Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
ESTE MES
 

“Parece que soñar y tener esperanzas se ha vuelto un acto de resistencia”

 
Función de la primera temporada de Dicen que las tortugas no sueñan. Fotografía: Cultura UDG.
Función de la primera temporada de Dicen que las tortugas no sueñan. Fotografía: Cultura UDG.
Función de la primera temporada de Dicen que las tortugas no sueñan. Fotografía: Cultura UDG.

 
Lo básico
 

Precio: $60 general, niños 2x1
 
Horarios: Domingos, 13:00 horas
 
Temporada: Segunda temporada en el Teatro Vivian Blumenthal, del 17 de abril al 29 de mayo de 2016
 
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En pocas palabras

El actor y actual director del montaje para niños Dicen que las tortugas no sueñan defiende la temática de la obra

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Posted Abril 20, 2016 by

 
Lo que debes saber
 
 

Se vale soñar. De hecho, se vale tener esperanzas y crecer con ellas. Por supuesto que cuando uno pone los pies en la tierra se da cuenta de que también hay que hacerse responsables de esas esperanzas.

El grupo tapatío Diagonal Teatro desarrolló hace dos años una obra con esta premisa: Dicen que las tortugas no sueñan, un espectáculo para niños en el que Martín, un niño que vive en la playa, convive con su tortuga Catalina, que va haciéndose grande y más grande conforme acumula experiencias. A Martín le advierten que cuidado con cuánto crezca su amiga, pero de todas maneras se la lleva a su casa.. y un buen día ya no cabe en cualquier lado.

Dos años es un buen ciclo de vida para una obra independiente en Guadalajara. Jesús Sánchez, quien comenzó como actor del trabajo y ahora se encarga de dirigirlo, explica que parte de esa longevidad está en una terca labor de gestión para llevar el espectáculo a foros diferentes, pero también en el entusiasmo del pequeño equipo de actores, directores y músico.

Gracias a esa gestión, la Tortuga (así la llama) regresa en abril de 2016 a una nueva temporada en el Teatro Vivian Blumenthal, el primer foro formal en donde se presentó, y además a una función de los Miércoles de Teatro gratuito, el 20 de abril.

Su actual director expone que, en su opinión, si el trabajo sigue vivo es porque los recursos escénicos que buscó el equipo aún funcionan, aunque en el teatro para niños, espacio sobre el cual Sánchez y sus compañeros han reflexionado con insistencia, las cosas cambian de maneras impredecibles.

 

Función de la primera temporada de Dicen que las tortugas no sueñan. Fotografía: Cultura UDG.

Función de la primera temporada de Dicen que las tortugas no sueñan. Fotografía: Cultura UDG.

Después de dos años, algo tiene la Tortuga que aún te satisface como montaje…

El tema sigue llamándome la atención: el crecimiento de las personas y de los sueños, de las aspiraciones. Suena muy romántico pero, en estos tiempos tan duros, en que los niños están inmersos en la violencia que vive el país, mantener ese aspecto esperanzador es muy importante: parece que soñar y tener esperanzas se ha vuelto un acto de resistencia. Además, escénicamente, me parece que la Tortuga funciona muy bien: en cada lugar a donde vamos, el espectador sale interesado, algo le mueve.

 

¿Cómo diseñaron originalmente el trabajo de los actores para tratar de mantener atento al público?

En mi caso, hay mucho trabajo personal de observar a los niños. Desde que estuvimos en el museo Globo, este montaje estuvo muy acompañado por parte de niños: tuvimos tiempo de probarlo en ensayos con niños del barrio de Analco en situación de riesgo. Me parece que yo, como creador, tengo que flexibilizarme a todos los tipos de niños: es muy probable que un niño que sí va a los teatros tenga otro tipo de circunstancias.

“Estas cosas que funcionan en escena yo las pensé como en qué podría gustarle a un niño, qué podría descontextualizarlo de su vida cotidiana para que se enfoque. Esto pasa mucho con las caricaturas: se olvidan de la mamá y el papá cuando están viendo a Peppa Pig, por ejemplo. Pasa lo mismo con el teatro: se sumergen en la ficción. Nosotros probamos muchas cosas; algunas sí funcionaron y fue un proceso largo de prueba y error”.

 

Cuando lo comparas con otros montajes para niños en Guadalajara, ¿notas algún contraste?

