Periodismo y teatro en Guadalajara

 


Un largo Camino a casa

 

 
En resumen
 

Mes: 5
 
Mes:
 


En concreto

¿Es nuestro lado “romántico/protector” el que nos pide que el teatro para niñ@s sea diferente? Yo creo que todo el teatro para niñ@s es válido: el de la fantasía, el de las princesas, el que habla de la realidad, el que se realiza con títeres, con el cuerpo, la danza; todo es válido…

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Posted Junio 6, 2016 by

 
Artículo
 
 

¿Cuáles son los temas que se deben tratar con los niños y cuáles no? ¿Existen temas que realmente no se deben hablar con ellos? Y si ellos son los que preguntan, ¿cómo hablarlos sin ser un “aleccionador/moralista legítimamente (o políticamente) correcto”?

Con éstas y más dudas cerramos el pasado 29 de mayo una corta temporada de Camino a casa en el Teatro Jaime Torres Bodet. Este proyecto nació el año pasado, es el último que he realizado y en él me aventuré a dirigir y escribir.

Sobra decir que en este proceso he aprendido muchísimo. Por ejemplo, entendí a los directores con los que he trabajado en el pasado y sobre todo entendí desde un nuevo punto de vista el trabajo de los actores, quienes aceptaron acompañarme en este viaje en el cual, si bien no sabía exactamente qué puerto íbamos a tocar, sabía que tener el rumbo claro era el mayor reto.

Creo que el aprendizaje más rudo (por decirlo de una manera) de este proceso fue defender mis ideas, mi punto de vista y el porqué llevar a cabo este proyecto a los escenarios tapatíos, a pesar de los comentarios de los adultos espectadores e instituciones. Más adelante desarrollo este punto; primero entremos en contexto.

Camino a casa. Fotos de Jaime Martín/Cultura UDG.

Camino a casa. Fotos de Jaime Martín/Cultura UDG.

Camino a casa es la adaptación que realicé del fotocuento de Jairo Buitrago, el cual narra el trayecto a casa de una niña con un león al que ella le pide que la acompañe; al final se descubre por qué la niña lo imagina: hay una foto de su familia donde su papá tiene el cabello como la melena de león y a un lado hay un periódico con un artículo: “Familias de desaparecidos en 1985”.

Este libro significa mucho para mí porque cuando fui asistente de dirección en el primer montaje para niños, allá en el 2009, fue el año también en que cursé el primer taller de dramaturgia para niños con Maribel Carrasco, donde aprendí “la estructura del cuento maravilloso” y que cualquier tema se puede tratar si se parte del punto de vista del niñ@, una idea que hasta el día de hoy ha sido brújula en los proyectos que he realizado.

…hubo varios adultos que se acercaban a darnos su opinión: que ésta no era una obra para niños, o que esperaban algo más alegre; y también hubo adultos que se acercaron a decirnos que, hasta que vieron la obra y su hij@ les preguntaba, descubrieron que sí hacía falta hablar con ellos sobre esto porque compartimos el mismo país…

Recuerdo que un día, después del taller, me lancé a la FCE a buscar libros —sí, de la narrativa yo siempre he despegado— y encontré éste; a uno de los ensayos lo llevé para hablar de esto que había aprendido en ese taller y que atesoro mucho: el tema a tratar desde el punto de vista del niñ@.

Ya con el contexto inicial, caminemos a la segunda parte: ¿por qué llevar este proyecto a la escena tapatía? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no después o antes? Respecto al tiempo, creo que cada proyecto llega a ti en el momento exacto y preciso y el tiempo llegó después de asistir al congreso Next Generation 2014, en Polonia, donde una de las mesas de discusión fue sobre los temas que se presentan a las jóvenes audiencias: qué sí se debe hacer, qué no y por qué, más allá de lo que es tabú o no.

Con todo este panorama, además hay que tener en cuenta que en las fechas que decidí solicitar apoyo a Proyecta para producir Camino a casa en mi país nos hacían falta 43 estudiantes.

Estrenamos en el mes de septiembre, durante el primer aniversario de aquella ausencia. Durante las funciones, sí hubo varios adultos que se acercaban a darnos su opinión: que ésta no era una obra para niños, por qué hacerla, por qué no hacer algo diferente, o que esperaban algo más alegre; y como en todo, también hubo adultos que se acercaron a decirnos que, hasta que vieron la obra y su hij@ les preguntaba, descubrieron que sí hacía falta hablar con ellos sobre esto porque compartimos el mismo país.

En la segunda temporada, casi un año después de su estreno y tras trabajar en algunas modificaciones al texto, nos hemos dado cuenta de que no son sólo 43 los que nos hacen falta, sino que son más, y que cada día esa cifra va en aumento. ¿Por qué no hablar de ello con l@s niñ@s? ¿Es sólo en la narrativa donde se puede tocar el tema? ¿Es verdad que tenemos el teatro para niñ@s invadido? ¿Necesitamos esperar a que crezca el niñ@ para hablar de lo que sucede en su país que es de él, de nosotros, de todos? ¿Hay algo que no estoy viendo?

