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Posted Noviembre 11, 2014 by Iván González Vega in Revista
 
 

Mae, joven entre profesionales

Mae en Hazme un hijo
Mae en Hazme un hijo

Tiene sólo 27 años de edad y se convirtió en la mejor actriz de la Muestra Estatal de Teatro 2014, aunque ella esperaba que ganara cualquiera otra de las artistas “de peso” que vio durante las funciones


Mae salió de dar función y fue a la clausura de la Muestra Estatal de Teatro para ver por segunda vez Beisbol. Ya sólo la preocupaba el ride de regreso a su casa pero, como la Muestra había estado llena de actrices con experiencia y con peso, le dio curiosidad a quién se refería el jurado cuando describió a la actriz a la que premiaría, “que destaca por la sencillez, la eficacia y la conmovedora sinceridad que construye para el personaje”. No oyó el nombre, hasta que la persona que tenía por un lado la jaló del brazo: “Mae”, le dijeron, “eres tú”.

Maetzin Yaneí tiene 27 años y ahora sabe que, en medio de todas las artistas experimentadas que vio, ella no pasa inadvertida: ganó el premio a mejor actriz de 2014 por su trabajo en Niño de octubre, en donde interpreta a un niño con cáncer. Tiene 18 años en los escenarios, protagoniza el duradero montaje Hazme un hijo y la conocen en la ciudad porque se gana la vida actuando o como asistente de dirección. Pero la sorprendió el reconocimiento porque hace apenas cuatro que salió de la carrera en la UdeG.

¿Qué hace profesional a una actriz? Nacida en el Distrito Federal pero tapatía desde los dos años, fan del futbol americano y ex velocista en la Prepa Univa, Mae accede a hablar del tema como alguien que empezó en el teatro como si fuera un juego y, un día, se descubrió premiada por un jurado de dos reconocidos dramaturgos y una de las promotoras más activas del país. “Te vuelves profesional cuando te topas con la realidad fuera de la escuela”, opina ahora: “Pedir espacios, luchar contra taquilla, mantener un proyecto por varias temporadas, buscar que haya público porque mi sueldo depende de eso”.

“Yo sí creo”, presume, sin embargo. “Tengo ese sueño, guajiro a lo mejor, de que el teatro puede cambiar al mundo”.

Niño de octubre.

En Niño de octubre, Maetzin interpreta a uno de los niños enfermos con cáncer. El papel le valió el premio a mejor actriz de la Muestra Estatal de Teatro Jalisco 2014. Foto: A la deriva Teatro.

—¿Cómo ves el nivel profesional de otros actores en la ciudad?
—Hay sectores que se están esforzando; otros lo siguen demeritando. Creo que se banaliza mucho el hacer teatral en Jalisco: hay muchas actrices muy buenas, pero también hay mucha gente que hace bulla sin generar proyectos. Las juntas que ha hecho la gente del Teatro Diana para ver qué hacemos con el público, y que nos cita en un café, son en una mesa de 13 personas. ¿Y los demás? Vamos hacia un teatro más profesional, pero estamos en el confort de lo profesional: “Ay, es que yo he ido a muestras nacionales…”. Es que allí te puedes quedar toda la vida. La meta es ir a mil muestras nacionales, porque mi chamba sea tan buena que el resto de la República la tenga que ver. Yo quiero viajar con el teatro; me encanta conocer otros teatros, ver otras propuestas. Somos profesionales, pero tenemos que crecer a otros niveles; estamos en una zona de confort por todo lo que ha pasado, por la falta de apoyos, porque el público bajó muchísimo este año. Decimos: “Ay, pero estamos en una compañía chida, y las compañías que hay están unidas”. Pues sí, pero todavía podemos lograr otras cosas. Que se cierre La Casa Suspendida es una decisión de Sara (Isabel Quintero), pero también creo que es un abandono de otras compañías. Ya hay unión, pero sigue habiendo esa competencia.

—Una competencia por un mercado que además es muy pequeño.
—Pues sí, es pelearse a los pocos públicos que hay. Puede haber para todos y el público decidirá cuál le gusta. ¿Quién te puede decir quién es bueno, quién es malo? El día de la premiación se me acercó gente para decirme: “Pues… sí me gustó tu personajito…”. Entiendo que haya gente a la que no le gusta lo que hago: “Es que Mae no tiene que actuar porque ya se ve muy chiquita. ¿Qué personaje ha hecho? Puros niños y adolescentes”. Y es algo por lo que yo lloraba y luchaba: tengo cuerpo y cara de niña. Le decía a Mauricio Cedeño (su director en teatro infantil): “Es que en toda la carrera nada más me dan papeles de niña”, y me dijo: “¿Y? Tienes una ventaja. Sácale provecho a tu imagen”. Pues sí, hago puros papeles de niña porque doy el gatazo, pero te hago personajes bien chingones. Ahí está el detalle. He aprendido a valorarme, que en esta carrera es bien difícil, porque la gente intenta desvalorizarte mucho. Soy muy buena y muy disciplinada. Para mí, eso es ser profesional. Es aprender a estar en un mundo donde hay gente buena y gente mala y, aun así, seguir firme, sin que te quiten de tu objetivo. No voy a hacer una obra que no vaya con mi forma de pensar nada más porque me van a pagar.

