Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Posted Marzo 18, 2018 by Iván González Vega in Cartelera
 
 

“No sé si el teatro logrará cambiar las cosas, pero sí participa en la discusión”: Michel Marc Bouchard

  • El dramaturgo canadiense hizo una breve visita a Guadalajara para recibir un homenaje y ver dos montajes tapatíos sobre su obra, vuelta muy popular en la ciudad

Michel Marc Bouchard (centro) posa en la escuela Inart de Guadalajara, junto al actor Oz Jiménez (fondo) y el director y traductor Boris Schoemann. Foto: ÁgoraGDL.

En la escuela de teatro Inart han recibido a muchas visitas ilustres, pero, cuando a los maestros de este instituto tapatío les dijeron que el dramaturgo Michel Marc Bouchard haría base en esta sede para cumplir parte de su visita a Guadalajara, los nervios casi les ganaron y se pusieron a sacarle brillo a la casona de la calle Pedro Moreno. No había nada de qué preocuparse: el autor de Tom en la granja es un tipo sencillo de charla entusiasta, listo para bromear de cualquier comentario, encantado de ver la “efervescencia juvenil” por el teatro que se vive en un espacio como ése.

El respetado escritor y guionista quebequés (1958) visita Guadalajara por segunda vez desde que conoció la FIL en 2002, pero esta vez regresa para recibir un homenaje de amigos y para ver, este sábado 17 de marzo, las funciones de los dos montajes más recientes puestos en esta ciudad con base en su conocida obra: Tom en la granja, precisamente, a cargo de los artistas de Colectivo Transeúnte que dirigen Inart, y La historia de la oca, montaje de la directora Karina Hurtado en el grupo Ánima Escénica.

Bouchard ofreció algunas entrevistas antes de sus dos funciones del sábado, acompañado por el director franco-mexicano Boris Schoemann, su traductor al español desde principios de siglo y responsable de siete montajes mexicanos sobre sus obras.

Ya todo ha sido dicho, lo que queda es el modo de decirlo. El arte está en la manera: es la firma particular, es el modo en que cuentas las historias”

¿Cómo se siente ser un escritor cuyos temas de teatro tienen eco en lugares tan distintos como México y Guadalajara?

Primero, es un orgullo. Es formidable ver que algo que escribo de mi propia tierra, con mis propias referencias, pueda tener eco en el extranjero, y que actores que no conozco, que obviamente trabajan de la mano de un director, se pasan semanas o meses con un material que no pensé para ellos, porque no es mi cultura. Ahora bien, uno no escribe diciendo: esto es para Francia, esto es para México. Es muy satisfactorio, la verdad.

 

¿Cómo se lo explica? ¿Tiene que ver con sus temas son lo suficientemente universales o con que nuestras culturas se parecen?

Yo no hablaría de temas, sino de la manera de contar cosas, de contar historias. Ya todo ha sido dicho, lo que queda es el modo de decirlo. El arte está en la manera: es la firma particular, es el modo en que cuentas las historias. Por ejemplo: Tom en la granja se trata de un joven que va a ver la familia de su difunto amante y esta familia no lo conoce; eso son solo tres ideas, pero es el modo de contarlas lo que le interesa al público.

 

Hay muchas dramaturgias que recurren a formas muy diferentes de la anécdota convencional: principio, desarrollo, conclusión. ¿Por qué usted aún prefiere ésta?

Porque contamos una historia, y eso es lo que se vive en la representación. Hay otros autores, que no nombraré, que pueden aburrirte después de treinta minutos, porque no le dieron al público ese “boleto para un viaje”. Mi trabajo es crear una comunicación intelectual, sensible, que haga al público olvidar el peso de su propio cuerpo. No hay nada más pesado que el aburrimiento. Es por eso en que mis historias, a pesar de tener conceptos dramatúrgicos que pueden ser complejos, no obvios, necesito que el público se sienta interesado por el porvenir, por lo que le va a pasar al personaje que está frente a él.

 

Hay un tema de todas formas que sí parece frecuente: la familia como un espacio en el que siempre hay violencias ocultas.

