Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Posted Mayo 1, 2017 by Viridiana Quintero in Críticas
 
 

La panadería: luchar para vivir, luchar para comer


Este 30 de abril terminó la temporada de La panadería, montaje inspirado en Der Brotladen, obra de Bertolt Brecht, que presentó en la Ciudad de México la Compañía Nacional de Teatro, donde actúa el chiapaneco-tapatío Olaff Herrera.

“Andar con trabajo y avanzar hacia abajo”. La panadería es un montaje que en cada función se realiza desde cero. Los actores instalan todo (luminarias, escenografía y sus vestuarios) antes de comenzar a la vista del público. Cada actor de los 18 que participan está consciente de lo que debe hacer en escena; todo se prepara para comenzar a narrar esta versión de la historia por el director Octavio Michel.

El concepto escenográfico es realizado por Kay Pérez y Octavio Michel y funciona tanto para los actores como para el espectador, al acotar a los personajes y delimitar el espacio que se divide en: las viviendas de Los sin trabajo, Los Jazzistas (quienes tocan en vivo), la construcción, el edificio y la panadería, muestran así al público, con ayuda del tono actoral, la lucha de clases y las jerarquías que los dueños de todo ejercían sobre los actores.

La transformación actoral al instante atrae la atención del público, así como el trabajo corporal y de combate escénico, que se refleja de una manera limpia y bien ejecutada por los actores, con ayuda de Jorge León, Adrián Aguirre y Axel García; a raíz de estos enfrentamientos se desarrollan los conflictos de dos personajes: Washington Meyer (Adrián Aguirre) y la viuda Queck (Teresa Rábago).

Washington Meyer forma parte de Los sin trabajo, quienes, cada que ven una posible manera de conseguir empleo, hacen lo que sea y aceptan las condiciones del empleador a costa de su dignidad; Meyer fue un afortunado al conseguir un empleo. En esta parte, la obra se ilustra con multimedia, donde se proyectan estadísticas sobre la teoría de economía política entre industria y comercio y sobre el capitalismo.

Olaff Herrera interpreta a un Sin trabajo, un excargador de la estación de trenes llamado Adolf; es uno de los que se encargan de mostrar cómo el despojo puede generar la compasión de otros por ayudar; es el caso con la Viuda Queck, que con siete bocas que alimentar fue víctima del Señor Meininger (Miguel Cooper) y sus malas e impulsivas decisiones. Al intentar todos ayudar a la viuda, no consiguen nada más que desatar una posible llamada de auxilio a una persona que podría hacer justicia a este problema, pero al no conseguirlo se sale de control y la obra toma un giro que despierta no a uno o dos, sino a todos a unirse ante la opresión.

La obra expone premisas como “cuando dos ricos pelean el pobre se ríe”, “primero comer y luego la dignidad”, “tápate los oídos de los pobres, si no estarás también perdido” y expone la teoría de que las jerarquías sociales son parte de la selección natural. Todo el trabajo simultáneo de los actores en sus áreas junto a la adaptación musical (por Carlos Orozco) llevan a que el diálogo de la obra y las intenciones de los actores se unan y decidan creer en el apoyo mutuo para luchar por alejarse del capital, ya que están hartos de la pobreza que hay en las calles.

Al final de la obra, después del conflicto principal, afuera de La panadería Meininger los actores repetían: “La revolución no será televisada”, ni en una red social… esa revolución de la que hablan está en unirse para recuperar el derecho y la moral y que se terminen los esfuerzos por comer, para no “andar con trabajo y avanzar hacia abajo”.


Viridiana Quintero

 
Estudiante de Sociología, estudiante de talleres de actuación y colaboradora en ÁgoraGDL.


One Comment


  1.  
    Horacio

    Me encantó la forma en como expresa y abraza la esensia de la obra,muy buena nota





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