Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Posted Noviembre 17, 2017 by Iván González Vega in Noticias
 
 

Los niños que hacen teatro y convirtieron a Santa Paula en la tierra del león y el pingüino

Jugar en serio 1

Algunos niños van a talleres de teatro, pero otros niños hacen teatro: son ellos los que deciden qué historias contar, cómo se verán los personajes, cuánto va a durar la obra. Todo lo que hay que hacer es invitarlos a romper su rutina de diario, por ejemplo en la colonia Santa Paula, de Tonalá, donde dos veces por semana la cancha de basquetbol que es también explanada central del Centro Comunitario Valle del Sol se llena de un puño de niños que juegan a contar historias con sus cuerpos, a gastar sus imparables energías con dedicación y a completarse relatos improvisados. O sea, a hacer teatro. Porque el teatro es un juego.

Los niños de Valle del Sol, en Santa Paula, Tonalá. Foto: ÁgoraGDL.

Desde hace cuatro años, las actrices tapatías Edith Castillo, Mariana Villalpando y Viridiana Piña Gómez están involucradas en el teatro comunitario hecho por niños y niñas. Su aventura más reciente es irse dos veces por semana a Santa Paula, una colonia en el poniente de Tonalá o en el oriente del Área Metropolitana de Guadalajara, según de dónde lo veas, y reunirse con unos 15 niños de entre 5 y 12 años que aceptan la invitación de divertirse juntos como teatreros.

Al Centro Comunitario Valle del Sol llegaron en marzo y allí encabezaron ya el esfuerzo del grupo de niños para producir Vote por el león, una obra acerca de la democracia que ha tenido 5 presentaciones en diferentes foros, incluyendo dos en la cancha de basquetbol.

Pero vienen más. Los días 18 y 19 de noviembre estarán en ¡Niñxs a escena!, Primer Encuentro de Pequeños Creadores Jalisco 2017, en Lagos de Moreno.

Samurais

El sábado 28 de octubre, los niños del taller de Santa Paula están reunidos en el comedor comunitario: toca desayuno grupal y el taller de teatro se retrasa unos minutos, hasta que de las puertas de la casa en donde comparten los tacos y los tamales sale la compacta avalancha de chiquillos a saludar y abrazar a sus maestras.

Como en cualquier taller de teatro, la camaradería agrupa a los niños. Cada quien tiene sus modos y conoce a sus amigos, pero al ponerse en “modo ensayo” acceden sin discusión al círculo inicial en donde van a presentarse ante los nuevos, compartir lo que les gusta y lo que no les gusta. Lo hacen por igual los grandes, que se dirigen a las maestras con familiaridad, que las más pequeñitas, que optan por abrazar a quien se descuide como si fuera su obligación repartir cariño.

Hoy toca hacer samuráis: te paras frente a un compañero y lo atacas a karatazos poderosos y salvajes, mientras lanzas un grito que coincida con la intensidad de tu temible golpazo; luego congelas tu posición al final y permites que tu compañero lance su propio ataque con su correspondiente sonido letal de por medio.

Como todos sabemos, está prohibido tocar al compañero: el ejercicio consiste en simular el golpe, pero hay que hacerlo con mucha atención: marcar las poses, los sonidos y el efecto que cada impacto tendría, que el cuerpo se dé gusto reaccionando con toda flexibilidad y sentido de la verdad al demoledor trancazo que —estamos jugando— no es de verdad. Y entonces los jóvenes actores de Santa Paula se doblan, vuelan por los aires, reciben con gusto la paliza y dejan que sus cuerpos se transformen con acrobacias.

Las maestras van detrás de un par de niños. “Que se oiga el sonido durante todo el golpe, así, largo”, y ponen el ejemplo con una patada de fantasía en cámara superlenta. Detienen al grupo y piden observar a una pareja de chiquillos que ya domina el arte de reaccionar con lógica ante los golpes de película.

