Periodismo y teatro en Guadalajara

 


 
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Posted julio 18, 2015 by Isabelana Noguez in Cartelera
 
 

“En la tragedia está el germen de la belleza”: entrevista con Alicia Yapur

¿Qué diría William Shakespeare si viviera hoy?

Icónico por la exquisitez de sus palabras, por la melancolía en su ejecución, por ser tan complejo e íntimo con cada personaje, Shakespeare representa un reto actoral y de montaje.

El telón se abre para recibir Hamlet desde la visión de Alicia Yapur, directora y académica del Centro de Educación Artística (Cedart) José Clemente Orozco, actriz y directora teatral y fundadora de la compañía de teatro Aquelarre.

Sentada detrás de su escritorio, mientras fumaba un cigarrillo,  Alicia habló sobre Hamlet y el trabajo y la exigencia que le dedicó a este montaje de un año y siete meses de planeación.

La Ophelia de John Everett Millais (1851-1852).

La Ophelia de John Everett Millais (1851-1852).

Tengo entendido que tienes algo de tiempo sin dirigir teatro. ¿Por qué decidiste volver con una obra tan compleja como Hamlet?

Yo estudié a Shakespeare muchos años atrás. El impulso mayor fue el estudio y la comprobación, como académica y como directora, de un reto mayor como lo es una obra de Shakespeare. Porque él es escritor altamente académico, que demanda conocimientos filosóficos, metodológicos… eran muchos los retos. Una obra de tres o cuatro horas de duración, yo la tengo en una hora cuarenta y siete. Lograr contar desde la adaptación, del trabajo que realicé, era un reto supremo para mí porque es una obra suprema y, en ese sentido, quise entregarme en ese proceso para poder comunicarlo sin ocurrencias, sin sensiblerías, sino con toda la cabeza, el corazón y el compromiso de saber que te iba a llevar muchas horas de trabajo.

Exijo mucho. Me meto mucho en todas las áreas. Para mí, contar a través del teatro una historia de esta magnitud va desde cómo es la propuesta, cómo es el color de la escenografía, del porqué esa escenografía, por qué pongo una vía, qué significa semióticamente, para lograr una lectura al espectador que no fuera una ocurrencia. Porque en el arte no hay ocurrencia y, en una obra como Shakespeare, te da una bofetada y te expulsa para siempre. Y, para mí, es un padre, y para tantos es un padre, Wiliam Shakespeare.

Comencé a dedicarme a Hamlet desde el 9 de enero de 2014.

 

¿Qué es lo más difícil de realizar en un montaje de una obra de Shakespeare?

Tiene que ser una persona que conozca la literatura y el contexto histórico en el que Shakespeare se encontraba. Si no conoces eso, es mejor no entrar con Shakespeare, porque podría ser una dificultad.

Son obras cuya literatura y su estructura las hacen obras maestras. Su poesía, su filosofía, su etnología… es todo. Tratar de ostentarte más allá de la obra maestra es verdaderamente absurdo. Es fusionarte con la obra. Que los elementos que estás utilizando sean los elementos que le van a comunicar al público y que a la vez le dan belleza al espacio, belleza a la imagen.

En resumen, es tener que saber hacerlo con pocos elementos… los elementos que te da el teatro. Es trabajar con los actores fuertísimo, es tener muy claro el género en el que te encuentras, el estilo en el que te encuentras, y tener todo el compromiso y las horas que sean necesarias.

 

“…quise entregarme en ese proceso para poder comunicarlo sin ocurrencias, sin sensiblerías, sino con toda la cabeza, el corazón y el compromiso de saber que te iba a llevar muchas horas de trabajo…”

 

¿Cómo fue la adaptación del guión original? ¿Qué criterios utilizaste?

El criterio que utilicé fue contar la historia completa. Fusioné los personajes, en uno solo, que decían lo mismo, como lo son los amigos Rosencrantz y Guildenstern. Uno solo dice lo que decían los dos. Para no perder la esencia que representa la amistad que traiciona. Quito toda la escena de los guardias, que es casi todo el primer acto, pero no quito a Horacio, quien es fundamental. Quise ser fiel con la historia de Shakespeare respetando su esencia. Traté de ser cuidadosa con lo barroco sin quitar la poesía de Shakespeare, lo cual es imposible.

 

¿Qué símbolos utilizas para darle claridad a la obra, para alguien que conoce Hamlet?

La semiótica es algo que me fascina. Es fundamental para abordar los símbolos a través de imágenes. Por ejemplo, en la muerte de Ofelia, utilizo el vestido rojo de ella y una muñeca. Y a Polonio, su padre, quien también es el enterrador. Y es lo que la gente interpreta. Ofelia está muerta y le está entregando algo de ella al enterrador. Y juego con eso.

También utilizo las vías del tren que son los caminos y el destino. Porque los caminos que se bifurcan. Representa un camino a un viaje… un viaje a la muerte, puede ser. Porque la muerte es un viaje, dice Shakespeare. También es un camino para encontrarte a ti mismo. De ser o no ser. No había trenes en la época de Shakespeare.