Con estas preguntas en la cabeza, me volqué a mi pequeña biblioteca en mi cuarto para encontrar un atisbo de respuestas; para mi sorpresa, descubrí esto:

 

El ruido de los huesos que crujen genera esperanza en los niños y desesperación en los adultos.

“Los adultos estaban tan molestos como no se puede imaginar y los niños les decían: ‘No, mira: la obra habla de una niña que logra defender al más pequeño y los niños encuentran a un adulto que los escucha, los consuela y los cura, que es lo que esperamos de ellos’. Para los chicos la obra era un himno a la esperanza y al futuro y los adultos, en cambio, se sentían acusados de no tener corazón y de ser absolutamente indiferentes al destino de estos pobres niños.

“No tengo miedo de provocar reacciones demasiado fuertes en el teatro —dice Lebeau—; lo necesitamos porque con la televisión nos estamos acostumbrando a las peores imágenes sin que sintamos ninguna emoción”.

 

No sé si alguna día un “valiente” monte este proyecto en Guadalajara; hasta ahora sólo la Compañía Nacional de Teatro, en colaboración con la compañía Le Carrusel, la montó en la Ciudad de México en el 2011 y volvió a los escenarios en el 2013.

¿Por qué digo un “valiente”? Porque en este texto se habla de la guerra, del trayecto de dos niños que logran escapar de ella y de una enfermera que los conoció cuando llegaron al refugio. Una obra recomendada para público de nueve años en adelante.

¿Quién soy yo para decir: esto sí y esto no? ¿Por qué quitarle al niñ@ la opción de decidir? Al contrario: el niñ@ debería tener una amplia gama a su disposición, todo debería producirse en mi ciudad y no solamente el que obtiene apoyos; que el teatro a su disposición sea el que al final logre que “los niñ@s salgan con esperanza”.

 

Y sí: hay niñ@s que viven esa realidad. No sé por qué cuando leí este texto, El ruido de los huesos que crujen, lo primero que pensé fue en los niñ@s de Tamaulipas, de Torreón, de Acapulco, de Chiapas, de Guatemala, de las colonias donde es común escuchar balaceras; pensé en los niñ@s en mi ciudad, en mi país donde vivimos una guerra pero que no ha sido abiertamente declarada por los adultos, por nosotros.

¿Debemos dejar de montar estos textos para que los adultos estén tranquilos? ¿No debemos hablar de estos temas con los niñ@s? Bueno: si no queremos hablar de la guerra, ¿podemos hablar de algo más rutinario como… un divorcio, tal vez?

Saco este tema por mi experiencia personal cuando asistí a Los sueños de Pako (proyecto que recomiendo ampliamente) y entendí por qué hay montajes donde el adulto no la pasa tan bien como los niñ@s: en el escenario se está viendo la realidad de una separación desde otro punto de vista que ni habíamos tomado en cuenta: el del niñ@. En este proyecto, los niñ@s encuentran en Pako a su igual, al niñ@ que está platicando lo que él siente, ve, escucha en su casa durante el divorcio de sus papás; nos platica su realidad, “desde su punto de vista”, sin prejuicios; sólo lo que es y lo que ahora tiene que vivir.

¿Es nuestro lado “romántico/protector” el que nos pide que el teatro para niñ@s sea diferente? Yo creo que todo el teatro para niñ@s es válido: el de la fantasía, el de las princesas, el que habla de la realidad, el que se realiza con títeres, con el cuerpo, la danza; todo es válido. Porque ¿quién soy yo para decir: esto sí y esto no? ¿Por qué quitarle al niñ@ la opción de decidir? Al contrario: el niñ@ debería tener una amplia gama a su disposición, todo debería producirse en mi ciudad y no solamente el que obtiene apoyos; que el teatro a su disposición sea el que al final logre que “los niñ@s salgan con esperanza”.

Creo que l@s niñ@s no son el futuro del país: son el presente, y que todos los que integramos esta sociedad (mayorías o minorías) tenemos nuestro punto de vista y (espero) que algún día sean presentados en las artes. Creo que las artes son el espacio que podría incluir todos los puntos de vista, y que no deberíamos tener miedo o creer que es “moda” presentarlo en un escenario.

Respecto a Camino a casa, no me declaro completamente satisfecha con el resultado; digo: creo que hay cosas por trabajar en el texto, que la dirección podría modificarse, que hay que seguir y seguir y seguir y seguir, que nada está escrito en piedra, que cada día surgen nuevas preguntas y nuevas posibilidades para responderlas en el escenario.

 

Referencias


Sofía Olmos

 


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