Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
ESTE MES
 

Piecitos y los bebés que son público de teatro

 

 
Lo básico
 

Precio: $180 por un bebé más un acompañante, $100 acompañante extra y observadores;
 
Horarios: Sábados y domingos de marzo, y 1 y 2 de abril, 13:00 horas
 
Temporada: Estreno en marzo de 2017
 
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En pocas palabras

La segunda producción de teatro para bebés hecha en Guadalajara, de nuevo a cargo de A la Deriva Teatro, recuerda cuán exigente puede ser este público de un espectáculo escénico

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Posted Marzo 5, 2017 by

 
Lo que debes saber
 
 

Los actores-jugadores, en función de Piecitos. Fotos: A la Deriva Teatro.

Somos tan buenos caminando —o eso creemos—, que se nos olvida que alguna vez fuimos incapaces de hacerlo sin ayuda, y que conforme descubrimos que llegaríamos a dominar aquella habilidad nos asombraban nuestros pies y sus dedos y que nuestras piernas fueran flexibles y fuertes. Nos gustaba caernos y usar los pies para pararnos, pero sobre todo nos gustaba caminar con otras personas: compartir el gusto de moverse sin ayuda, con completa autonomía y sin más impulso que el de ser dueño de uno mismo para divertirse.

Con Piecitos, una obra que explora estas ideas, A la Deriva Teatro da un segundo paso en su exploración del teatro para bebés, una alternativa de la escena que exige una cuidadosa comprensión del ritmo, la intensidad y la precisión. El objetivo no es sólo mantener la atención del público de bebés, sino también experimentar en el nivel más inmediato el valor de encontrarse con otras personas: los actores son “jugadores”, que siguen un guion básico pero cuidan sobre todo el contacto con los niños, el intercambio de miradas y la delicada retroalimentación de emociones y sensaciones.

Los bebés mandan

Si lleva a su bebé a Piecitos, deje que él mande. Es decir: confíe en que la obra está hecha para él como público, así que los organizadores harán un esfuerzo por que esté cómodo incluso si quiere comer, si se duerme, si llora, si hay que cambiarle el pañal. Relájese, guarde el celular y acompañe a su niño. No se preocupe. Aquí hay algunas ideas.

Ese contacto se rompe sin explicación racional: este público no saca su celular para contestar un mensaje de whatsapp, ni intenta acallar un ataque de tos, ni está coqueteando con su invitado en la butaca vecina. Este público se distrae por todo porque todo puede resultarle interesante: la luz que sólo está allí para enmarcar el escenario, el técnico que pasó cerca porque su playera blanca destacaba, el pelo de su mamá colgándole cerca de los ojos. Cualquiera de esas cosas puede ser más interesante que los esforzados actores-jugadores y su montaje sofisticado.

Como ocurría en ¿Dónde está Isabela?, o en los tan diferentes trabajos presentados durante el Fitpa que también A la Deriva Teatro organizó, el asombro de los adultos es que los bebés del público ignoran la luz, las playeras y el pelo de las mamás. Se concentran en el espectáculo, y cuando un bebé está atento los adultos a su alrededor sólo pueden estar fascinados.

Los jugadores caminan entre sonidos rítmicos y dulces, luego hacen bailar los pies en el aire, luego juegan a caerse y levantarse uno al otro. El espectáculo de Piecitos ocurre sobre un piso suave que recuerda a una flor y en el límite de cada pétalo hay un bebé: hay luces que cuelgan al centro y algunos juguetes que ruedan en el suelo. Son poco menos de 40 minutos de juego y, por supuesto, cada bebé decidirá si se une o no: si se queda sentado en su lado de la flor, si se mete al escenario gateando o caminando como pueda, si se queda dormido o si se sienta a platicar con el bebé de al lado.

Función de Piecitos. Fotos: A la Deriva Teatro.

¿Es teatro o no, uno dedicado a los bebés? La discusión se disuelve ante la respuesta del público: más allá de la reacción a un estímulo, los bebés que ven este espectáculo responden a una invitación al juego, con reglas que pretenden ponerse a su altura, pero que definitivamente los esperan con paciencia y respeto por su tamaño, su espacio, su miedo y su ánimo.

El público gobierna el ritmo de este espectáculo: el actor-jugador intenta comunicarse con él con la mirada porque no tiene otra herramienta. Bebés y adultos no hablan el mismo idioma: no se puede esperar que los bebés disfruten los dramas de Shakespeare. Pero el teatro es mucho más que personajes y peripecias: también puede ser un aparato sensorial que funciona según las necesidades del espectador.

Por eso en Piecitos puede ocurrir lo siguiente: un espectador gatea hasta el límite del escenario y se aleja del espectáculo. La mamá se pone nerviosa y alguno de los asistentes de la obra se acerca al niño para evitar que resbale por proscenio. De alguna forma hacen clic y el bebé permite que el desconocido lo cargue.

Y entonces sí: a esa altura, sostenido por un extraño, con la mamá a tres o cuatro metros, de repente ve el bebé a los jugadores-actores que hacen piruetas en el escenario de colores brillantes, y durante diez minutos se concentra en ver a aquella gente que le recuerda que alguna vez todos gateamos porque no sabíamos caminar. Y que gatear es divertido, igual que tumbarse en el piso y mirarse los dedos de los pies un rato. O divertido como caminar, sobre todo si lo hace uno junto a otras personas.

El bebé pide que lo bajen. Gatea al escenario. Por hoy, al menos, le agradece a su manera a los actores.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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