El sonido del tren representa la maquinaria; incluso Hamlet le escribe a Ofelia: “Mientras esta maquinaria sea suya”. Hamlet es una máquina, por eso al final se mete a las vías del tren. Es una muerte moral del personaje.

Todos los humanos somos una máquina que según como el cerebro lo ordene, o el destino, se puede descomponer. Lo que nos rodea determina qué somos. A Hamlet lo determinan el incesto, la traición, la pérdida de fe. Es tremendo.

 

 

 

Cualquier actor de teatro, cualquier director, ¿pueden hacer un Shakespeare?

Por supuesto que no. De ninguna manera. Es un autor que necesita de mucho estudio, de mucha experiencia y de mucho oficio en la dirección. De trabajar, de ser, de conocer. Tienes que ser, además, un gran conocedor de la actuación, y del género y del estilo y de la filosofía y del contexto histórico. Se requiere de muchos elementos para montar a William Shakespeare. Se requiere tener una edad.

Después de tantos años de saborearlo, de haberlo disfrutado, haciendo mis bocetos… Hamlet lo trabajé en bocetos hace quince años.

 

¿Cuál fue la mayor dificultad que enfrentaste en este montaje?

Ciertos aspectos a los que no me he enfrentado a nivel vivencial, enfrentarlos para que me surja el impulso a nivel pasional. En tratar de proponer una obra de un genio como Shakespeare, con una literatura tan alta; entonces es un genio que te acota, que te lleva, y que le saca a los actores los vacíos y los límites; los vicios, la falta de… es grandioso. Eso me obligó a enfrentar un reto supremo en homenaje a quien fue mi maestro, además que fue mi padre. Fue representar la vivencia, no sólo de la muerte de mi padre, sino de construir. Construir el palacio que representa las fibras internas de Hamlet para poderlo comunicar. Me llevó por caminos de mucho análisis, de mucha reflexión. De buscar, de encontrar la manera simbólica; los espacios, y que fuesen elementales para intentar que tuviesen esa historia maravillosa de William Shakespeare. Trabajar con los actores, aaaah. Fue un trabajo muy desgastante.

 

Portada de la edición de 1676 disponible en Wikimedia Commons.

Portada de la edición de 1676 disponible en Wikimedia Commons.

¿Cómo fue la selección de actores? ¿Ya los tenías pensados?

Todo estaba completamente pensado a partir del 9 de enero. Había decidido ya los actores y fue muy grato que, en el primer llamado, todos llegaron. Fue muy bello, muy grato el proceso. Un gran aprendizaje.

Convoco a los actores en agosto y entonces empezamos a trabajar. En agosto hablé con José Jaime Argote, el que interpreta a Hamlet, quien me dijo que estaba dispuesto a trabajar conmigo el tiempo que fuese necesario en el proyecto. A nivel actoral, trabajé mucho con él. Es un joven que viene muy preparado pero que había que trabajar porque lleva a Hamlet encima. Trabajamos muchísimo.

 

¿Qué esperas del público que conoce, y que no, la obra?

Yo quiero decir eso. Que podemos ver la belleza de todo lo que somos a través de esta maquinaria teatral. Y esta obra, al deconstruir, construye. Al destruir, Hamlet construye. Porque construye la reflexión en el espectador. Hamlet habla como un filósofo y nos lleva a una reflexión profunda de lo que somos… y de nuestros miedos.

 

Se ha mencionado que Hamlet continúa actual y cercano. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Hamlet es contemporáneo. Te comunica a ti, me comunica a mí. A muchos grupos sociales. Es la humanidad. Nuestra naturaleza per se no ha cambiado. Es también una reflexión de lo que somos como sociedad ante algo que convulsiona. ¿Qué hago ante esa convulsión? Y en el caso de Hamlet su convulsión es totalmente destructiva. Cómo esa convulsión lo arroja por laberintos mentales, emocionales y de acciones viscerales, en la que dices, ¡híjole!, podemos ser víctima de eso. Pero Shakespeare te está llevando a que no seas víctima, sino a que construyas, a través de las palabras de Hamlet. Lo dejaron escrito para que estemos mejorando como ser humano a través de grandes obras. Te lleva a esa reflexión de preguntarte: ¿qué somos como sociedad? Hay que ponernos a que la gente los lea, o los vea. A que vayan al teatro. Hay que quedarnos reflexionando sobre la máquina.

Hamlet y Horacio en el cementerio, ante el sepulturero y la calavera de Yorick. Cuadro de Eugène Delacroix (1839). Tomado de Wikimedia Commons.

Hamlet y Horacio en el cementerio, ante el sepulturero y la calavera de Yorick. Cuadro de Eugène Delacroix (1839). Tomado de Wikimedia Commons.


Isabelana Noguez

 


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