Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
ESTE MES
 

Susana Romo: teatro que ofrece una caricia para los bebés

 

 
Lo básico
 

Precio: $80 por cada bebé, $100 por cada adulto. Cupo máximo para 20 bebés con un acompañante, más 20 personas extra sin niños.
 
Horarios: 12:00 y 13:00 horas
 
Temporada: Cuarta temporada en abril de 2016: sábados 9, 16 y 30; domingos 10 y 17.
 
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En pocas palabras

Susana Romo, creadora del casi inédito spectáculo ¿Dónde está Isabela?, cuenta en entrevista cómo han confirmado la necesidad de incluir a las primeras infancias —palabras nuevas— en el teatro mexicano.

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Posted Abril 7, 2016 by

 
Lo que debes saber
 
 

El teatro es temerario. Hacerlo, además, por puro amor, es un auténtico desafío. Cuando la experimentada actriz y directora Susana Romo decidió hace unos años dedicarse a las audiencias más jóvenes, no imaginaba que llegaría hasta crear ¿Dónde está Isabela?, la primera obra de teatro para bebés que se hace en Guadalajara, la segunda en México y el pretexto ideal para hablar de los derechos de los bebés en la vida pública.

Su Isabela llega ya a una cuarta temporada de funciones que, hasta ahora, han estado tan al tope del público previsto como llenas de sorpresas. En entrevista, Susana Romo explica que precisamente el esfuerzo por atender a un público desatendido ha generado hallazgos: “Fue muy sorpresivo cómo respondió la gente, como si hubiera aparecido una cosa que no existía, y se empata con la necesidad de esas mamás y esos papás para tener un espacio al que ir con sus bebés, un espacio incluyente”.

Equipo de ¿Dónde está Isabela?. en una imagen de sus primeras funciones. Al centro adelante, Susana Romo. Foto: Facebook ¿Dónde está Isabela?

Equipo de ¿Dónde está Isabela?. en una imagen de sus primeras funciones. Al centro adelante, Susana Romo. Foto: Facebook ¿Dónde está Isabela?

Isabela no es, por supuesto, una obra de teatro convencional, con un argumento dramático, sino un trabajo en el que tres ejecutantes se dirigen a los niños y sus papás para ofrecerles un breve juego; los actores incluso se llaman “jugadores”. No es estimulación temprana, sino una especie de espacio lúdico en el que cada bebé participa según su propia personalidad.

Está planeada para presentarse en 30 minutos ante un público de 20 bebés con un adulto cada uno, más un máximo de 20 personas extra que ocupan un espacio aparte, sin niños. Hasta ahora, cuenta Susana Romo, todas las funciones se llenaron, incluso 15 días antes.

“La primera temporada en el Teatro Alarife, en medio de las obras del Tren Ligero, fue una locura, llegaba muchísima gente. Ahora estoy mucho más segura de que los espectadores se merecen un trato especial. Tenemos que entender todo lo que sucede desde que deciden venir a una función —el trayecto, dónde se estacionan, quién los recibe en la taquilla, las instalaciones alrededor del teatro— y que nosotros somos prestadores de un servicio. Yo sé que salir de la casa con un bebé es complicadísimo. Y luego, llegar al teatro y que no haya boletos: pues yo entendía a las mamás quejándose”.

 

Es curioso que confirmen, con un espectáculo que pretendía resolver una necesidad —la de atender a una audiencia específica—, que hay más necesidades por resolver para los espectadores en general.

