Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Posted Junio 17, 2017 by Iván González Vega in Noticias
 
 

“A veces no necesitamos una licenciatura para impulsar la formación”: Sandra Muñoz


Actriz, directora y especialista en gestión de proyectos artísticos, la tamaulipeca Sandra Muñoz es integrante del Sistema Nacional de Creadores y además ha colaborado por años con el Programa Nacional de Formación Continua del INBA. Gracias a ese trabajo ha podido visitar varias ciudades de México, algunas veces como creadora y otras, además como encargada de talleres. Vino a Guadalajara para la Muestra Nacional de 2010 y regresó en 2017, invitada por el Encuentro de Estudiantes de Teatro (ENTE) a ofrecer el taller Sinergia. En un descanso entre clases concedió esta entrevista.

¿Qué impresión le produce encontrarse en un encuentro de estudiantes que provienen de diferentes escuelas?

Es un trabajo extraordinario. Ocurre mucho en nuestro país que, cuando la gente empieza a trabajar de manera profesional, siempre hay estas extrañas rivalidades que no nos dejan ir a ningún lado. Por eso me parece extraordinario el esfuerzo de conjuntar a los chicos que apenas están estudiando o terminando su carrera, para entender de manera mucho más orgánica que el teatro necesita la colaboración conjunta; si no, nunca vamos a llegar a ningún lado. Es padre que empiecen a sentir que el otro que viene de otra escuela no es su enemigo, sino su aliado.

“A veces no necesitamos que exista una licenciatura o una escuela como tal; Colima es un estado donde creo que tampoco hay escuela de teatro, pero el Instituto de Cultura está haciendo esfuerzos por llevar diplomados, cursos (…) Uno, como teatrero, nunca termina de aprender”

Un cubo Rubik en escena

Sandra Muñoz está preparando la última parte de su trilogía escénica ­Sh-Boom, un proyecto que comenzó en Tampico y continuó en Campeche. En él revisan temas como la soledad y el amor y se toma a La Odisea como uno de sus puntos de partida, para producir un “cubo Rubik” de experiencias escénicas. La tercera parte tendrá lugar en Matamoros; hay información sobre el trabajo en el Facebook oficial del proyecto.

¿Se nota que hay diferencias en la formación de los alumnos de su taller?

Sí, se nota mucho. Se nota que éste es un grupo muy heterogéneo, se ve quién ha tenido más entrenamiento en el movimiento, quién más formación teórica, quién más empírica. Pero eso es un grupo padre, porque justamente lo diverso es lo que hace que aprendamos más del otro. Son chavos superentrones, entregados y que sí están dispuestos a escuchar. Sí se comunican con el otro, y eso es lo más importante en el teatro (…).

“Ayer, justo en este taller, les ponía un ejemplo acerca de los médicos. En nuestro país hay muchos estados en donde no tenemos escuelas profesionales de formación en artes escénicas; en Tamaulipas, que es de donde yo vengo, sólo hay una carrera de formación artística, que es la licenciatura en música. ¡En Guadalajara tienen tres!, eso está padrísimo. Creo que una constante, aun en los estados que no tienen, es que los teatreros estamos inmersos en un ambiente de competir: competimos por ver quién le gana el apoyo a quién, por ver quién gana el espacio y las fechas. Yo decía que entre los médicos, por ejemplo, si uno descubre cómo funciona la neurona 33 del lado derecho del cerebro, lo primero que hace es darlo a conocer, compartirlo, porque sólo compartiendo eso que yo sé, que es tan específico, y puesto en confrontación con lo que otros saben, es que podemos avanzar. Una cosa generalizada en nuestro país es esa sensación de que son pocos los apoyos y hay que peleárselos. El esfuerzo del ENTE en Guadalajara me parece muy bueno: saber que no es que nos estemos peleando, que hay que trabajar por una meta común.

“Guadalajara y Mérida son focos muy importantes de producción profesional en nuestro país porque conviven de manera simultánea muchas generaciones: actores o directores experimentados realizan procesos creativos con jóvenes que apenas empiezan, intercalando todas sus diferencias temporales, culturales, creativas, etcétera, y eso también pasa poco en el resto del país”.

 

¿Esto está vinculado a la capacidad de impulsar iniciativas desde la formación?

