Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Posted Marzo 28, 2017 by Iván González Vega in Noticias
 
 

“El teatro es un lugar en el que podemos decir: ‘Tenemos miedo y vamos a hacer algo’”


  • El III Maratón de Teatro para Niños y Jóvenes sirvió para reflexionar sobre los temas de las obras hechas para este público, pero sobre todo para defender su pertinencia

Los temas del teatro para niños pueden ser inagotables, pero lo importante es convertir a este arte en un lugar de encuentro para los niños que incluya a sus familias y a otros adultos, coincidieron los invitados a la mesa de diálogo convocada en Guadalajara en el marco del III Maratón de Teatro para Niños y Jóvenes.

El 26 de marzo de 2017, en medio de globos, risas y mucho teatro, se llevó a cabo la tercera edición de este festival anual en el Teatro Alarife Martín Casillas, como celebración del Día Mundial de Teatro para Niños y Jóvenes. Cuatro montajes gratuitos, dedicados a niños de todas edades —desde bebés hasta adolescentes—, enmarcaron una jornada pensada como convivencia para familias.

En el medio de la agenda, cinco creadores discutieron su trabajo en el teatro para niños: la directora y actriz Susana Romo, la escritora Tessie Solinís, la actriz y productora Sofía Olmos (responsable del festival), la directora y actriz Circee Rangel e, invitado desde Quintana Roo, el dramaturgo y actor Saúl Enríquez.

La pregunta acerca de por qué se quedaron a trabajar en el teatro para niños llevó, por ejemplo, a la coincidencia en torno a que cualquier tema se puede tratar con los niños “si les presentan algo de lo que ellos viven todos los días. El teatro para niños permite tener en la escena un poco más de libertad”, planteó Sofía Olmos.

El Teatro Alarife Martín Casillas, sede del Maratón de Teatro para Niños y Jóvenes. Foto: cortesía Sofía Olmos.

“Trabajar con niños y jóvenes es sembrar esperanza”, planteó en su momento Susana Romo, del grupo A la Deriva Teatro que ha hecho obras para niños de todas las edades y quien recientemente se ha concentrado los bebés como público.

“Es poder respirar junto a ellos y decirles: ‘Si caminamos juntos, nada pasará’. Este mundo necesita del teatro para recuperar esa cercanía, que haga equilibrio y la diferencia”.

Romo subrayó que, más que hallar dificultades en esta especialidad, “pienso más en la libertad, respeto en el juego y en el amor; eso me lo han enseñado los bebés, a mirar con el alma y a crear un vínculo”, e insistió en que ese encuentro se da no sólo con los actores en el escenario, sino también con otras personas, como sus propios papás: “Que ellos dejen de pensar que traen a sus hijos al teatro y que ahora digan que vienen con sus hijos al teatro’’.

Participante del grupo La Valentina Teatro, responsable del longevo montaje sobre abuso sexual infantil Valentina y la sombra del diablo, Circee Rangel añadió que el teatro “es un lugar en el que podemos decir: ‘Tenemos miedo y vamos a hacer algo’. Podemos hablar con las mismas palabras, en el mismo espectáculo, en diferentes líneas, ya sea padre o hijo al mismo tiempo”.

Y en ese sentido, ¿qué temas se pueden o se deben abordar? Ninguno de los creadores se concentró en hacer un listado, sino en subrayar que a ellos les gustaría tocar tales temas de una manera divertida, “qué valores queremos hablar y también se vale experimentar”.

“Hablar de valores no está en el discurso sino en el dispositivo”, planteó Susana Romo, quien subrayó el ejemplo del teatro para bebés: “No hay palabras, depende más de las canciones o juegos que este dispositivo busca integrar”.

 

Saúl Enríquez y un teatro sobre familias que dialogan

Especializado hace algunos años en teatro para públicos jóvenes, el veracruzano Saúl Enríquez trabaja en Quintana Roo mientras, en ciudades del país como Guadalajara, se presentan obras suyas como Salto de canario o Esprín Bréiquer. En su visita a esta ciudad habló de esta especialidad.

 

—¿Cómo lograr que exista este vínculo de padres e hijos en tus obras?

—No va a ser fácil, pero, si ya les gustó ir a ver este tipo de teatro, van a ir. Cuando hay verdad en las palabras, la información trasciende; entonces se da el vínculo. Si a los jóvenes verdaderamente les gustó, los papás no van a ser ajenos a esto. De pronto, como padres, deseamos que nuestros hijos tengan pasión por algo; lo otro sería que, si no quieren ir con ellos, pues que vayan ellos solos al teatro y poco a poco se irán contagiando.

 

—¿Por qué no hablas de temas de violencia u otros temas de actualidad en tu tipo de teatro?

—Porque es hacer una apología a la violencia: ¿cuántas personas del crimen organizado conoces? Creo que cuando se habla de este tipo de cosas es hablar de algo que sí existe, que es terrible, pero creo que los problemas son otros: no te conviertas en sicario, sino comunícate con tus papás, genera empatía con el otro, algo más tangible para ellos.

 

—¿Cómo empezaste a trabajar con niños?

—Fue uno de mis primeros trabajos; tomo con cariño esta etapa porque hasta la fecha tengo contacto con la mayoría de ellos. Con adolescentes no fue así: ellos fueron quienes me pidieron que escribiera algo.

 

—¿Qué es lo que hace difícil trabajar para niños?

—Toda infancia es terrible; yo creo que nuestros niños y jóvenes nunca habían estado tan arropados, tan conscientes de sus derechos ni del mundo; hay una suerte protectora de lo que están viviendo los niños, queremos protegerlos de lo que es inevitable, que es el caos de la vida. Nos quejamos mucho de los millennials, pero quién los enseñó a eso: la mirada debe de estar del lado de los adultos. Yo procuro hacer teatro para la familia: en las obras que escribo, trato de que se vean las familias dialogando; yo construyo mi dramaturgia exponiéndola a mi esposa, a mis alumnos, y ellos me dicen: eso no sucede así, eso no lo haría yo.


Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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