Me di cuenta de que la ciudad no está hecha para los bebés. Estos esfuerzos tienen que ver con la inclusión de la primera infancia en la ciudad: en los espacios públicos y en los privados. No existen esos espacios, no existe la posibilidad de llegar con tu carriola si no la cargas todo el trayecto antes de llegar al Alarife. (…) El Auditorio Telmex fue otra cosa. Ese equipo tiene una capacidad de entender al servicio al espectador que no he visto en otro sitio. Hay teatros a donde llegas y te tratan mal, te hacen mala cara, te regañan, eso ha sido mi pleito; en el Telmex pusieron unas hileras de sillas en la sombra, les ofrecen agua, ordenaron un jardincito y los de seguridad permiten que los niños corran allí, hay una persona de primeros auxilios… Ellos tienen la infraestructura, pero no es sólo eso: si no fueran sensibles, dirían “ay, la gente ya compró el boleto…”. Creo que tiene que ver con modificar cómo atendemos al espectador: cuando se siente atendido, todo se completa; no es sólo lo artístico.

 

Guadalajara es una ciudad en donde hay cada vez más teatro para niños. ¿Ya hay más conciencia sobre la necesidad de crear espectáculos con este enfoque integral?

En general, diría que sí. Hay una evolución y gente muy interesada en trabajar bien. Soy muy preocupona, me preocupan los grupos que se lanzan al ruedo sin preparación. Tiene que hacerse con mucho cuidado, con estudios, con lectura, con preparación, independientemente de la lectura, de la estética.

 

¿Dónde se prepara uno para hacer teatro para niños?

El otro día nos preguntaban eso, si existía alguna especialidad ya reconocida; no, no existe, es parte de la lucha por que se nos tome en serio a quienes hacemos teatro para las jóvenes audiencias; sigue sin tomársenos en serio. Ahora que México fue el país invitado en el Festival de Bogotá, no había nada para jóvenes audiencias, de ningún estado; en la Muestra Nacional de Teatro no hubo nada para niños. Creo que eso tiene que ver con que en las escuelas, en las universidades, no exista una sola materia que estudie específicamente el teatro para jóvenes audiencias. ¿Cómo se prepara uno? Es un poco autodidacta: leyendo mucho, yendo mucho al teatro y buscando maestros. Sí los hay; hay gente muy, muy valiosa en México. Ahora que fui la tutora del diplomado de Práctica de Vuelo con especialidad en teatro para niños y jóvenes, vi allí la calidad de los maestros.

 

Muchísimos chavos, estudiantes, preguntan y quieren ir a ver. Se empieza a hablar —lo empiezo a escuchar en las mesas de trabajo y a los alumnos— sobre la primera infancia, algo de lo que no se hablaba hace dos años. Se empieza a sensibilizar a la gente sobre el tema y eso ya es bueno.

 

¿Has visto más teatro para bebés en México? Cuando empezaron con Isabela, sólo recordaban un trabajo anterior.

Acabamos de sacar la página de la Red Latinoamericana de Creación Escénica para los Primeros Años, que somos Teatro Al Vacío del DF, Colectivo Espiral de Tijuana y nosotros. Michelle Guerra, de Tijuana, tenía mucho tiempo intentando estrenar para bebés y su tesis de maestría era sobre eso; por fin estrenó, poquito después que nosotros, y es un espectáculo precioso, Con-templar. Estuvimos en Ciudad Victoria en el Festival Semillas para la Paz, el primer esfuerzo que se hizo de un festival para la primera infancia… ¿Ves?, es que empieza a surgir: hubo otro festival en Oaxaca. Es un impulso también de la Secretaría de Cultura federal: Alas y Raíces tiene un acento este año para trabajar sobre la primera infancia. Va a haber un montón de talleres, encuentros, fue una cosa que la Unicef le pidió a México… Como que se empiezan a juntar muchas cosas.

Imagen de Jaime Martín/Cultura UDG.

Imagen de Jaime Martín/Cultura UDG.

 

Como creadora del espectáculo, ¿cómo te sientes con esa primera etapa de Isabela?