Para mí, la familia siempre ha sido el microcosmos del universo. Es el primer lugar del juego; jugar, también, en el sentido de la verdad y las mentiras. No es por nada que todas las religiones antiguas están basadas en la familia: la Madre, el Padre, la Tierra… Mi región, Lago de San Juan, al norte de Québec, es mi propio Peloponeso: en familia hay dioses, hay semidioses, hay parias… No es que yo esté buscando forzosamente en el melodrama familiar, pero sí (me interesa) ver la metáfora social de eso.

La historia de la oca pudo identificar alrededor de 50 niños golpeados, porque los niños hablaban de eso después de ver la obra. Y los maestros podían ver a detalle dónde había violencia: no era el propósito, pero sucedió”

En esas obras sobre familias, suele haber violencia hasta que alguien la nombra.

Tal vez nunca he sido tan violento como en Tom en la granja, donde la violencia se representa en escena; en mis otras obras, en general, sucedió antes, está narrada, pero es parte de una especie de firma sobre el cuerpo, sobre la piel… Bueno, no: no sé por qué digo esto, si en La historia de la oca también se ve. Cuando hablo de mi teatro, hago una especie de “muro cortafuegos” respecto de mi propia vida, no quiero exponer mi vida en mis obras; quiero que mis personajes existan sin que estén relacionados con mi propio pasado, porque siento que se está haciendo eso mucho en nuestra época, es muy común que la anécdota sea absolutamente a partir de lo que el autor vivió en su vida, como en muchas formas del biodrama. Y la violencia física finalmente es algo muy común: todo el fenómeno de #MeToo, que permite que las mujeres protesten, es un océano escondido de violencia física y psicológica que está sobresaliendo.

 

Justo en #MeToo aparece gente que sufre violencia y decidió alzar la voz en contra de ella. ¿Es lo que usted busca con obras como éstas?

Por lo menos, compartirlo. Y, efectivamente, erradicarla. Concretamente, La historia de la oca pudo identificar alrededor de 50 niños golpeados, porque los niños hablaban de eso después de ver la obra. Y los maestros podían ver a detalle dónde había violencia: no era el propósito, pero sucedió.

¿Qué opina de que la versión de Guadalajara de La historia de la oca esté montada con títeres, que producen un efecto muy peculiar en niños y en adultos?

La creación original también tenía títeres: no podemos tener una verdadera oca en escena, qué lástima (risas); pero el joven Mauricio sí era un actor en aquella versión. Lo que me parece fundamental en La historia de la oca es cuando el público es mixto: niños con adultos, porque es una temática que suele no tocarse.

 

Los adultos solemos preguntar: ¿por qué esa obra tiene ese final, por qué termina así?

¡Siempre ha ocurrido así, desde el principio! Los niños entienden la obra más rápidamente que los adultos, los adultos tienen mucho pudor de hablar de esto abiertamente. La obra fue realizada en Montreal, luego giró durante alrededor de 10 años, por 32 países, 500 representaciones en varios idiomas… y en las escuelas de Montreal nos prohibieron presentarla: fue el único lugar en el mundo donde ocurrió eso, porque les parecía que no era pedagógicamente válido.

 

¿Es más pesimista que sus otras obras?

Mauricio adulto, en la obra, dice que hablar de aquello no cura todo, pero eso es un gesto de esperanza en la obra; la fábula sí tiene ese suceso pesimista y violento… Tom tampoco termina muy bien…

 

En La divina ilusión, que se presentó el año pasado en la Ciudad de México, está el tema de la capacidad del teatro para enfrentarse a poderes muy grandes, como la Iglesia. ¿Usted cree en ese poder del teatro?