Los niños más grandes se lucen en la furia guerrera del samurái. Las maestras piden a todos los demás que pongan atención al inolvidable duelo. Los segundos se alargan con épica de western. Puede oírse cómo salen poderes de las manos de los luchadores cuando lanzan un ataque mortal. El derrotado sale volando y rebota contra el suelo de la cancha. Está muerto.

O sea, muerto de risa. Igual que todos los que lo ven.

Contrastes

Los niños rompen la rutina, cómo no, de la vida en Santa Paula, una de las colonias con mayor marginación del Área Metropolitana de Guadalajara. La cancha entre las calles Valle del Nazareno y Valle del Sol, esquina con Valle del Porvenir, es una pequeña superficie de cemento que ocupa la mitad de una explanada de tierra, bordeada por algunos ficus y una pequeña cerca de alambre y palos. Uno puede llegar en el 644B o el 614, que pasan a unas cuadras, o bajar por la calle Marcos Lara, que comienza en la Carretera Libre a Zapotlanejo y recorre cuadras y cuadras en medio de estas colonias vecinas de las ladrilleras. Puede salirse también por la larga calle Arroyo de Enmedio, que ha ido beneficiándose de pavimentaciones recientes y del crecimiento de las colonias, ahora convertidas en un gran barrio lleno de comercios.

Ensayo de Vote por el león, en Valle del Sol, Santa Paula, Tonalá. Foto: ÁgoraGDL.

Si hace todavía pocos años Santa Paula era una zona de calles de tierra y arena o de empedrados, ahora hay más asfalto. Pero los contrastes son muy elocuentes. La cancha de basquetbol de Valle del Sol, donde trabajan los niños teatreros, sigue siendo vecina del canal de aguas negras que hace años corre bien abierto a media colonia. Es un angosto arroyito negruzco pero crece en las épocas de lluvias; dicen los vecinos que no siempre se desborda.

Apenas a cinco minutos en carro desde la cancha junto al canal, en Arroyo de Enmedio y José Álvarez, está el lindo fraccionamiento Hacienda Real, con su pluma de ingreso (¿sabrán los vecinos de allí que tienen teatro tan cerca?). Y no es más que un síntoma de las diferencias económicas que definen la vida en este lado de Tonalá: la calle José Álvarez, también conocida como la del Carril, está bien asfaltada, pero allí hacia abajo, rumbo a Valle del Sol, caminos de tierra, casas a medio terminar, nombres de calle pintados en las bardas.

Y un panorama que ni los niños ni sus familias, ni modo, pueden ignorar: uno o dos puntos de venta de drogas, que los vecinos toleran cerca de sus casas, de sus escuelas y de sus tiendas. Bien a la vista. La Policía de Tonalá tiene prometido a los vecinos que combatirá el problema de pandillerismo, que es una de las preocupaciones centrales para el amplio barrio: la colonia está llena de niños.

Algunos números

El Censo de Población y Vivienda de 2010 tomó algunas medidas colonia por colonia de los municipios metropolitanos de Guadalajara. En Santa Paula halló 12,815 personas, de las cuales 3,710 eran por entonces niños de cero a 11 años de edad: uno de cada cuatro habitantes.

Si uno busca en internet noticias sobre Santa Paula se encuentra con noticias de dos tipos: policiacas (1, 2, 3) y asistencialistas (1, 2, 3). Si revisa la información en el sitio del Gobierno de Jalisco se encuentra con el programa Vamos Juntos, una iniciativa de la Secretaría de Desarrollo e Integración Social aplicada en zonas como La Jauja, la colonia Jalisco y Santa Paula que, entre otras cosas, ha implicado mejoras y obras como una unidad deportiva de tres millones de pesos inaugurada a finales de 2016.

