro, sobre todo si es un personaje convencional?

—No me gusta la palabra convencional porque ahora se le usa en tono peyorativo. Mira: yo creo que cualquier personaje de una obra seria —hablo de un montaje con rigor, del género que sea, la alternativa, si es teatro posmoderno o, cómo le llaman ahora, escena expandida— te hace aprender algo. Una de las cosas que atrae del teatro es que todos los días es volver a comenzar. Terminas una obra y ya. Yo no sé qué vaya a pasar el domingo: terminas la cuarta función y no sabes qué va a pasar. Tienes que reinventarte y pensar en lo que va a venir. Y le aprendo mucho en muchos sentidos. Por ejemplo: la disciplina de memorizar, que no sé si esté pasado de moda memorizar, pero hacía años que no me le pegaba tanto a un libreto, de dos, tres horas diarias.

Por más que quieras crear, finalmente trabajas desde ti, desde lo que eres, y construyes con esa parte de ti que se parece al personaje…”

—Y no podías fallarle al texto de ese personaje…

—¡Nada! Y segundo: por muchas razones soy muy creyente del dicho de que, a papel aprendido, no hay mal actor: si tu inconsciente no está preocupado por el texto, puedes hacer otras cosas. Y el reto de que es un teatro grande y no hay micrófono: parece que eso no se usa ya, pero tan se usa que allí vamos a estar. Qué más quisiera uno que trabajar en un teatro para 200 personas donde no tengas que impostar la voz y pararte en tres cuartos. Es volver a un tipo de teatro que a la gente sigue gustándole y, si funciona, es pertinente hacerlo. Y sobre este personaje, algo que le escuchado a varios maestros de teatro: finalmente uno trabaja desde su persona. Por más que quieras crear, y sabes que la memoria emocional tan llevada y traída no es la panacea, finalmente trabajas desde ti, desde lo que eres, y construyes con esa parte de ti que se parece al personaje. Bueno: yo desde el primer momento me di cuenta de que no era un genio, pero no me angustié ni le reclamé a Dios. Me di cuenta de que tenía cierto talento y que con ése tenía que seguir viviendo. Cómo hubiera sido mi vida si hubiera renegado por el poco talento que la naturaleza o dios me dio. Y entonces busqué las veces que la envidia me ha entrado y cómo he podido librarme de ese sentimiento; a veces, cuando estás solo, cuando dices: pero por qué ése, que no tiene talento como yo… Te das cuenta de que hay muchos talentos en esta vida. Hay gente que tiene talento, y no lo digo de forma agresiva ni mucho menos, para hacer antesalas, cosa que Dios a mí me negó. Y hay gente que tiene talento para relacionarse socialmente, de mejor manera que yo, y con eso va construyendo su carrera. Vas entendiendo: la gente está donde debe estar y por algo. No es un designio divino, ni mucho menos; es porque su capacidad la lleva a cierto lugar, y no nada más por su talento; muchísimas cosas entran en juego. Cuando llegas a comprenderlo, aceptas el rol que te tocar jugar y estás contento y aceptas tu vida.

—¿Estás satisfecho con el director, el actor y el maestro que eres ahorita?

—Satisfecho, sí, pero no conforme. Satisfecho, sí. Como actor, me gustaría hacer más cosas, porque desgraciadamente pasa en Guadalajara que se maneja el star system a bajo nivel: se te encasilla de alguna manera. Para muchos, yo soy un actor cómico, y nunca me han visto en papeles serios y no he podido hacer muchos. Ésta es una gran oportunidad. Y pasa lo mismo con los textos que he montado: “No, es que Eduardo es bueno para dirigir comedia y nada más”. Y creo que en ese sentido soy muy diverso, me gustan muchas cosas. El único teatro que realmente no me gusta es en el que veo que no ensayaron.

Música, pero no un musical

El Amadeus que la gente de Guadalajara verá en el Teatro Degollado no es una obra musical, pero sí un espectáculo en el que la música juega un papel protagonista, explica Eduardo Villalpando, quien admite que, de hecho, tal rasgo fue un reto para su trabajo. “Yo lo tomé como disciplina; contrariamente a lo que pasa en la generalidad de los montajes, que la música está en función del actor o de la atmósfera de la escena, aquí hay momentos en donde estoy actuando en función de la música, prácticamente narrando la música, tengo que estar atento a sus tiempos, a los instrumentos que van entrando, en qué tono… No es como película de Pedro Infante, que se le ocurre cantar y aparece el mariachi quién sabe de dónde. Los personajes son espectadores de la ópera: llegamos, nos sentamos y vemos el ensayo y vemos su trabajo”.

 

 


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


0 Comments



Be the first to comment!


Leave a Response


(required)


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.