Es verdad que no tenemos el poder del cine, de los grandes medios de comunicación, de la televisión, pero es formidable el poder que tiene el teatro y que sigue existiendo después de dos mil años. En este momento, afuera de esta oficina, dentro de Inart, hay una efervescencia de jóvenes, se siente; y eso que en todas las épocas se llegó a pensar que el teatro estaba muriéndose. A veces es cierto que se dirige hacia la élite, pero sigo pensando que la élite puede forjar el pensamiento de la gente. Es cierto: el mundo culto, el mundo rico, puede acceder al teatro, pero qué bueno que el pueblo a veces también vaya al teatro; en México sí sucede. No sé si logrará cambiar las cosas, pero sí participa en la discusión.

 

También lo conocemos como guionista de cine. ¿Se siente más cómodo allá o encuentra algo que lo retenga en el teatro?

He hecho guiones “disfrazados”, porque he adaptado mis obras de teatro; participé en seis guiones cinematográficos, pero de mis propias obras. Quiero seguir la línea de la obra para que siga estando presente en la película. Apenas ahora voy a hacer un guion original, y es genial porque no está el fantasma de la obra detrás.

 

El guion de La reina varón o Reina Cristina (2015) ¿también está basado en una obra anterior?

Si tenemos tres horas, hablamos de eso, porque es un tema muy particular. El director Maki Kaurismaki se me acercó para trabajar en el guion de esta historia sobre la reina Cristina, no es un proyecto que yo empecé; fue un proceso muy difícil porque teníamos visiones distintas del personaje, la visión del director para mí era un poco paternalista, hasta machista, y la mía era de igualdad, de una mujer que logró una libertad sobresaliente. Pero, como sabemos, la película es la obra del director, no del guionista; así que, para poner mi visión en algún lado, primero decidí escribir la obra, y durante el proceso las dos obras, la de teatro y la de cine, se hablaron en algún lado.

¿Qué está escribiendo ahora?

Michel Marc Bouchard y Boris Schoemann son veloces para la risa. En medio de una entrevista, Schoemann decide celebrar el texto de la nueva y aún inconclusa obra nueva del quebequés; Bouchard entiende claramente las palabras en español y arquea las cejas para encajar los elogios, así que saca la cartera y comienza a aventarle dólares a Schoemann al regazo. El director se ríe, pero no interrumpe su respuesta; caen más dólares y una tarjeta de crédito, y por fin Schoemann tiene que hacer una pausa .

¿Qué está escribiendo usted ahora?, es la pregunta para Bouchard. En medio del chiste del elogio comprado, los dos francoparlantes completan la respuesta entre español y francés.

Boris: Ayer en la noche me leyó un fragmento de su última obra, La noche en que despertó. Todavía no la termina; yo tengo ese privilegio de escuchar las obras de Michel antes de que las termine y empiezo a traducirlas y luego las termina. Lo que me leyó es la quinta versión.

Michel: Es la historia de una tanatóloga de reputación mundial, que ha trabajado con celebridades, los tiranos del mundo, probablemente hasta para el papa Juan Pablo II; tiene un arte excepcional, y regresa a su pueblo de origen para embalsamar a su madre que acaba de morir. A partir de allí nace toda una intriga acerca de por qué se fue.

Boris: Hay un suspenso increíble.

Michel: Pero no es macabra.

Boris: Para nada, es de un humor increíble.

Michel: Además se lleva a toda su familia, a todos los hermanos, a participar en el proceso, a vestir, maquillar el cuerpo…

¿La vamos a ver en México?, es la última pregunta. Bouchard va a ofrecer un “sí” simple pero voltea a mirar a Schoemann, que ahora se pone serio y contesta con decisión:

—¡Sí!

Oz Jiménez, maestro en Inart y uno de los actores del Tom en la granja tapatío, se para sin hacer ruido y le ofrece un contrato imaginario a Bouchard, para comprometerlo a traer la obra en Guadalajara. Bouchard se ríe de nuevo y se pone a recoger sus dólares.

 

Así se vio la charla de Michel Marc Bouchard con público de Guadalajara, según lo transmitió Ánima Escénica este 17 de marzo de 2018

Posted by Ánima Escénica on Saturday, March 17, 2018


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


One Comment


  1.  
    David Paquet

    ¿y a mí cuándo me invitan? 🙁





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