Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Teatro Al Vacío o por qué estar cerca de alguien es divertido

 


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Son el grupo pionero en México del teatro para bebés y traen dos espectáculos al Fitpa; Cerca, el primero, está pensado para niños desde tres años de edad… y sus papás

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Posted Julio 1, 2016 by

 
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Los niños se mueven. Por ahí de los tres años, y conforme crecen se pone peor, les da por bailar todo el tiempo, jugar con brazos y piernas, brincar y hacer ruido, tirarse el piso a estirarse y rodar y dar maromas. Las encanta jugar con las posibilidades de su propio cuerpo. Ahora bien: como los niños, ésta es una obra en la que hay dos personajes que no paran de moverse, que todo el tiempo corren y brincan y bailan. ¿Qué pasa cuando se encuentran, digamos, en medio de una excursión, y descubren que lo que hacen solitos podrían hacerlo en compañía de alguien más?

La dedicada compañía Teatro Al Vacío formada por Adrián Hernández y José Agüero le mostró al público del Fitpa de Guadalajara su idea de lo que ocurre cuando te encuentras con alguien más y prefieres guardar algo de distancia, aunque luego te das cuenta de que, posiblemente, la persona de allá enfrente es muy divertida: Cerca, un espectáculo que bien podría ser calificado de teatro físico, porque está cuidadosamente preparado para narrar una historia sin más gestos que los del cuerpo en movimiento, pero que da un muy importante lugar al ritmo, los gestos del rostro y dos o tres conmovedores objetos.

Teatro Al Vacío no es un invitado al menor al Fitpa: Hernández y Agüero son pioneros en México del teatro para bebés y su trabajo en la Ciudad de México es uno de los más visibles del país. Las obras de apariencia sencilla que producen y actúan —como Jugar, con la que visitaron Guadalajara a principios de 2015— tienen a su favor no sólo la experiencia de que los creadores han reflexionado varias veces desde la escena, sino también que han ido afinando el tono y los recursos que utilizan.

Cerca es un ejemplo muy elocuente: dos personajes de paseo recorren un escenario; cuando se descubren, uno de ellos busca el contacto con el otro, mientras que el segundo, más tímido, se resiste. El espacio no tiene obstáculos para ninguno: cada uno puede tomarlo por completo o quedarse en un rinconcito según le plazca, rodar o bailar o acostarse a leer un rato. Es la compañía, la convivencia, la que puede producir curiosidad, suspicacia, entusiasmo o hasta temor.

¿Qué pasa si le das una oportunidad a ese posible acompañante?

Función de Cerca. Fotos: ÁgoraGDL.

Función de Cerca. Fotos: ÁgoraGDL.

Piénsatelo un minuto. Mientras lo piensas, de repente, el cuerpo, que no sabe quedarse quieto, resuelve el supuesto conflicto: alguno de los dos comienza a moverse y el ruidito que hace genera un ritmo, que el otro imita y acompaña con otros movimientos. Ya no sabes quién empezó, cuál tenía miedo o cuál estaba más contento: ves a los dos bailando y corriendo, siguiéndose, satisfechos de haber hallado a alguien con quien pueden bailar y correr. Estar cerca de alguien, pues, es más divertido.

Tan divertido como ver a los niños (y a sus papás) mientras vigilan la obra, por supuesto. En Cerca el escenario es un cuadrado blanco y limpio con unas nubes cuadradas en el cielo. Alrededor está el público: en tapetes acolchonados los chiquitos, en sillas los grandotes. Primero, el espectáculo de los niños que necesitan entrar en contacto con los actores: “¡Te está siguiendo!”, le gritaba una niña al actor vestido de naranja que se dejaba imitar por el de verde. “¡Mira, va en su carro!”, opinaba a viva voz el niño que veía al actor de verde sentarse sobre una maleta con rueditas y probar un minirrecorrido por el escenario. “¿Se van a pelear?”, el niño que estaba seguro de que algo serio iba a ocurrir cada vez que el de naranja, alerta, ponía distancia respecto del de verde, que no dejaba de sonreírle desde lejos e intentaba conseguir siquiera una mirada más amistosa.

