Periodismo y teatro en Guadalajara

 


Buenos días en el teatro para niños

Guadalajara será conocida por el teatro para públicos jóvenes, lo cual significa: la audacia de sus propuestas, la cuidadosa producción de ideas que pretenden ser respetuosas de la inteligencia de los niños y de su derecho a ocupar un sitio en la vida social y de sus familias, la convicción de que son ciudadanos y merecen una oferta cultural propia. Con todos esos rasgos tras de sí, es suficiente para que el teatro para niños de Guadalajara parezca el único, entre las artes escénicas locales, con una identidad propia, o al menos en el camino de lograrla por méritos y ambiciones.

El talento de profesionales como Susana Romo y Fausto Ramírez en la compañía A la Deriva Teatro, Karla Constantini y Circee Rangel en La Valentina Teatro, Sofía Olmos en sus proyectos independientes con numerosos artistas de la ciudad y otras compañías, entre las que no puede dejar de mencionarse a los especialistas en el teatro de títeres Luna Morena, parece una carta de presentación para el teatro jalisciense tan digna que, a veces, quienes somos espectadores del teatro local preferimos no hablar de otras líneas de trabajo: tan erráticas, vagas o desconectadas del mundo parecen.

Daniela Casillas y Daniel Macías en una escena de Camino a casa. Fotografía de Jaime Martín/Cultura -UDG, tomada de la cuenta Flickr de Cultura UDG.

Daniela Casillas y Daniel Macías en una escena de Camino a casa. Fotografía de Jaime Martín/Cultura -UDG, tomada de la cuenta Flickr de Cultura UDG.

Por supuesto, eso último no es sino una exageración; y también lo primero: en Guadalajara hay bastante teatro regular o mediocre hecho para niños y para públicos jóvenes —sobre todo, teatro para adolescentes aún informe—. Pero agosto y septiembre de 2015 son meses para presumir productos, al menos, ambiciosos en cuanto a sus intereses en el teatro para niños. Para empezar, ¿Dónde está Isabela?, el tan sui generis y en apariencia necesario trabajo de A la Deriva Teatro que pretende inaugurar en Jalisco las artes escénicas para bebés —para bebés, no para niños chiquitos: para bebés menores de tres años de edad—, ha extendido tanto su temporada de agosto que llegará a sus últimas funciones en la mitad de septiembre.

Mientras tanto, y pasada la cruda de la Muestra Estatal de Teatro, dos de las actrices jóvenes más experimentadas y respetadas de la ciudad debutan como directoras precisamente en este género, y las coincidencias entre sus montajes de estreno son tantas que es importante enumerarlas: no sólo trabajan pensando en niños como espectadores, sino que además han escogido textos y dramaturgias basados en problemas sociales —la violencia doméstica y las desapariciones forzadas— desde los puntos de vista de personajes niños, aunque, en realidad, los narradores protagonistas de ambos montajes son adultos que recuerdan sus infancias.

Ambos son, además, montajes que quieren ser luminosos. La palabra la emplea Sofía Olmos, quien ha echado mano del término más de una vez en su carrera como artista del teatro para niños. Los niños son cualquier cosa, menos aburridos, pesimistas o decadentes por naturaleza. Resisten, con la fuerza de quien tiene esperanza en un futuro mejor, dolores y penurias que harían llorar a más de un adulto. Y ríen, aun cuando lo hagan desde la fantasía, evasiva y escapista, pero eficaz para convocar la esperanza.

El teatro para niños puede ser así, igualmente: esperanzador. Al menos, eso proponen —en sendas entrevistas— los elencos de los dos montajes tan parecidos que estrenaron en septiembre sus primeras temporadas. Sofía Olmos dirige Camino a casa, pieza realista sobre las fantasías de una niña que ha perdido a su hermano mayor; Karina Hurtado dirige La historia de la oca, cuento con títeres sobre un niño y un ave que resisten juntos a las tormentas que los asustan.

Escena de La historia de la oca. Fotografía de Jaime Martín/Cultura -UDG, tomada de la cuenta Flickr de Cultura UDG.

Escena de La historia de la oca. Fotografía de Jaime Martín/Cultura -UDG, tomada de la cuenta Flickr de Cultura UDG.

Los dos espectáculos están esperando espectadores de todas las edades. Karina Hurtado asegura que no pretenden nada más que entretener y divertir al público pero que, si además logran que alguna familia se lleve a casa una conversación nueva, se sentirán, como artistas, victoriosos. Sofía Olmos recuerda que trabaja sobre la hipótesis de que el teatro para niños no termina cuando se acaba el espectáculo, sino cuando adultos y niños clausuran su conversación sobre lo que vieron en el teatro. Por eso, más que por otra cosa, suena a gran oportunidad que padres e hijos vayan juntos a ver cualquiera de estos montajes, que podrían extender la noción de que el teatro para niños que se hace en Guadalajara es la mejor carta de presentación de las artes escénicas locales.