Hazme un hijo, de A la deriva Teatro.

Maetzin aparece al centro, entre sus compañeros Alejandro Rodríguez y Viridiana Gómez. Foto: A la deriva Teatro.

—¿Qué más quieres hacer en teatro?
—Tengo muchas ganas de hacer un monólogo, de enfrentarme en el escenario sola; quiero hablar de muchas cosas, me laten muchos temas. Ahorita tengo uno muy en mente; hay un documental que vi que se llama Half the sky, se llama así porque dice que las mujeres sostienen la mitad del cielo, y son muchas artistas que van con problemáticas feministas; uno que me impactó fue la circuncisión femenina: aunque no esté pasando aquí, se tiene que decir. Yo creo que el teatro sí debe ser un: ¡Hey, está pasando esto! Y no tiene que ser biodrama, ni un sufrir todos, pero checa: en tu mismo mundo están pasando estas cosas. Ese tema y otro que me llamó mucho la atención, acerca de hijas de las prostitutas en India, que no pueden acceder a otra cosa que en la vida que a ser prostitutas; es como prostitución hereditaria; entonces, si ya naciste siendo hija de prostituta, no puedes estudiar para hacer otra cosa. Me lo llevo con calma, estoy estudiando; me gustaría hacer algo sobre el tema. Este año no he hecho mucha actuación, he sido más asistente de dirección, y extraño estar en el escenario con algo nuevo, y que le hable a los adolescentes: me encantó esa conexión con los adolescentes.

—Es algo muy característico de A la deriva: trabajas no sólo interpretando adolescentes, sino con textos para adolescentes.
—Eso es algo que me gustó mucho de A la deriva. Cuando son obras para niños, Susa (Susana Romo, directora y actriz) sí busca que sea gente que quiera hacer obras para niños, que no sea para ellos un trabajo más; está muy emocionada buscando algo para bebés, como una que fuimos a ver al DF. Está esa inquietud de saber hacia quiénes quieres dirigirte. Para mí los adolescentes son muy importantes, no sólo por la conexión que logramos, que me escribían cartas de amor y todo; sí creo que, si a mí me hubiera tocado ver algo así en mi adolescencia, lo habría agradecido mucho.

—¿No estás muy llena de fe?
—Sí. He intentado enfocarme mucho hacia lo positivo. Si me pongo a pensar en todo lo que no te deja trabajar, soy de ésas que se deprimen y se quedan en la casa. El peor regaño que me han dado en la vida, me lo dio Fausto (Ramírez, su director en Hazme un hijo), y me hizo trizas. Estábamos como a tres semanas de estrenar Hazme un hijo y un día me citó y me dijo: “No me funcionas y, si tuviera más tiempo, vería si puedo conseguir a alguien”. Me sentí horrible, me tiré al drama, dije: “Voy a renunciar a Hazme un hijo”. Yo no le digo que sí a todo a Fausto. Me decía: “Es que eres muy positiva; todo te ha salido bien; nada te ha costado trabajo; tus papás te han ayudado mucho; yo creo en esos actores que nadan contracorriente, porque son los que valoran más su trabajo, y a ti todo te ha salido fácil; no veo que haya esfuerzo de tu parte por lograr lo que quiero”. Pues sí, todo me ha salido fácil. Primero lo agarré por ese lado: ¿por qué me echa la culpa de que mis papás me apoyan? ¡Pues qué bueno! “Enójate, saca a la otra Mae”. Me dejó llorando. Ese día iba a renunciar. Pero el teatro es así: es de decisiones en el momento.

—¿Qué te haría renunciar al teatro?
—Tan así estoy, que te podría decir que nada. Quizá, en un gran futuro, si no fuera sólo yo, sino que tuviera que mantener a alguien y el teatro no me diera para eso. Creo que sí se puede vivir del teatro; a lo mejor muy apretadamente, pero, si te organizas, sí puedes. Y yo soy muy organizada. Ahorraría para esos meses, enero, diciembre, cuando no hay temporada.

 

“Sí creo, sí tengo ese sueño, a lo mejor guajiro, de que el teatro puede cambiar al mundo; creo que el arte mueve y, si se hace con corazón y con pasión, libra los obstáculos, llegas hasta donde querías llegar, a lo mejor no como querías; con que toques a una persona, ya”.

 

Una versión reducida de esta pieza se publicó en el periódico El Informador.


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Iván González Vega

 
Periodista en Guadalajara, México. Estudiante de actuación. Profesor de ciencias de la comunicación y periodismo.


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