El robot de internet Seguridad Map de Jalisco, del Gobierno estatal, permite encender y apagar manchas de colores con base en estadísticas de seguridad y marginación sobre el mapa del estado. Una de las manchas que indican mayor actividad delictiva está rumbo a Santa Paula y Santa Rosa, la colonia con que el mapa identifica a las calles de los niños teatreros. También tiene un botón para ilustrar el grado de marginación colonia por colonia: sobre las calles de Valle del Sol se pinta de rojo intenso.

La tierra del león y del pingüino

En Valle del Nazareno, sin embargo, esta mañana no se habla de pobreza, drogas ni inseguridad. Se habla de la democracia. De cómo todos tenemos derecho de decidir el futuro. De cómo los acuerdos son mejores que las imposiciones y de cómo podemos vivir en paz.

Los niños del taller que supervisan Edith, Piña y Mariana montaron Vote por el león, un texto de Antonio y Javier Malpica que las tres actrices y maestras adaptaron para los pequeños actores. Dura poco menos de 40 minutos y narra el descontento popular que prevalece en la selva por causa de ciertas conductas autoritarias del león, típico rey insensible a las necesidades de su pueblo.

Los niños y niñas que unos minutos antes eran un ruidoso grupo entregado al juego y el chacoteo se disciplinan aquí. Es decir, trabajan a media risa, pero bien atentos al ensayo. Valeria, Citlali y Darinka se esfuerzan por corregir lo que sus compañeros van olvidando mientras intentan recordar sus propios trazos. Kevin parece incontrolable pero en realidad acata con ejemplar humildad las correcciones de la maestra. Cristopher y Hazel, encargados de algunos de los papeles principales, asumen sus roles de líderes, pero encajan con entrega de profesionales el tono actoral que requieren sus personajes: puede que la comedia sea pura fiesta, pero necesita orden.

—¿Qué seguía aquí? —pregunta la maestra Edith, distraída por atender tres cosas a la vez a media escena, pero la maestra Piña duda unos segundos.

—Es que aquí entraba Hipopótamo, maestra —anota una de las niñas, oportunamente para no cortar el ritmo del ensayo.

La obra comienza con una breve coreografía, cómo no, con “The lion sleeps tonight”, pero luego muestra cómo el León y sus leales espían a los rebeldes que quieren derrocarlo. Cuando va a estallar la revolución, uno de los animales habla de democracia. La jungla en pleno persuade al rey para que se someta al juicio del pueblo. Y entonces hay elecciones. Nadie sabe por qué (y a los niños los mata de risa la idea, pero se aguantan las carcajadas hasta que termina la escena), un candidato a gobernar la selva es un pingüino del frío ártico.

La jornada electoral termina con fiesta, bien animada por las Mariposas, niñitas por debajo de los ocho años de edad. No se les borra la sonrisa mientras cumplen con su instrucción escénica de volar de un lado a otro de la selva, entre Gorilas, Jirafas, Lobos y otras fieras. Al final del ensayo aún resuena la consigna popular del día: “La selva, unida, jamás será vencida”.

Hoy solo le dan una pasada al montaje. Faltaron algunos actores. De uno, confirmado, se sabe que tiene problemas en casa. La función deberá continuar, pero las maestras lamentan las ausencias. Saben que “problemas en casa” puede significar cosas desagradables, pero al menos hubo 15 niños hoy en el ensayo. Se estiraron, entrenaron, repasaron la obra y recibieron instrucciones de seguir estudiando sus textos en casa.

Jugaron, pues. Y les dejaron de tarea seguir jugando.

Ferrocarrileros

Edith y Piña empezaron a trabajar con niños en 2013; Mariana se les unió poco después. Cada una tenía sus propios proyectos pero las dos primeras coincidieron en el grupo local A la Deriva, especializado en públicos jóvenes. La compañía recibió el aviso de que un centro cultural del gobierno de Guadalajara buscaba quien se encargara de un taller de actuación para niños: el de la colonia Ferrocarril, precisamente otra zona de alta marginación en el municipio central de Jalisco.

