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Pulsar: teatro y encuentro que empiezan jugando

 


Atención

Pulsar, de Teatro Al Vacío, cerró el Fitpa 2016 de Guadalajara con una exhibición de recursos simples que capturan la atención de bebés y papás y ofrecen una sencilla metáfora del teatro.

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Posted Julio 4, 2016 by

 
Lee
 
 

El teatro para bebés está basado en el juego: tomemos por cierta esta declaración por unos momentos y preguntémonos si Teatro Al Vacío no será la demostración de que, de hecho, cualquier tipo de teatro está basado en el juego. La compañía especializada en este público que trabaja en la Ciudad de México diseñó durante una estancia en Bolonia, en el centro de trabajo que patrocina la compañía italiana La Baracca, un espectáculo en el que pasan cosas, se cuenta una historia, los personajes resuelven problemas… y todo lo demás que la teoría del drama exige; pero, sobre todo, en el que la acción se desarrolla gracias a que los dos actores otorgan profunda seriedad a una actividad que sólo tiene sentido porque es divertida y, porque es divertida, merece seriedad profunda.

Pulsar, la obra de teatro para bebés en cuestión, fue estrenada este domingo 3 de julio como espectáculo de clausura del Festival Internacional de Teatro para los Primeros Años (Fitpa), celebrado en Guadalajara a partir del 29 de junio. Como las otras cuatro obras presentadas durante este encuentro, Pulsar exhibe una muy calculada simplicidad que en principio puede explicarse si uno piensa en el público al que está dirigida: los niños muy chiquitos y sus papás, quienes comparten con sus hijos cada detalle al que ellos ponen atención.

Como en Cerca, la otra obra de Teatro Al Vacío en el Fitpa, dos personajes se encuentran en escena. De ese encuentro nace una necesidad de mirarse mientras comparten el espacio. Hay dos montones de tablitas, además; uno para cada uno. Los personajes están en igualdad de circunstancias y lo que deciden hacer es usar sus tablas para pararse sobre ellas, sentarse, equilibrarse encima con la barriga, arrastrarlas, frotarlas contra el suelo para bailar y patinar con ellas… A veces se imitan, a veces, cada uno, por su lado.

Pero entonces el juego lleva a una consecuencia obvia: si los personajes acomodan aquí y allá las tablas que tienen disponibles, terminan por armar un caminito en el piso, y por encontrarse en él cada vez más cerca, no porque encontrarse sea bueno o porque lo que deseemos para la humanidad que construya caminos para entenderse. Es más sencillo: cuando juegas con lo que hay en el mundo, un buen día te sorprendes en compañía de alguien más que quizá comparte tu juego. Y eso es divertido.

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Como en todas las demás obras del Fitpa de Guadalajara, el efecto que produce la obra en su público es un espectáculo en sí mismo, en todos las acepciones del término: seres humanos de unos meses de edad fascinados por la acción, por cada gesto sencillo, excitados al punto de brincar, agitarse, sacudirse en los brazos de sus papás. Aquí y allá niños seducidos por el ruido de las tablas de madera contra el piso, cuando los actores las frotan o las dejan caer al voltearlas y rodarlas. Ojos abiertos casi sin parpadeos, cabecitas que siguen al personaje y risas incontrolables si el hombre que está en cuclillas sobre una tablita ruidosa voltea, te mira y te saluda mientras te sonríe.

¿Teatro Al Vacío calcula o no el efecto que producirán sus espectáculos en los bebés? ¿Es posible prever cómo reaccionará el público cuando le ofrezcas una acción en la escena? Y si lo es, ¿es deseable? Hay más preguntas de este tipo que uno puede hacerse cuando mira a los niños determinados a gatear hasta donde están los actores con sus tablas para, posiblemente, tocar los objetos y mirarlos más de cerca.

Lo que no puede negarse es que, al menos un nivel primordial, los bebés responden a la acción en escena: la atienden y la siguen y se dejan conducir. Ya después reacciona cada uno como guste, porque los seres humanos somos muy parecidos pero también nos distinguimos mucho: en la función de estreno de Pulsar había una fila de bebitos en brazos embrujados por el inicio de la obra con reacciones muy similares, como apuntar con ojos redondos y dedos en las bocas hasta donde se movía al actor más cercano, pero al avanzar el juego uno decidió ponerse a gritar, otro reír, otro sacudirse en medio del abrazo de su mamá, otro agitar las manos y otro llorar quién sabe por qué.

Antes que Pulsar en el Fitpa se presentaron Kubik de Teatro Paraíso, de España; ¿Dónde está Isabela?, de los anfitriones tapatíos A la Deriva Teatro; Con-templar de Colectivo Teatro en Espiral, de Tijuana; y Cerca, de los mismos Al Vacío. Todas permiten que los niños atraviesen el escenario y jueguen con los objetos en escena o incluso con los actores durante un rato. En el caso de Cerca los niños terminaron bailando y uno temía que nadie podría sacarlos del Teatro Experimental de Jalisco.

En Pulsar el final es tan conmovedor, con los niños y sus padres tomando el espacio donde descansa el camino de tablitas, y los actores como testigos externos de que todos nos encontraremos al final en el mismo camino, que disfraza el recuerdo del cuadro inicial: los clímax de las obras de teatro para bebés llegan todos al final, con la toma del espacio y el escenario; en el principio, también en todas, está la serenidad del diseño de luces, el espacio delimitado, los actores aislados dentro de él. De un punto a otro hay, sobre todo, juego; posiblemente ensayo y coreografía, pero juego por delante. Sirve en el teatro para bebés; vale la pena pensar si no es la base, también, del resto del teatro que conocemos.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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