Creo que salió bien, porque funciona con los bebés… pero creo que me salió muy cursi. Porque yo soy muy cursi. Tengo que aprender un poco a aceptar esa parte de mí. Ahora que vi lo de Teatro Al Vacío y lo de Michelle Guerra, son un poco más arrojados; yo soy demasiado cuidadosa y creo que tengo que aceptarlo. ¿Dónde está Isabela? es literalmente una caricia para los bebés: la música, los vestuarios, los colores, los movimientos de los jugadores, es como una caricia para los bebés, y eso quería yo. Creo que tengo que animarme a ser un poco más arrojada.

 

¿Cambian algo para esta nueva temporada?

Lo único es el ritmo. Los jugadores deben tener muy claro que su trabajo depende de la reacción de los bebés. Es que así debería ser en todo el teatro: los bebés reaccionan cada vez de distinta manera y entonces ellos deben sumarse a lo que los bebés les están proponiendo, y no al revés. Eso implica un entrenamiento muy fuerte. Después de cada función nos sentamos y revisamos: qué pasó con este bebé, con este otro. Un día iba una bebé muy incómoda, lloraba y se asustaba; los jugadores se concentraron en ella y me olvidaron a los otros 19, por estar preocupados: ¡los otros estaban bien y dejaron de pelarlos!

 

¿Los jugadores entrenan como en cualquier performance para sentir al público?

Todo el tiempo tienen que estar sintiendo a los bebés, y es una cosa de empatía y de lo que trabajamos del sistema límbico, esta comunicación a través de la mirada: los jugadores tienen que tener una tranquilidad muy especial, de mucha paz, casi un estado zen, para que los bebés puedan entrar en el juego. Es algo muy animal, los bebés reaccionan así. Ya de adultos, fingimos: aunque no confiemos en alguien, hacemos como que confiamos. Los bebés, no: si no confían, no entran. Ese entrenamiento ha sido muy fuerte para los jugadores; no pueden llegar turbios, incómodos, porque los bebés lo van a notar, no pueden disfrazarlo.

 

Escogiste a jugadores jóvenes y sin hijos; también son así las personas del equipo que reciben al público. ¿Eso tiene que ver?

No creo. Yo los elegí por su energía. José Agüero y Adrián Hernández, de Teatro Al Vacío, que son para mí lo máximo en esto, no tienen hijos, pero entienden hermosamente a los bebés. Creo que tiene que ver más con tu energía: hay gente a la que no le gustan los bebés y eso tampoco está mal. Yo necesitaba gente a la que le gustaran los bebés, que quisiera hacer contacto a nivel profundo con otro ser humano desde los cero hasta los 36 meses.

 

¿Todos los bebés reaccionan igual?

No, porque precisamente las reacciones develan las relaciones que tienen con sus papás y su personalidad. Hay bebés tímidos, otros más extrovertidos, pero además la media hora nos permite detectar si hay una relación de dependencia con el papá. Si la mamá empieza: “‘Ándale, ve, como los otros niños”, el bebé entonces no sabe qué hacer. Y hay mamás que sólo los ven jugar, y los bebés entonces son más independientes. Una cosa muy importante es que aprendemos a respetar la personalidad de cada niño: hay bebés que sólo observan y eso está bien, eso también es participar. Así como hay adultos que no se paran a bailar y no pasa nada, ¿no? No nos interesa que reaccionen igual.

 

Antes me contaste que tu hija fue “conejillo de indias” de los primeros ensayos. ¿Cómo la has visto reaccionar ahora?

Ya reacciona muy distinto, ya es mayor. Nos pasa mucho que ya se lo sabe y quiere meterse a jugar desde antes. En la casa la vemos haciendo los juegos con las manos, cantando.

 

Y como mamá, ¿te revela algo?

Creo que me recuerda, y ésa es la intención, que es necesario para ella que yo esté con ella. Nosotros le sugerimos a los papás que no tomen fotos durante la obra; no se los podemos prohibir, pero les recomendamos que vivan la experiencia. Aun así hay muchas mamás que se toman la selfi, pero pierdes un montón de cosas de tus bebés, de tus hijos, y creo que Isabela me enseña a darme esos tiempos con Juliana.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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