El Centro Creativo La Ferro fue clave para estas tres artistas metidas en el teatro comunitario: cada una mantiene actividades por su cuenta, pero su compromiso con los niños de los talleres define buena parte de sus agendas.

 

Ensayo con los niños de Los Ferrocarrileros

“Si se acaban los recursos del programa”, informa Edith con la diplomacia de una artista que participa en una actividad patrocinada por el gobierno, “no podemos nada más dejar a los niños: hay que seguir con el proyecto”.  Viridiana secunda el argumento: “Es un espacio muy importante para ellos. Tendría que haber uno así en muchas otras colonias, tendría que llegar a más niños”.

El centro de los talleres comunitarios está en el enfoque de teatro hecho por las niñas y los niños, fomentado por el fondo nacional Alas y Raíces: las clases no sirven para que los niños se enseñen a actuar o a hacer obras, para que se conviertan en artistas; en realidad son un espacio de encuentro en el que, con diferentes metodologías de participación, van explorando su expresividad y haciendo propuestas con base en sus propios intereses.

Con cuatro años en La Ferro, el taller fue evolucionando. Ya no son nada más las clases del Centro Creativo, sino que es el grupo de teatro Los Ferrocarrileros, un orgulloso proyecto de los niños de la colonia, que hoy son dueños de dos producciones de repertorio: Una historia de gemelos, sobre el texto de Berta Hiriart y que es una pieza sobre por qué niños y niñas pueden tener las mismas responsabilidades en casa, y El Sur viaja en tren, escrita por Enrique Olmos de Ita tras consultar a los chiquillos, y que narra la convivencia de los niños con el ferrocarril de su colonia sobre el que viajan los migrantes.

Edith, Piña y Mariana siguen trabajando en La Ferro, pero la vida y los niños de Los Ferrocarrileros las pusieron en contacto con más grupos similares en Jalisco y en el paísPor eso decidieron expandir la propuesta: usar el teatro para encontrarse con niños de zonas marginadas de la ciudad y ayudarlos a que, al menos, se diviertan, cuando no a que den una salida a las preocupaciones de sus complicados entornos.

Y así llegaron a Santa Paula, con los niños de Valle del Sol, esta vez con apoyo de la Secretaría de Cultura Jalisco y del programa nacional México, Cultura para la Armonía. Dos veces por semana acompañan a esos niños de Tonalá a que salgan un rato de la rutina: se encuentran con otros niños en un espacio de juego, de baile, de invertir sus interminables energías en una mañana de hacer mucho ejercicio; observan cómo un poquito de disciplina es algo valioso, cómo si respetas a tus compañeros ellos te respetan a ti, cómo se puede convivir con tus vecinos de una manera pacífica y entretenida.

 

Los niños de Valle del Sol en El Rehilete, de Zapopan. Tomada del Facebook de Edith Castillo.

Jugar en serio 2

Y así nació Vote por el león. Ya dio funciones aquí en Santa Paula, pero también en la Jalisco, en El Rehilete de Zapopan y en más espacios. Y los han visto sus papás, sus vecinos, otros niños que luego vienen a sumarse al grupo. Los han visto los niños de Los Ferrocarrileros. Y los han visto más niños de otros rumbos de la ciudad.

Hay niños en esta colonia de Tonalá que evidentemente entienden al teatro: tienen ritmo, capacidad de escuchar las réplicas y los imprevistos en la escena, buena memoria.

Pero el teatro, como lo hacen los profesionales más dedicados, quizá pasa a un segundo plano cuando los niños de Santa Paula y de La Ferro están trabajando.

No es que no sea serio; por el contrario: hacer teatro rompe la rutina de Santa Paula. Le da otro sentido a la cancha de básquet, al canalito de aguas negras, a la vida en un barrio lleno de niños y familias, con ganas de disfrutar el tiempo que puedes compartir con tus vecinos.

Pero no dejar de ser un juego. Porque el teatro es un juego.

Y los niños de Santa Paula se lo toman muy en serio.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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