No sé. No sé si otros montajes han tenido oportunidad de hacer estas pruebas con públicos como los niños del barrio de Analco. Lo platicábamos mucho con Marisol (Soto) cuando ella estaba en la dirección y yo actuando: estos niños no tendrían ni por qué prestarnos atención, su situación de riesgo es muy latente, viven un contexto muy duro, hay algunos que son hijos de prostitutas o de personas que se dedican al robo de autopartes… Son niños que ni siquiera están acostumbrados a estar sentados media hora. Y yo les decía: pues por eso, que nos estén regalando su atención, no encuentro palabras para agradecerlo. Haberlo probado en este contexto tan duro me permitió, a lo mejor, ver que en otros espacios también funciona: si ellos nos regalaban su atención en ese contexto tan difícil, en otro contexto, más acompañado, por la luz, por la música, también puede funcionar.

 

“El juego de los niños es dramático: mamá y papá que se pelean, policías y ladrones… siempre hay un conflicto. Si observas cómo enfrentan y cómo resuelven el conflicto, hay un paralelismo con la escena y ellos se enganchan: están jugando, el teatro es un juego”

¿Qué fórmulas funcionan en el trabajo para niños?

No te puedo explicar concretamente qué sucede. Yo diría que lo que me ha permitido seguir en eso es observarlos mucho, platicar con ellos. Susana del Pilar (directora de Globo Museo del Niño) nos decía que un niño se comporta muy diferente cuando platica con otro niño que cuando platica con adulto; cuando platican con nosotros, como que se moldean, hablan más fuerte, utilizan cierto lenguaje distinto. Esas cosas como “secretas” que tienen los niños, que sólo puedes observarlas sin que intervengas, son muy ricas: te das cuenta de cómo juegan, cómo se pelean, cómo resuelven conflictos, y eso te da material muy útil para la creación escénica. Tú observas cómo construyen e intentas hacer el traslado a la escena. Cómo se caen, cómo se arriesgan, cómo se pelean entre ellos, cómo lloran, cómo hacen berrinches. Esas cosas intento sumarlas a mi trabajo para que ellos se identifiquen, para que encuentren un momento en el que quizá digan: “Ah, sí me entienden, estas personas se preocupan por mi lenguaje”. No es algo consciente, por supuesto; es una cosa como sensitiva, esta libertad del teatro, que nos permite a todos encontrarnos en nuestro ser individual y, además, convivir en un espacio de tiempo.

 

Y con lo distintos que son los niños respecto de los adultos, ¿el teatro sí los refleja, sí les da oportunidad de verse?

Eso espero; los niños son los que deciden. Es que, aparte, crear teatro para niños tiene que ver con un principio muy básico y muy elemental del teatro: los niños van al teatro a pasar un momento; y deseablemente, un momento estético y agradable. Van con la pretensión cultural de los adultos nula, digamos; sólo van a pasar un momento de su vida. Me parece que hay que crear en esa tónica: que el momento sea agradable, entretenimiento y ocio; que puedan sentarse y disfrutar, descontextualizarse de su mundo un momento y estar allí, como sucede cuando están en la tele o como cuando están jugando, que es una manera en que, digamos, descansan de la realidad: ver la ficción. Claro que el teatro refleja tu mundo, pero también es ficción. El teatro para niños no es realista justo por eso, porque los niños buscan otra cosa; aunque haya temas realistas siempre es a partir del juego, del “¿y qué más?”. Creo que el teatro para niños tiene mucho que ver con eso: no solamente reflejar la realidad, sino darle otro significado, o hasta mejorarla.

 

El que lo reflexiona es el adulto, por supuesto.

Claro. Y claro que el trabajo viene después de mucha teoría y mucha reflexión. A mí me gusta mucho el teatro para niños porque te regresa a la parte más elemental y más básica del teatro: la convivencia y el entretenimiento; que lo que pase allí me diga algo y sea entretenido. Creo que, mientras los niños la pasen bien, vamos por buen camino. También creo que crear para niños tiene que ver mucho con la flexibilidad y las preguntas constantes: puede que  dentro de dos meses te diga que me equivoqué. La niñez, y más en nuestro país, está en constante cambio. Tortuga es potente por eso, porque sigue funcionando dos años después.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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