Por supuesto que sí. A veces no necesitamos que exista una licenciatura o una escuela como tal; Colima es un estado donde creo que tampoco hay escuela de teatro, pero el Instituto de Cultura está haciendo esfuerzos por llevar diplomados, cursos, por hacer que haya un encuentro generacional en materia de producción. Ésos también son esfuerzos para la formación porque uno, como teatrero, nunca termina de aprender.

…estamos en un mundo dividido, iracundo. La sensación en nuestro país, en nuestra frontera norte más cercana, es que el mundo está como enojado, y no está bien vivir así. Creo que sí nos toca visibilizar eso y decir: estamos enojados, pero ¿qué podemos hacer por reconstruir eso, por que ese enojo se convierta en otra cosa?”

 

Usted también ve estos temas desde la gestión. ¿Cuál es su lectura?

Que hay mucho desnivel. Sí hay estados que se preocupan; veo por ejemplo estos carteles (los cursos de verano de Cultura Jalisco) y uno dice: Gestión y políticas culturales. Qué maravilla: quiere decir que desde la formación les están enseñando que hay que ser creadores, pero también hay que saber vivir de lo que uno hace, no atenerse siempre a lo que la institución me puede dar.

 

¿Ve una relación más provechosa con las instituciones?

Sí. Los recursos son pocos y siempre serán insuficientes; si nos quedamos sólo con esa visión, nunca vamos a hacer que crezcan. Ayer, por ejemplo, me sorprendió mucho en el desmontaje (de la obra Disección, de Make Project) que la gestión del recurso material salió de dos chicos que apenas estaban egresando de la carrera.

 

¿Qué es lo que le interesa a usted como creadora?

La continuidad de los proyectos. Mi compañía tiene 12 años y eso genera complicidades creativas de otra manera: con más riesgo, con más compromiso; cuando yo trabajaba como funcionaria, en el cambio administrativo, yo salí de mi espacio de ensayo y toda mi compañía también salió; esos 12 años juntos nos hicieron que buscáramos reconstruir este espacio. Creo que es importante valorar la visión a futuro. Me interesa mucho que la gente que hace teatro entienda que el tiempo da muchas cosas, el tiempo de trabajo conjunto. De manera más personal, me interesa mucho hacer una teatralidad de convivio con el espectador. Sh-Boom es un proyecto en donde la ficción, si le podemos llamar así, se completa con la experiencia propia, personal y real del actor.

 

“Cuando uno hace teatro y logra una comunicación afectiva con el otro, a nivel sensorial y emocional, uno no sabe si ese que salió del teatro va a contagiar con eso al hijo, cuando llegue a su casa; y si el hijo va a contagiarlo al que se encuentre en la escuela, o al perro que tiene de mascota. Uno no sabe cómo va a vibrar”

 

Sus temas de trabajo parecen tener que ver también con necesidades del teatro, como impulsar la relación con el otro y la continuidad de los trabajos.

Sí, porque creo que está muy mal que todavía hay mucha gente en el mundo que considera que el teatro es un oficio inútil. No, no lo es. Es un oficio que tiene utilidad y ganancia, a lo mejor no en lo monetario, pero sí en otro nivel de construcción de ciudad, de sociedad, de espiritualidad, de relaciones.

 

Últimamente hay muchos artistas que defienden este discurso.

No sé por qué, no quiero hablar por los demás, pero es que creo que el mundo está muy mal: estamos en un mundo dividido, iracundo. La sensación en nuestro país, en nuestra frontera norte más cercana, es que el mundo está como enojado, y no está bien vivir así. Creo que sí nos toca visibilizar eso y decir: estamos enojados, pero ¿qué podemos hacer por reconstruir eso, por que ese enojo se convierta en otra cosa?

 

Además de visibilizarlo, ¿el teatro puede hacer otra cosa?

No es suficiente con visibilizarlo; hay que trabajar desde el interior de cada uno. Es como cuando uno avienta piedras en el río y sólo ve tres o cuatro ondas que se forman alrededor, pero uno no ve hasta dónde llega la expansión de la onda. Cuando uno hace teatro y logra una comunicación afectiva con el otro, a nivel sensorial y emocional, uno no sabe si ese que salió del teatro va a contagiar con eso al hijo, cuando llegue a su casa; y si el hijo va a contagiarlo al que se encuentre en la escuela, o al perro que tiene de mascota. Uno no sabe cómo va a vibrar.

 


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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