Luego, el baile. No es nada más que los niños se mueven: es que adoran moverse. Los niños no quieren estar quietos. Cuando han pasado los tres años, quedarse estáticos es una contradicción casi biológica. Aunque algunos de los pequeños espectadores en Cerca estaban absortos, acostados sobre el pecho para ver la obra —en la esquina de derecha al fondo había un jovencito muy educado y prudente pero fabulosamente aburrido, que cada tanto le preguntaba a sus papás si ya iba a pasar algo—, las cosas cambiaron cuando los actores de verde y de naranja descubrieron que bailando se caían mejor y se entendían muy bien: sonó una música para moverse y, mientras el de naranja le proponía un ritmo irresistible al de verde, por allá se paró una niña en su lugar a brincar junto con ellos, de otro lado un niño que era todo brazos y piernas, enfrente tres o cuatro más chiquitos a los que se les salían los aplausos. Ocurre que moverse, según parece cuando uno ve a un montón de niños chiquitos, es una actividad que sí o sí te pone de buen humor. Una de las voluntarias del Fitpa tuvo que ir con la mamá del niño brazos y piernas a darle algún recadito discreto que todos los demás espectadores vieron: posiblemente le pidió que no lo dejara que invadiera por completo el escenario. Acto prudente, pero simpático: los actores estaban muy concentrados en su trabajo, pero eran los primeros que volteaban a mirar al chiquillo feliz de moverse, para sonreírle, porque entendían lo que estaba ocurriendo. La mamá del presunto responsable admitió los cargos poquito después, al final de la función; los actores tuvieron la culpa, dijo en descargo de su retoño, que seguía bailando.

No es éste el espacio para arruinarle a nadie el final de Cerca. Sí, hay una historia: los niños la siguieron y, a juzgar por los rostros de varios —y los comentarios a voz en cuello de algunos—, la entendieron perfectamente. Y otros no, porque son muy pequeños, pero no era importante. Sólo hay que decir que Cerca conmueve y provoca, que las risas más espontáneas salían de los adultos y no nada más de los niños, que el calculado ritmo del espectáculo ponía los acentos en los momentos clave del drama. Que Agüero y Hernández salen a saludar a los niños al final, ya como actores, y que los niños chiquitos son un público muy honesto con sus opiniones.

Teatro Al Vacío tendrá una función más en el Fitpa de Guadalajara, con la obra Pulsar, para bebés hasta tres años de edad; los boletos se terminaron tres días antes, pero el grupo trabaja en la Ciudad de México y es constante en la presentación de sus espectáculos. Están en contacto con los artistas tapatíos que conviven con ellos vía la Red Latinoamericana de Creación Escénica para los Primeros Años.

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Charla con José y Adrián

Sobre cómo respondió Guadalajara al teatro para bebés entre la visita de Teatro Al Vacío en enero de 2015 y el Fitpa en julio de 2016

Adrián: Hace unos días platicaba con la escenógrafa de ¿Dónde está Isabela?, Carolina Jiménez, y ella me comentaba que en Guadalajara hay muy buen público. Nuestro referente, que es la Ciudad de México, es muy complicada, y siempre ha sido una pregunta que, habiendo tanta gente, no haya tanto movimiento teatral, desde las producciones hasta la asistencia del público. Y yo creo que yo lo entiendo un poco ese lado y porque la gente está abierta a propuestas como ésta, y responde. Sé que las temporadas de ¿Dónde está Isabela? han estado llenas, cuatro en menos de dos años; hay un festival ya… Sí es impresionante que se haya construido algo así, fuerte y tan rápido. Por supuesto que tiene que ver con el empeño de A la Deriva Teatro, pero también con una sociedad que sabe recibirla y acompañarla.

 

Sobre la respuesta del público

José: En la Ciudad de México hay mucha gente interesada porque no hay opciones para la primera infancia, pero lo interesante es que desde los espacios que hay en Guadalajara se haya abierta esa posibilidad y se haya sostenido el proyecto de ¿Dónde está Isabela?, y que A la Deriva haya querido ver más allá de su propio proyecto y haya generado este festival, un espacio que creo que va a ayudar a que la comunidad en general, y la comunidad artística de Guadalajara, dimensione las posibilidades. Estar en este espacio en el que podemos compartir estéticas y poéticas posibles en el teatro para la primera infancia tiene una relevancia que trasciende a Guadalajara: a nivel país es muy importante, porque en general cuesta mucho que se vea a la primera infancia; creo que el festival va a dar una primera respuesta a eso y va a abrir otras interrogantes.

 

Sobre los esfuerzos que faltan para promover el teatro para bebeés

Adrián y luego José: Creo que empieza a haber una respuesta desde las instituciones porque también está en la agenda política, a nivel latinoamericano, que tiene que haber una política incluyente de la primera infancia, por ejemplo en temas que tienen que ver con la alimentación y la salud. En la Ciudad de México vemos un poco que a la gente de teatro le hace falta entender por qué y para qué; creo que estas propuestas son tomadas en cuenta más por la sociedad fuera del ambiente artístico y por los espacios que tienen que ver con la educación. Hay que seguir trabajando en función de que se haga visible la importancia de crear para los primeros años y que este teatro es tan importante como el teatro en general, que es una opción para un público que no estaba atendido: tiene una especificidad y es bien importante trabajar con ella, pero no es más ni menos.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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